lunes, 17 de abril de 2017

PÁNICO EN LA MADRUGADA

¿Qué pasó en Sevilla la Madrugada del Viernes Santo?

Todo es sosiego y penumbra, la virgen de la Concepción, está entrando en la Plaza del Salvador, el incienso y el olor a azahar de las jarras de plata lo inundan todo. Como un ascua reluciente, con la candelería derretida y refulgente de plata. el palio bizantino avanza serenamente, sin música, con el silencio absoluto que da nombre a la Hermandad.

Súbitamente un zumbido creciente, se acerca, como un temblor, una sacudida, una oleada de no se sabe qué, se avecina, como una descarga, como una ola. Es cuestión de segundos, ese ruido sordo que crece, de pronto te arrastra, sin saber de donde, ni porqué, ni de que se trata, todo el mundo es alcanzado por la onda del pánico, es lo único cierto, está en juego la vida, se está en peligro de muerte. Esto no da tiempo de razonarlo, instintivamente se huye. Es un miedo cerval el que se apodera del  público, como en los documentales se ve huir a las gacelas del león al que no ven pero presienten. Nosotros todos presentimos el peligro. Junto a mi mujer trato de proteger a mis dos hijos pequeños, parapetándolos con nuestros cuerpos, agarro fuertemente a Manolito para que no se vaya, miro hacía el paso, se ha quedado parado en medio de la plaza ahora vacía, espero la explosión, la sangre, la muerte, pero nada ocurre. Inmediatamente proceso la situación y salgo a mitad de la plaza a gritar ¡No pasa nada, no pasa nada! y trato de calmar a la gente, otros se unen y poco a poco se va recuperando la normalidad, se recompone la procesión.

Es tremendo sentir que se acaba de salvar la vida, no se sabe de qué. La sensación de haberse librado de un peligro inminente cuando uno estaba tranquilamente viendo pasar una cofradía es atroz. Todos con el cuerpo cortado, sobre todo los niños, algunos lloraban, otro vomitó. Espantoso.

Se repitió dos veces más, viendo el Gran Poder en la calle Castelar. Decidimos dejar a los niños en casa, tranquilizándolos como podíamos.

Los mayores seguimos viendo las procesiones, era casi un deber moral, a pesar de los sustos, con la mayor normalidad posible.
El pueblo de Sevilla dio un ejemplo de serenidad y saber estar a pesar de todo. La madrugada continuó y volvió a ser espléndida.

No pudieron con nosotros.

miércoles, 12 de abril de 2017

ESTACIÓN DE PENITENCIA


Otro año más, gracias a Dios, nos revestimos todos con las túnicas de ruan negro. Santi con el roquete de encaje de monaguillo, Manolo de acompañante de preste, aún no tienen la edad, estos dos, para salir de nazareno.
En Semana Santa vemos gráficamente como se pasa la vida, porque antes fuimos mis hermanos y yo los que acompañamos a mi padre y ahora son nuestros hijos a los que llevamos de la mano. A Ignacio y a Reyes no, claro. La mano de Ignacio es más grande que la mía.
En la cripta a los pies del altar de la capilla están depositadas las cenizas de mi padre. Ahora cuando acudimos cada Lunes Santo, la emoción se hace más fuerte, el vínculo más estrecho.
Antes de salir, tras la misa, se canta la Salve ante el paso de la Virgen de las Tristezas. Desde mi posición no veo la imagen, sólo las caras descubiertas de los nazarenos, que dirigen a ella sus miradas.
Una chica joven no puede terminar el canto, la tengo en frente, de perfil, no sabe que la veo, y ha ido cambiando el rictus poco a poco hasta que rompe a llorar silenciosamente y apoya el rostro sobre el capirote que lleva en sus manos, para que nadie lo note. Sabe que su padre, ahora en el hospital, no volverá a esta capilla el año que viene, no volverá a vestir la túnica de la hermandad a la que ha dedicado sus desvelos toda su vida.
Se entenebrece la iglesia y a la luz de los hachones van saliendo los tramos de penitentes a la tarde malva.
En el silencio tenue se escuchan sólo el entrechocar de las cruces que nos van entregando para salir, como se escucharían, horribles, los golpes secos de los clavos en el Calvario.
Son cinco horas de absoluto silencio, mirando al frente, sin cambiar de postura. Abrazo a la cruz, oculto bajo el antifaz. Da tiempo de rezar, un rosario, otro, otro. Este por esto o por lo otro y vas encomendando a vivos y muertos, sabiendo que el muerto que va detrás colgado de la cruz nos salvó a todos.
Este sacrificio, esta penitencia, este aburrimiento, este dolor de espalda o de hombros al cabo de las horas, es tremendamente absurdo, es un puro escándalo en el mundo de hoy. Esta caminata sin sentido de cientos de figuras silenciosas, oscuras y afiladas, redime, sin embargo a la Semana Santa de Sevilla.
En unos de los parones, los guardias dan paso a la gente que espera para poder cruzar la cofradía, los veo pasar en masa, apresurados, antes de que corten de nuevo y reanudemos la marcha.
Esa masa confusa, es variopinta, de toda edad y condición. No es nada atractivo ver toda esa gente informe. Me doy cuenta de que mi mirada es cómo la de un entomólogo, fría y crítica. Lo más alejado de una mirada cristiana que se pueda imaginar y  a la que me veo abocado, máxime en este lugar y con esta túnica.
Hago el esfuerzo y pienso que cada uno de ellos soy yo, no “como yo”, sino que “soy yo”, y los rostros adquieren forma, las figuras nitidez. Cada uno de ellos, tan alejados, muchos, de mi estética,  mi educación, mi sensibilidad, soy yo, y el Cristo que me sigue los pasos, los conoce a todos y ha muerto por todos. Esto tan sencillo, esta obviedad cristiana que nos enseñan desde antes de la primera comunión, debo aplicármelo más a menudo, para sentirme prójimo del prójimo. A ver si se saca algún provecho de esta larga penitencia.
La luna, como uno de los treinta denarios, nos acompaña siempre, lo mismo aparece tras la espadaña y el ciprés como por encima del semáforo que parpadea.
Al llegar de nuevo a la capilla, aun con el rostro cubierto por el antifaz, todo umbroso, veo entrar los pasos, me apresuro a sacar a Santiaguito de la turbamulta de pequeños monaguillos. -Soy papá - le digo en voz baja para que me distinga, y mientras entra el palio, lo cojo en brazos. Viene cansado, con el canastillo vacío de caramelos, y la botellita sin agua. Descansa la cabeza sobre mi hombro y le beso a través del ruan negro.
Bendición solemne. Entre los capirotes altos, atisbo el Santísimo. Tantum ergo, se escucha. La campanita multiplica su ráfaga argentina en el silencio fúnebre.
Ha terminado la estación de penitencia.
¡Hermanos pueden descubrirse!

