lunes, 19 de enero de 2015

CURRO


Currito ya no es tal, sino Curro.

Primer nieto por ambas partes, hubo un hiper entusiasmo, un desbordamiento de afectividad radiante, cuando nació hace hoy dieciocho años.

Cuando después de veinte años vuelve un bebe a la familia todo se renueva y saltamos un escalón, el generacional, que cambia las perspectiva de toda la familia y su forma de estar en la vida, de padres a abuelos, de hijos a padres, tío, en mi caso. Unos ascendimos a primera división otros pasaron a segunda, una confortable e ilusionante segunda.

Me imagino, visto ahora, lo apabullante que pudo llegar a  ser para esos papás desconcertados esos abuelos y tíos primerizos… qué de consejos, recomendaciones, opiniones contradictorias.

Qué misterio es ese que une las fecha, pues un día como hoy, murió mi abuela María. Yo tenía casi la edad de Curro ahora, 19, y lo recuerdo nítidamente. Su presencia es perenne, por muchos años que pasen y será un trozo de mi historia siempre, aunque cada vez se vaya haciendo más pequeña la porción de la que ella formó parte.

Dieciocho años no es nada, y no es nada ahora, con cuarenta y seis, para Curro, va la diferencia entre ser y no ser y entre ser un niño y un hombre.

Este parpadeo, que pasó tan sin darme cuenta, supone toda su vida que dejará marca  indeleble en el resto de la muy larga que le deseo.

Ahora comenzarán a correr los años vertiginosamente.

¡Cuánto dura la etapa del colegio!

Cuando volvemos a este tras los años, notamos todo más pequeño, las mesas, los patios, la altura de los techos… aunque en nuestro pensamiento seguirán del tamaño proporcional al niño que fuimos. Así la etapa de la infancia, por muchos años que pasen, nos parece inconmensurable, ácrona.  ¿Será porque estábamos todavía tan cerca de la eternidad anterior? ¿Será porque no nos habíamos aun “desembarazado” del no tiempo?  Qué largos veranos, qué cursos tan interminables… Séptimos, Octavo, Primero de BUP… cada uno son distintos, identificamos sus aulas, sus profesores, las materias que estudiamos, las vacaciones… ¿Cuántos siglos caben en las horas de un niño? dijo con exacta perspicacia Cernuda.

Currito, al que cogíamos en nuestros brazos hace nada, el que sale en los vídeos gateando, al que mi padre acogió con una ilusión y entrega inmensa, como renuevo de olivo alrededor de su mesa, es ya el cumplimiento de un futuro.  Este, poco antes de su tremenda enfermedad, en espléndida madurez,  ya lo veía, en la cuna,  convertido en otro médico de la saga.

Curro es un niño, alto y delgado, deportista, parece esculpido en mármol, cinturón negro de Judo y primer o segundo Dan, o no sé exactamente, pero que significa que es la repera, y que si te pasas te puede costar caro, aunque nadie más pacífico que él.

Sabe inglés, y francés y creo que también español y saca unas notas estupendas.

Es ingenioso y algo socarrón y sale de nazareno, ¡aquél trueno!, en las hermandades de sus familias, la Vera Cruz y la Soledad.

Este año ha de pasar la selectividad y, como sus abuelos, desea entrar en Medicina. Ambos, desde aquí y desde allí, le apoyan.

Curro, entusiasta seguidor de este blog, ya puede votar y sacarse el carnet de conducir por carretera, que el de transitar por la vida lo lleva estudiando desde hace dieciocho años y lo irá aprobando con creces, día a día, como hasta ahora y que sea, con la ayuda de Dios, por muchos, muchos  años más.

Felicidades.



1 comentario:

  1. Hijo qué bonito! Pa llorar! Felicidades Currito! Sigue así de lindo! :-)

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