viernes, 10 de febrero de 2017

El hombro sanador


Como lleva un rato llorando sin que nadie le haga caso, finalmente me levanto del sofá y me acerco a ella.

A ver qué te ha pasado- y la abrazo. Llora sobre mi hombro.

Que como estaba aburrida- dice entre hipidos- me he puesto a dar vueltas en el salón y…

¡¡Haciendo el tonto!! - Se escucha a su hermano desde lejos, inmisericorde y tajante, como un Savonarola.

Y me he chocado con la puerta- continua- y me he dado aquí en la cabeza y después me he caído- y se toca el cráneo dolorida.

Yo le doy besos en el sitio exacto.

Bueno, bueno, ya está- la reconforto- Cada vez que quieras llorar aquí tienes mi hombro, tú no te preocupes- Ahora se ríe entre las lágrimas. Bueno para reír este otro y  le señalo el contrario.

Pienso que qué bueno eso de tener un hombro cerca y qué fácil para los niños…

Mientras, su hermano, el gran inquisidor, mueve la cabeza en señal de reconvención ante tantas blanduras y contemplaciones.


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