Hasta el año que viene si Dios  quiere.

viernes, 7 de abril de 2017

Magistral Gregorio Luri en Sevilla.

Asistí a una conferencia de Gregorio Luri en la facultad de derecho hace unos días.
Me entusiasmó. GL no es políticamente correcto, va contra las modas y abomina de la neopedagogía experimental que viene destruyendo la enseñanza. No hubo diapositivas, powert point, ni nuevas tecnologías. La palabra lisa y llanamente.
Destacó la necesidad de la lectura y la veneración por la figura del maestro. Él mismo agradeció que sus maestros de infancia y adolescencia no fueran "buenos" con él y no le permitieran ir "pasando" de curso, como hoy ocurre "compadeciéndose" de sus orígenes humildes. Si ello hubiese sido así, él no hubiese llegado a superarse y acceder a la vida universitaria.
Considera que esta educación actual, blanda y delicuescente, perjudica, como siempre, a los más humildes y provoca una desigualdad de clases que antes no existía.
Si la escuela no lima las diferencias ¿Para qué sirve? se preguntaba.
Destacó la figura de Balmes, al que yo conocía por el tío de mi amigo Armando Pego,  en sus memorias güelfas, y del que dijo que otro gallo cantaría si hubiese sido enviado a Alemania en su momento para traer las novedades de entonces, en lugar de aquellos que fueron... Le pregunté en el coloquio qué a quien se refería y contestó sin ambages que a la Institución Libre de Enseñanza, que puso sus miras en el "gran y magnífico" filósofo... ¡Krause! relegando a las grandes figuras como Hegel, Fichte...

Estuvo una hora hablando y no tuvo desperdicio,
Me quedé con mensajes como:
el que más vocabulario tiene más rápido aprende,
no hay diferencia entre pensamiento y lenguaje
el maestro es un enviado de los poetas, los artistas, los científicos...

elogió la familia sensatamente imperfecta frente a esa paranoica búsqueda de la perfección que nos atosiga a nosotros y a nuestros hijos de rebote.

Vivimos del modo en que leemos
Pensar es agradecer y también lo es leer, por tanto una forma de oración.
Hoy es clave el criterio para identificar lo relevante en un mundo con un exceso de información
Mi experiencia es aquello a lo que decido atender. La atención es la clave. Pensar es fácil, pero pensar bien, no. Nos gusta dispersarnos, no concentrarnos, de ahí que los Hotentotes llamen al pensamiento el azote de la vida. Focalizar la atención es posible y necesario y existen dos instrumentos básicos para ello: la clase magistral y la lectura lenta.
Se necesita conocimiento y atención frente a la dispersión.
En occidente no hay libros sagrados, sólo el diálogo ha sido sagrado, el dialogo que es un espejo para conocerse uno mismo.
Y por último concluyó con este pensamiento que daba título a la conferencia, tenemos el deber moral de ser inteligentes porque tenemos la libertad para degradarnos.

martes, 4 de abril de 2017

¿Quién sino Dios pudo...?

JUAN SIERRA es un gran poeta, un poeta mayor, sevillano, casi desconocido, más conocido por ser el padre del famoso, para los cuarentones, futbolista Quino, si leen este poema se dará cuenta.

CREO SEÑOR; FORTALECED MI FE
(A Rafael Alberti)

¿Quién sino Dios pudo hacer este agua con que
me lavo la cara?
Esta frescura que baña mi despertar como
una buena noticia
Este cántico de claridad sobre mi piel
Este unánime estremecimiento de bienestar en mi
rostro y mis arterias
Este líquido inmaculado que tonifica mi empresa diaria
con un trino de humildad y gracia
Este limpio manjar de mis poros y mi "buenos días"
Esta risa maravillosa entre el resplandor de las
persianas
Este descanso como un pétalo de mar en el recuerdo
de mi sueño
Este chorro de alegría y de pureza que sale del grifo
de metal
Sólo Dios pudo haberlo creado.



Juan Sierra
"Álamo y cedro" (1982)

viernes, 31 de marzo de 2017

La modernidad

Las cosas que se han hecho en esta Sevilla nuestra han sido tremendas. Ayer leía un artículo de Trapiello donde se lamentaba de que quieran quitar los chinos seculares de una plaza de León y poner una torta de cemento, que estará muy bien para que los patinadores con gorras americanas puestas al revés y los grafiteros de camisetas negras con calaveras ocupen el lugar, Dios no lo permita, y aludía a la barrabasada que hicieron con nuestra Alameda Sevillana, posiblemente el jardín publico más antiguo de Europa, siglo XVI, donde el albero y la vegetación fueron  sustituidas por unas losetillas sucias y horteras, de modo que ha perdido todo su carácter y se ha convertido en una ordinariez supina.
Ayer visité el palacio, o lo que queda de él, de los Ponce de León. Está oculto por un mamotreto de viviendas horribles, que sustituyeron a la fachada y patios antiguos.
Este palacio, como Dueñas o Pilatos, acogió desde la Edad Media, a una de las grandes familias aristocráticas españolas y acumulaba tesoros magníficos. Pues bien, en el año 1974 ¡la modernidad! se vendió a una inmobiliaria que obtuvo todos los permisos, pásmense, para dejarlo como la palma de la mano y construir encima cutre-viviendas arrabaleras.
Cuando ya habían devastado la mitad se pudo detener la tropelía y se salvaron los patios y escaleras principales.
El sevillano de a pie, cuando pasa por allí, no puede ni imaginar que dentro del edificio espantoso se hallan esas maravillas, que fueron restaurados por Emasesa, la empresa de aguas, y conserva con loable esmero.

Dejo aquí algunas fotos de lo que queda, al mirarlo nos llevamos las manos a la cabeza. Como este gran edificio y por la misma época se tiraron unos pocos. Eso sí, pusieron grandes almacenes con escaleras mecánicas, ¡la modernidad!


El edificio amarillo sustituye la fachada del antiguo palacio
Cúpula de la escalera de tipo imperial salvada de la piqueta in extremis
Patio con columnas genovesas de enormes dimensiones. Salvado a medias. Las losetas son infumables.

antiguo "cortile" renacentista, muy desvirtuado pero en pie.

Maravilloso patio ajardinado, al estilo de los del Museo de BBAA o los Venerables. Donde se hallan  la fuente y árboles, estaba la pista de baloncesto del antiguo colegio Escolapio.

sábado, 25 de marzo de 2017

Sábado de cuaresma en Sevilla: estrenando balcones.

Hoy ha sido un día entreverado de nubes y sol, de lluvia y viento. A veces tras los chaparrones el cielo surgía de un azul tan limpio como una gema pulida. Daban ganas de gritar a los que pasaban por la calle -pero fijaos, fijaos qué maravilla. Y sí, todo el mundo sentía ese derroche de cielo que insuflaba sensación de estreno tras la tormenta.
Estos días Sevilla amanece distinta y diligente.
Pongo esta foto que saqué esta mañana en el desayuno. Así suele aparecer ahora cualquier casa de la ciudad como este rincón de la mía. Reyes ha subido a los altillos una de estas tardes y ha bajado con todos los avíos necesarios para pasar este mes y medio en que la ciudad se explaya.
Las flores son del sábado pasado, 17 años de casados, y al fondo se ven los capirotes de toda la familia, el esparto de nazareno, las bolsas con las túnicas, serías y fúnebres de ruan negro unas o las blancas y aladas de la Borriquita, y sobre la mesa los trajes de gitana de la feria, porque al final todo acaba bien.
Ahora toca tute bueno de plancha, pero con qué ilusión se hace. Como toda la vida lo han hecho las madres sevillanas. Hay un sentimiento intimo en el hecho de planchar la túnica de nazareno de un marido o de un hijo, que muchos además usarán de mortaja.

Y después salí con Pilar a ver la Virgen del Valle que estaba en besamanos. A lo lejos vemos el altar esplendido de plata antigua, cera y rosas, que montan en la hermandad como hace cuatro siglos. En primer plano, algo, que al sevillano le hace saltar de gozo, la figura de un paso a medio montar, anuncio del deleite que esperamos.  Aquí el hermoso palio del Valle, el más antiguo de Sevilla, de principios del XVIII, que perteneció a una hermandad señera que, memento mori, ya no existe, ni nadie recuerda, la de la Antigua y Siete Dolores.



Y ahora, cuando escribo, estoy especialmente contento, porque estreno balcón. Y me explico.
Cuando vinimos a esta casa, a pesar de que era uno de mis mayores deseos, no podíamos usar casi, los balcones, por el peligro de que los niños tiraran algo y se tirarán ellos detrás, y así nos acostúmbranos a tenerlos cerrados y vacíos. Hoy me he percatado de que Pilar tiene ya ocho años y he colocado una mesa y una silla pequeñas de Ikea, que me van a permitir ahora disfrutarlo, también he bajado un rosal trepador, y con el portátil, mi música, ahora Bach, y el olor de los naranjos de la plaza que están pletóricos, me siento el más feliz de los mortales.
¿Qué donde están los niños? Ah, ni idea, pero todavía no han aparecido por mi balcón nuevo.

sábado, 11 de marzo de 2017

RUNNING


Estaba ayer  la tarde que invitaba a salir. Aproveché para ir a correr.

Me puse mis auriculares y mis zapatos de deportes nuevos (sólo tienen un año y me costaron la friolera de 15 euros en Decathlon) los Adidas heredados tuve que desecharlos pues decían que tan gastados me podían dar problemas de espalda.

Sevilla, y es un tópico que odio, tiene un color especial y hay veces en que tengo que reconocerlo. La temperatura alcanzaba los 31 grados y al pasar bajo la Giralda en la Plaza de la Virgen de los Reyes me llegaban vaharadas del olor a azahar. Supongo que en todas las ciudades con naranjos pasará esto y en el levante español, no poco, pero en Sevilla es glorioso. A pesar de que soy muy crítico con esta ciudad nuestra a la que han herido salvajemente con destrucciones y construcciones del desarrollismo sesentero, a pesar de estar prostituida  por cutretiendas turísticas,  a pesar de todo, hay momentos sobrecogedores, en los que el olor del naranjo, la tibieza del aire y el azul prístino del cielo nos sorprende y arrebata.

Únase  ello que iba escuchando música y mi trotecito lento se iba haciendo cada vez más despacioso.

Como la tarde esplendía me atreví a realizar los cuatro kilómetros que me separan de la casa de mis padres. Cuando pasé por el Prado la primavera, que aquí llega incluso antes que al Corte Inglés, volvía por sus fueros. La luz era nueva, como cada ciclo que se abre y estrena la vida.

Por el Parque de María Luisa el sol se filtraba entre los árboles, insectos minúsculos voladores zumbaban al trasluz, una tela de araña se veía nítida entre las ramas desnudas de un árbol en brote.

En una glorieta jugaban los niños de un cumpleaños. Yo no los escuchaba. Sólo oía mis “cascos” y como en una película los veía jugar entre los parterres geométricos, las estatuas y los bancos de azulejos, mientras el padre hacia el indio, literalmente, pues tenía colocado unas plumas y daba órdenes desde el centro.

Me paré y estuve unos minutos mirando a través de la música y los rayos oblicuos del sol. Era todo tan  vital, tan alegre, que conmovía.

Seguí y todo era perfecto, todo transfigurado.  Marta, Marta, parece que escuchaba- estas azacanada en mil cosas y solo una es importante y me di cuenta de que a pesar de los pesares, un instante como estos salva el mundo, sí, como solo hubiesen bastado 10 justos para salvar Sodoma.

En estos momentos plenos, nos percatamos de la futilidad de tanta noticias que nos han estado molestando estos días.

Esta tarde de luz y paz lo superaba todo.

No daban ganas de morirse, es decir, que qué pena tener que dejar todo esto cuando toque, aunque me consolaba pensar que todo será aún mejor, pero como Pedro cabía decir hagamos tres tiendas y quedémonos aquí ahora…

 Unas niñas jóvenes tumbadas en la hierba leían, una un libro, otra estudiaba unos apuntes subrayados en rosa fosforito, los bolsos abandonados, como ellas, no sé si eran guapas, pero todo era bello.

En la Palmera, los naranjos estaban florecidos. Corté dos ramas cuajadas de blanco. Cuando llegué a mi destino no había nadie, deje el ramo enganchado en el pomo y regresé.

Ahora ya no estaban los niños en el Parque y la luz era más tenue, más inclinada, me daba en los ojos y reverberaba en la fuente. Sólo las estatuas de mármol de “las cuatro estaciones”, lánguidas, poblaban el jardín. Me paré de nuevo, sonaba Azul de Natalia Lafourcade, en mi móvil, y de nuevo todo se transfiguraba.

En la glorieta de Becquer, las damas de Coullaut Valera y el Cupido caído trataban de desempeñar su papel melancólico, pero no les salía y hasta el ramo mustio de rosas que alguien dejó en el regazo de una de ellas era heraldo de vida y primavera. Era la tarde como el verso famoso: hoy la tierra y el cielo me sonríen 

El olor a mirto llegaba profundo, y los acantos, desperezaban sus volutas exuberantes y oscuras.

Una tórtola atravesó el camino  y un cuervo pegaba saltitos reluciendo, como si portara una pepita de oro, huyendo avaricioso, con el pico.

En una plaza pintoresca una pequeña tienda, lo que hoy llaman un atelier, muy elegante, muy exquisita, con trajes bien cortados en las perchas. En la mesita, con unas gafas gruesas esforzándose y apuntando sobre un cuaderno, la chica que lo atendía. Era síndrome de Down,  y en la tarde hermosa, aparecía aún más hermosa que la propia tarde, de una ingenuidad, de una simpatía y una ternura que desarmaban cuando levantó la cabeza sin verme.

Por las calles estrechísimas los patios con su boca abierta de rejas y aspidistras emanaban frescor y así, más que corriendo levitando, llegue a mi casa: ocho kilómetros que se me hicieron ligeros.

Todavía, cuando se cerraba el portón pude atisbar a la vecina de al lado, que pasaba por delante,  es la mayor de nueve hermanos que parecen todos pintados por Boticelli.

Tendrá unos veintipocos pero parece menos.

Llevaba los labios pintados de rojo, vivísimo, como una amapola y caminaba seria, erguida, ensimismada, con el pelo devanado sobre la espalda en oro, segura de sí, grácil, como la primavera, vehemente y arrolladora.

jueves, 9 de marzo de 2017

¡OJÚ, QUÉ FEAS!

Ayer venía de regreso a casa con Reyes y mis dos hijos pequeños.
Santiago se había confesado por primera vez, en un acto muy emotivo en el colegio, preparándose para su primera comunión.
De pronto escuchamos unos gritos desaforados y vimos una serie de mujeres esperando con carteles y pancartas.
Uno de ellos decía: “No puedo ser la mujer de tu vida, porque soy la mujer de la mía.” Y era una mujer tan desagradable, sinceramente, tan fea, que la contestación que a uno le venía a la mente de inmediato era: “No puedes ser la mujer de la vida de otro…por razones obvias”
A continuación venía la masa de mujeres desquiciadas. Para evitarlas doblé la esquina rápidamente, e intente entretener a mis hijos para evitar que escuchasen los lemas que coreaban, de una grosería inigualable, algo del aborto, algo de follar (sic)

Y yo me preguntaba ¿Dios mío, estas locas, no se dan cuenta?

lunes, 27 de febrero de 2017

EL GRAN DERBY


Por cuestiones ajenas a mi voluntad y para llevar a mi hijo Manolo, fui al Gran Derby Betis-Sevilla.

Es la tercera vez que voy al futbol en los últimos dos años por la misma razón.  No recuerdo haber ido antes desde los mundiales de naranjito, quizá a algún partido de España en Bup o COU.

Impresiona ver esa gran multitud voceando unánimemente.

Es casi salvaje, da miedo. Se percata uno de lo que puede ser capaz una muchedumbre enfervorizada y piensa en las revoluciones. Nada hay que pueda detener a una marabunta humana, ni las piedras de una fortaleza medieval como la Bastilla.

Somos gregarios. Esa masa vestida del mismo color que levanta unas cartulinas que dejaron en los asientos al efecto, todos a la vez como un solo hombre, son los mismos que vociferan las consignas de otros, a través de las redes y los medios, todos a una.

Da qué pensar el peligro en el que estamos sumergidos y lo fácil que es dejarse llevar.

Es un espectáculo bastante democrático de ahí que sea bastante plebeyo. Es decir, a salvo los palcos presidenciales, que desconozco, era una masa más ordinaria que otra cosa. Habría gente distinguida, cómo no, pero oculta en la vulgaridad ambiente.  Allí la gente no va a figurar y se nota, esto es, no hay elegancia, ni distinción. Digo esto porque acostumbrado al público de los toros del coso de Sevilla, donde va la gente de punta en blanco, la diferencia es notable. Ni una mujer de gran belleza, como las que suelo ver en la Maestranza. Además es un espectáculo de hombres, donde priman los hombres. Hay mujeres, pero en gran minoría. No sé que esperan las feministas para imponer unas cuotas de entrada paritaria, porque eso no se puede consentir.

Por lo demás es un espectáculo donde la gente sufre y disfruta. Un señor cincuenton a mi derecha no dejaba de gritar como un poseso, llegará a casa tranquilísimo tras la catarsis.

El respeto del público brilla por su ausencia. Cuando se cae uno propio se grita al contrario sapos y culebras, cuando se cae el contrario se le pone de chupa de domine, por cuentista.

Cuando sale el equipo propio se le aclama y aquello parece un circo romano. Cuando sale el otro equipo se le pita e insulta.

Los tacos vuelan por doquier y se corean - ¡¡Puta Sevillá, Puta Se-vi-llá!! - por niños y mayores. Mi hijo Manolo me pide permiso y se lo niego, sólo si dice fruta.

En el segundo tiempo leía mi libro electrónico. De pronto un silencio extraño, pregunto qué ha pasado. Ha metido un gol el Sevilla. No se oyó ni un grito de gol. (Por razones de obras no han permitido la entrada a los hinchas sevillistas, que sólo se hallan infiltrados y bien calladitos por la cuenta que les trae, como yo). Cuando lo metió el Betis no tuve que preguntar, fue una locura colectiva.


En fin una experiencia. La gente se lo pasa en grande y bien que hacen.

Por mi parte, no puedo decir que me aburriera, pero tampoco exulté y eso que ganó el equipo de mis amores que llevo muy dentro de mi corazón hasta la muerte: Betis 1 –Sevilla 2

viernes, 24 de febrero de 2017

Patéticos capataces

El obispo de Salamanca dice con gran sensatez que los capataces de los pasos de allí no hagan el payaso imitando el acento andaluz y la gente de aquí, de Sevilla, se lleva las manos a la cabeza, en lugar de exigir que los capataces de aquí tampoco hagan el ridículo.


Déjense de usar los llamadores para dar pseudo pregones floridos, las más de las veces de una cursilería patética. Dejen de exagerar su acento andaluz cerrado,  si  usted como abogado no lo usa en sala, o como médico jamás habla así a los pacientes.  Limítense a llevar los pasos con devoción, con decoro, con naturalidad y con sencillez, sin protagonismo. Por favor, no hagan teatro porque los capataces y costaleros de hoy ya no son los desaparecidos cargadores del muelle.

domingo, 19 de febrero de 2017

De cajeros, piojos, periódicos e iglesias.

Esta tarde me iba al Club a leer el periódico. El club es un reducto del pasado donde, en un gran salón de gruesas alfombras y arañas colgantes, dormitan, hibernando, dos o tres ancianos desde el principio de los tiempos en sillones de cuero gastado.

Ah, pero ya que voy, me indica mi paciente esposa que realice algunas ligera tareas (peaje que hay que pagar por quitarse de enmedio por la cara): ir a la farmacia de 24 horas de la esquina e ingresar un dinero en el cajero.

Pido el ZZ para los piojos de mis hijos. La manceba me indica que puede ser algo agresivo para el cuero cabelludo. Le agradezco la atención pero respondo que eso es lo que ha dicho mi mujer y que prefiero la agresión capilar a la reconvención conyugal. Además sé que el cuero cabelludo de mis hijos debe estar a prueba de bombas, como lo están los parásitos de hoy día, que se han vuelto resistentes, resilientes que diríamos ahora, y no hay quien los aniquile.

Vuelvo y le dejo el producto y la vuelta en el ascensor. Mientras estoy en el cajero me llama para indicarme que me han dado la mitad del cambio y me faltan 10 euros. No te preocupes le digo, que lo de ahora es peor, la máquina se ha tragado 160 euros y la tarjeta y me indica en la pantalla que ha habido un atasco, literal lo de atasco. ¿Pero que has hecho?- me dice. ¡Yooo, nada!- contesto. Y es cierto, aunque no me cree del todo. El cajero sigue haciendo ruidos extraños.
Espera, no cuelgues- digo, y de pronto regurgita los billetes doblados y arrugados, como procedentes del rumen de un bóvido.
¡Uff!
Vuelvo a la farmacia. Mientras atiende a otros parroquianos le digo a la chica que me faltan 10 euros del ZZ.
-Es lo que  me ha dicho mi mujer- medio me disculpo.
Debe pensar que soy un imbécil y la verdad que lo parezco, será por ello que saca los diez euretes de la registradora y me lo entrega sin rechistar, creo que como diciendo para sí: que se vaya ya este memo.

Por fin llego al Círculo y me arrellano en el sillón del bar donde me leo el periódico de cabo a rabo. Varias damas charlan en un rincón, un señor mayor, con chaqueta de tweed, jersey y corbata de lana, (hoy domingo) como escapado del Country Life magazine, lee sobre la mesa de fieltro verde, donde se desparraman los periódicos, varios ujieres pululan silenciosamente haciendo no se sabe qué y uno imbuido de la sacralidad ambiente pasa las hojas con ceremonia mientras se escucha el tic-tac del reloj de pared.
Salgo y me acerco a la iglesia de la Magdalena. Quería deleitarme con el magnifico aparato que montan en el altar mayor del antiguo convento dominico para la función solemne de la Hermandad del Calvario. No sé si en otras partes se conserva ese fastuoso escenario, preconciliar, con más de doscientos cirios de cera virgen, en simétricas pirámides, en cuyo culmen se haya la escultura esplendida del Cristo de Ocampo que resalta, con su encarnadura tenue, violácea, lírica y moribunda, sobre un ascua de luz y candelas.

Regreso lentamente a casa por unas calles vacías.
Ya no hace el frío de invierno aunque es de noche.

Los pequeños tienen unas bolsas en la cabeza, como gorros de ducha, para ser desparasitados y potenciar los efectos del ZZ sobre sus cueros cabelludos.

Hago cinco tortillas francesas, con jamón y queso, mientras Reyes prepara las cien mil cosas necesarias para el comienzo de la semana. Pilar termina de estudiarse un examen de religión.
Y ahora ya están todos acostados, menos el mayor.

Silencio. Paz de domingo noche.





viernes, 10 de febrero de 2017

El hombro sanador


Como lleva un rato llorando sin que nadie le haga caso, finalmente me levanto del sofá y me acerco a ella.

A ver qué te ha pasado- y la abrazo. Llora sobre mi hombro.

Que como estaba aburrida- dice entre hipidos- me he puesto a dar vueltas en el salón y…

¡¡Haciendo el tonto!! - Se escucha a su hermano desde lejos, inmisericorde y tajante, como un Savonarola.

Y me he chocado con la puerta- continua- y me he dado aquí en la cabeza y después me he caído- y se toca el cráneo dolorida.

Yo le doy besos en el sitio exacto.

Bueno, bueno, ya está- la reconforto- Cada vez que quieras llorar aquí tienes mi hombro, tú no te preocupes- Ahora se ríe entre las lágrimas. Bueno para reír este otro y  le señalo el contrario.

Pienso que qué bueno eso de tener un hombro cerca y qué fácil para los niños…

Mientras, su hermano, el gran inquisidor, mueve la cabeza en señal de reconvención ante tantas blanduras y contemplaciones.


viernes, 27 de enero de 2017

VELÁZQUEZ Y MURILLO Y VI


Joven mendigo. 1648. B. E. Murillo. Louvre

Dos jóvenes a la mesa. H.1622. Velázquez. Wellington collection en Apsley House. Londres

Tres muchachos. H.1670. B. E. Murillo. Dulwich Picture Gallery. Londres

Es la ciudad una nueva Babilonia que congrega los despojos de tanto fasto: los huérfanos, los pobres, los menesterosos...
Y el franciscano Martínez de Mata clama contra tanto dolor y tanto abandono en su memorial de la despoblación y pobreza de España y su remedio.
Esclavos, mendigos, ladronzuelos, hambrientos, se dan cita en el Arenal y recogen las migajas del gran festín del río de oro que llega desde allende el océano.
Aprovechad ahora que no está el amo y rebañad las sobras de la mesa del noble.
Oh, picaros guzmanes, oh, lazarillos destinados al hampa y a la mala vida. Reíd ahora que la inocencia aun es vuestra, jugad si podéis a la vera del río y que la vida adulta, que viene a aprisionaros con sus lazos, os sea leve…


jueves, 26 de enero de 2017

VELÁZQUEZ Y MURILLO V

Infanta Margarita de blanco. Velázquez. 1656. Museo de  Historia del Arte. Viena. 


Esta obra es de una genialidad inigulable. Aquí se ve la mano maestra de Velázquez, su pincelada suelta frente a la detallista y densa de su primera etapa. Se trata de un pintor que se adelanta a su época, que ya ha conocido a Rubens, ha viajado a Italia y ha derivado a un estilo propio. El uso de esos brochazos últimos sobre las telas, que otorgan la calidad de las texturas, impresionistas... fijaos en el brillo de las sedas, de los cabellos dorados, las manos... la mirada, dentro del hieratismo que se le exige como persona real, con un dejo de ternura infantil. Es una obra alucinante. Todo Velázquez lo es. Conmueve y es aleccionador pensar en esta niña que será enterrada con poco más de veinte años en los Capuchinos de Viena, con ese rito impresionante que hasta hoy rige, (¿Quién desea entrar?, el cuerpo aquí, el corazón acullá) y cuya tumba la gente hoy visita por ser la protagonista de las Meninas:


La pobre de la infanta Margarita
se ha puesto su traje mas lucido
tan joven y ya tiene marido
y posa callada, quitecita

De infanta a emperatriz de Austria
tiene labrado su destino
el genio la dibuja con atino
ella se sacrifica por su patria

Oh, pobre infantita de España
del protocolo estas hecha prisionera
tu cárcel aunque es de plata y seda
no deja de ser tela de araña

Oh, reina, que joven nos dejaste
pero el arte del pintor será tu gloria
quién te diría que pasas a la historia
por la mano maestra de Velázquez

miércoles, 25 de enero de 2017

VELÁZQUEZ Y MURILLO IV

Inmaculadas


Inmaculada Concepción. Murillo. 1670. Nelson Atkins Museum. Kansas City. EE.UU.

Inmaculada Concepción. Velázquez. 1618. National Gallery. Londres.

Inmaculada Concepción. Velázquez. 1617. Fundación Focus. Sevilla

Bendita sea tu pureza, María. Hasta la última gota de nuestra sangre derramaremos por defender tu Dogma, aunque le pese a Molina y a los frailes del Regina.

Y sobre la Giralda, celeste como el cielo de Sevilla, tremolante, una bandera.

Las campanas de toda la Ciudad, desde las 24 de la alta torre hasta la humilde del convento recóndito, resuenan
Todo el mundo en general, a voces, Reina Escogida…


El pintor de la Verdad, pinta a su novia con la mirada baja y las manos recogidas y Murillo dulcifica su figura que, vaporosa y sutil, se eleva entre los ángeles, entre nubes doradas y alados niños, como sus propios hijos que aun infantes*, han subido al cielo para sostener la peana de María Inmaculada de Sevilla


* Murillo perdió cuatro de sus hijos en la peste de 1649

martes, 24 de enero de 2017

VELÁZQUEZ Y MURILLO III


La Sagrada Familia del pajarito. B.E. Murillo. H. 1650. Prado


En la intimidad de la casa, en la paz umbrosa del taller, el niño ha interrumpido al padre que ha dejado en un rincón los trastos de carpintero, la sierra, el escoplo, la garlopa…
Un perrillo faldero le persigue, y él aprisiona un pájaro en sus manos. Estaba herido, con el ala rota, y temblando. Se ha caído del tejado. ¡Corre, Jesús, corre a los brazos de tu padre!
Un padre siempre es omnipotente, es el refugio.

José ríe, lo acoge en el regazo. El perro se acerca y ladra. Jesús se empina y levanta el brazo.

María está devanando el hilo y guarda todas estas cosas en su corazón, estos momentos dulces de infancia que no vuelven. Serena, aparta la mirada de la labor y sonríe a su vez. 
Un soplo de aire refresca la estancia, un soplo del Espíritu, que mueve la madeja y el hilo de la devanadera
Sobre la cesta, plegado, un lienzo blanco que María teje y reserva con delicada tristeza. Aún no lo sabe pero recogerá, mañana, la imagen púrpura de ese niño que hoy juega

El perro huye finalmente. Y Jesús muestra al padre el pájaro, que ¡oh, ya no está herido! y escapa volando, revoloteando con gracia entre los tejados.

Los tres, risueños, miran al través de la ventana como se aleja… ay, sobre un monte.

lunes, 23 de enero de 2017

VELÁZQUEZ Y MURILLO II

Autorretrato. B.E. Murillo. H. 1660. Frick Colection. Manhattan. Nueva York
No soy pintor, soy un poeta de las líneas y las formas, acólito de Clío, un intelectual del color y las figuras, de la proporción y la perspectiva. Imito con mi arte, que es liberal, nada en él hay de servil y mecánico, mas todo en él es libre y noble, todas las cosas imitables del arte y la imaginación. Soy el fundador de la Academia Hispalense, el amigo de canónigos y altos dignatarios.

Tengo un prestigio bien ganado en mi Ciudad, que es centro del orbe, y como un noble romano, como una efigie tallada en los tondos de los arcos triunfales, en una medalla que se acuña para recuerdos postreros, yo me retrato aquí, con la dignidad de un artista, de todo artista, que ayudamos a Dios a crear de la nada.

No es servil nuestro oficio que es altísimo y elevado.

Con mis ropajes sobrios y elegantes, oscuros, con la camisa blanca y mangas acuchilladas, visto como un caballero, como un señor que solo sirve al arte y a las musas, que deja su legado al mundo y a todos vosotros que hoy miráis…

domingo, 22 de enero de 2017

VELÁZQUEZ Y MURILLO I

El viernes llevé de visita a un grupo a ver la exposición de la fundación FOCUS en los Venerables. Me la preparé con diversos libros y artículos.
Inestimable la ayuda de Jaime García-Máiquez cuyo estudio incluido en el catálogo es magistral e iluminador. JGM es un gran poeta y una referencia en pintura y conservación. Además es un ameno conferenciante, aun recuerdo, espléndida, su disertación en Sevilla sobre los "calcos" de Velázquez.
Traté de explicar los cuadros desde el punto de vista histórico artístico que es lo más interesante. No obstante,  ante algunas piezas traté de expresar "sugerencias" más allá de lo puramente técnico. Algunas de ellas iré dejando aquí estos días.
Por supuesto la exposición merece la pena. Son 19 obras geniales.



Autorretrato. Velázquez -1623. Prado





24 años tengo y espero cumplir muchos más al servicio de Su Majestad.

Miradme soy joven y sé que soy el mejor pintor de la corte porque veo más allá. Siento la luz y el aire y sé plasmarlo en el lienzo.

Yo no pinto sólo la naturaleza, ni quiero copiar las cosas, yo voy a aprehender el momento, el palpito del tiempo. Conseguiré aprisionar el instante; el suspiro bajo la seda de la joven infanta, el bufar del caballo que se encabrita, el azul sutil de las tardes del Guadarrama en la lejanía.  Quiero que sea esta tarde y no otra, quiero que sea este latido el que quede para la eternidad.

Cuando veáis mis telas, os digo, sentid el leve aire que fluye entre los espacios de los salones donde tejen el tiempo las hilanderas, donde se reflejan las motas centelleantes en los haces de luz del estudio del palacio donde acuden curiosas la infantas con sus damas.

Yo sé que soy un caballero, sé que soy noble, porque así son mis sentimientos y la fragua de mi alma.

Os estoy mirando desde el espejo del ayer, pero el brillo de mis ojos es presente, con el os comunico mis deseos y mi determinación. Dios me de larga vida para servir a Su Majestad, para extraer mi arte, para dejar plasmado entre los lienzos pardos la eternidad que pasa detenida.

lunes, 16 de enero de 2017

"El silencio" (contiene spoiler)

Salí del cine cabreado conmigo mismo, porque iba pensando ver una película sobre héroes y mártires con un fondo de apóstatas y al final resulto ser lo contrario. (Si lo sé no vengo)
No le puedo exigir al director que dé con mis gustos, sí que sea respetuoso con los temas religiosos, que lo es.
¿Porqué no me satisfizo? Por que la película es desalentadora. Tras dos horas (por lo demás algo lentas y reiterativas, un hombre roncaba a placer, a mi mujer alguno que otro codazo debí sacudirle) pendientes del misionero jesuita, que lucha denodadamente por mantenerse fiel, al final apostata. Para ese viaje no necesito tantas alforjas.
Lo hace, como es natural, por cobardía y miedo al dolor propio y ajeno, pero yo querría que el protagonista fuese el otro, el que, de modo sobrenatural, muere mártir confesando su fe.

No se explica, sin embargo, porque tras ser vencido,  un hombre de esas convicciones pierde todas ellas y se mete a monje budista hasta su cómoda muerte. Es desesperanzadora porque no regresa, no se ven las lágrimas de arrepentimiento, como San Pedro, como tantos...
Lágrimas de San Pedro. Velazquez. 1620. Fundación Villar Mir. Actualmente hasta el 28-2 en la exposición Velázquez y Murillo de Focus. Sevilla.
S. Pedro penitente. Murillo. 1665-1670. Fundación Focus. Sevilla
La inclusión de la pequeña cruz en la pira funeraria no sé que pretende explicar, significar o remediar en un sacerdote que vive con una concubina budista hasta el final de sus días en lugar de llorar amargamente su caída.
El mensaje es confuso, porque, a mi me lo parece, justifica la apostasía, o al menos no la presenta, el director no es católico, creo, como el terrible mal que supone.
Siguiendo el ejemplo de los mártires, la Iglesia nos enseña que debemos aspirar a que si se nos presenta la disyuntiva de salvar la vida renegando de Cristo o que nos metan boca abajo con la cabeza en un hoyo desangrándonos lentamente hasta la muerte junto a otras cuatro personas, elijamos esta opción, naturalmente que sí, sobrenaturalmente que sí.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.
No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo (Mt. 10:28)


Mucho más impresión me ha causado el final de la lectura de "1984" de Orwell, que casualmente acabo de terminar, donde el protagonista es sometido a un martirio (laico) superior y que te interpela dramáticamente, sobre que haría uno en esa situación.

La película contemporiza con el error y el pecado, lo propio de la sociedad deliscuecente en que vivimos. Yo no la recomiendo para mis hijos. El final de la vida de esos sacerdotes apostatas es, aunque se quiera disimular, verdaderamente triste y lamentable. Tan escandaloso que aun hoy, varios siglos después, dan pie a unas películas que conturban el espíritu. Qué responsabilidad la nuestra. Yo rezo por ellos y por mi.

Si quieren recuperar la esperanza siempre pueden acudir a Bach.

La Pasión según San Mateo. El violín llora con Pedro amargamente, desconsoladamente, suplicando una redención que, cómo no, consigue:


Erbarme dich, mein Gott
Um meiner Zähren willen,
Schane hier, Herz und Auge
Weint vor dir bitterlich.
Erbarme dich!

Ten piedad de mí, Dios mío,
advierte mi llanto.
Mira mi corazón
y mis ojos que lloran
amargamente ante Ti.
¡Ten piedad de mí!

jueves, 5 de enero de 2017

De atrición, víspera de Reyes o Manolito por Dios.


Me encanta este cuadro de Gozzoli. Habría que ver ese cortejo fascinante en vivo
Manolito por Dios era una tienda que había cerca de casa, cuando mi hijo Manolo precisamente, estaba en el carrito y era un bebe buenísimo y precioso. Ha crecido y ha convertido el nombre de la tienda en nuestra frase más recurrente.

Ayer de nuevo. Creíamos que la lección del jarrón lo había regenerado, pero no.

Bajo un momento- les digo. Y ahora vuelvo.

Su madre estaba echando la carta de los Reyes y yo necesitaba ultimar un regalo en la Casa del Libro.

Reyitas me llama mientras estoy en una larguísima cola para pagar.  (En España debemos de ser cultísimos a tenor de cómo está la librería). ¡Papá, no paran! ¡Manolo y Santi se están peleando! Desde la cola procuro no gritar por teléfono - Que se pongan- Les reconvengo, les amenazo. Cuelgo. No he avanzado ni un centímetro y otra vez suena el móvil. Siguen en sus trece. Me sulfuro algo más. Nueva riña telefónica. Cuelgo.

A la tercera va la vencida. ¡Papá, me dice Reyes, no sabes lo que ha pasado! Me asusto. ¡Manolito ha roto el cristal de la mesa con la cabeza de Santi! - Oh, Dios mío - ¿y cómo está la cabeza? No parece que, literalmente, haya llegado la sangre al río, en este caso de papel de plata. Dejo el libro, abandono la cola y regreso veloz.

Cuando entro están los dos mustios y suaves como un guante. Santi con un chichón descomunal. ¡Veis! -grito - ¡Esto es lo que pasa!

–No- me dice Santi -el chichón es de antes, cuando Manolo cayó encima de mi y me di contra el suelo, lo de la mesa es esto - y me indica una magulladura en el otro lado de la frente.

No me lo creo.

Les castigo. No vais a ver el partido a casa del primo Jaime y cada uno a su cuarto. Además les amenazo. –¡¡Ya veréis los Reyes!! Ni Clicks de Famovil,  ni claks, !(Santi ha pedido la choza del arbol, el Hospital, el camping…) ni botas de futbol, ni nada de naaada, ¡¡Carbón, carbón para todos!!

Cada uno en un cuarto callan compungidos.

Hoy me desayuno, como todos los días, con el  mejor acompañamiemto,  el artículo de mi amigo EGM en el Diario de Cádiz, que me llega por Facebook,  donde, con razón,  indica lo contrario de lo que hago. Y aunque como siempre la tiene, hoy discrepo, o más bien, miro el otro lado de la moneda. Justo debajo, en Facebook, oh, casualidad, aparece este comentario de mi amigo AP, cuyos blogs, sigo también con fruición y que paradójicamente, complementa lo anterior:
  1. El Anticristo, autor de El camino abierto a la paz y la prosperidad universal, razona así según Soloviev: «Cristo, que ha predicado y realizado en su vida el bien, ha sido el reformador de la humanidad, mientras que yo estoy llamado a ser el bienhechor de esta humanidad en parte enmendada en parte  incorregible. Yo daré a todos los hombres aquello que necesitan. Cristo fue un moralista que dividió a los hombres según el bien y el mal, pero yo los uniré con beneficios que son... necesarios tanto para los buenos como para los malos. Yo seré el verdadero representante de aquel Dios que hace resplandecer el sol sobre los buenos y los malos, que hace caer la lluvia sobre los justos y los injustos. Cristo ha traído la espada; yo en cambio traeré la paz. Él amenazó al mundo con el terrible juicio universal, yo por  el contrario seré el último juez y mi juicio no será sólo de justicia sino también de clemencia. Habrá justicia en mi juicio pero una  justicia distributiva no retributiva. Distinguiré entre todos, pero
    a cada uno le daré aquello que necesite».


Es cierto que los actos de bondad deben perseguirse con independencia de sus consecuencias materiales, pero también es cierto que el infierno existe, esto es el carbón, y aunque sea estupendo el dolor de contrición, también es ¨válido” aunque imperfecto (la Iglesia es sabia y humanísima) el de atrición.

Así que les amenazo con las penas del infierno, esto es el carbón, porque deben saber que los actos malos también tienen consecuencias…

(Me admira esas leyendas familiares donde se cuenta que esos tíos abuelos recibieron carbón hace 70 u 80 años por ser unos trastos. Los Reyes de entonces no se andaban con chiquitas. Creo que hoy son, somos más blandengues)



Pero ahí no queda todo. Ni contrición, ni atrición, el verdadero temor es otro…

Papá-me llama Manolito con voz mustia desde debajo de las sábanas donde se oculta vestido y todo- a mi me da igual  que los Reyes me quiten todos los regalos que sea necesario, pero por favor-suplica- ¡dile a mamá que no me riña!

Nota: Mientras escribo esta entrada, estoy sólo en casa con los tres pequeños, Manolo ya ha olvidado sus penas y, en pijama, ha estado continuamente jugando al frontón con la pala de ping- pong sobre la pared de encima del nacimiento o,  cuando le reñía, con la de enfrente, sobre los cuadros y los jarrones... Dejo de escribir y le doy a publicar antes de que  tenga que escribir otra con nuevas "aventuras"...


martes, 3 de enero de 2017

No me llaméis más Noemí, llamadme Mara. (Ruth 1.20)


A Lorenzo no lo conozco. Su madre, una señora mayor, se ha desmayado hoy en misa. Con los folios que llevaba de una demanda, dirigida al Juzgado de Primera Instancia nº 5 de Sevilla, trataba de reanimarla. Tumbada en el último banco apoyaba la cabeza sobre el regazo de su hija, que le acariciaba las manos cerúleas.

Pasada la primera alarma el sacerdote continuó con la celebración interrumpida.

En el memento de difuntos se nombró al tal Lorenzo.

-Era mi hermano- me dijo la hija.

La señora continuaba con los ojos cerrados. Los labios, pintados de rojo, resaltaban, grotescos, sobre su piel lívida por el vahído. Sus piernas, extendidas sobre el asiento de madera, dejaban ver los elásticos de las medias marcándose sobre las pantorrillas y, desajustada la ropa, aparecía la blusa, la faja y un pequeño triangulo de piel desnuda.
El desvalimiento era total, como una Dolorosa medieval.

Vuelto el aliento, se fueron despacio, la madre apoyada en el brazo de su hija. Al recomponerse volvió el aire elegante que había perdido.

Lorenzo ha muerto con 55 años- me dijo la hija- hoy hace tres meses exactamente, por un cáncer de pulmón.

Confiando en la Comunión de los Santos rezamos, algo siempre podemos hacer, conmovidos y reconfortados.


Descanse en paz Lorenzo.