NO SIN MI PELOTA.
Manolito va a hacer la primera comunión el domingo. Está en pijama encima de mí. Le hablo de su importancia, de la suerte que tiene y de cómo tiene que llegar a ser santo.
Me mira asustado.
- Papá es que yo no quiero ser un santo.
Ahora el que me asusto soy yo.
Bueno- me dice- es que yo no quiero ser tan importante…
El pobre se ve ya en un altar todo aburrido y sin su balón. Le tranquilizo y le digo que puede ser perfectamente un santo futbolista.
Ahora, ya le parece mejor.
martes, 13 de mayo de 2014
lunes, 12 de mayo de 2014
FERIA II
Es una fiesta inexplicable. Hay que vivirla.
Han sido unos días esplendidos. Me lo he pasado en grande. Me he reencontrado con amigos que no veía hace mucho. He bailado con mis hijas, que han amortizado las clases de sevillanas, también con mi madre y con mi mujer.
Un día de feria es una eternidad, cuando uno se refiere a ayer parece que fue hace un siglo , de tal modo se acumulan las experiencias vividas en tan pocas horas…
A Pilar se le cayó su primer diente en la caseta. Lloraba porque lo había perdido y el Ratón Pérez no le iba a traer nada. Hubo que convencerla de lo contrario y costó lo suyo.
En la caseta del Círculo, (ya sin niños) cantaba flamenquito un tal Juan Peña, de Jérez, con bastante gracia, por cierto. Una señora famosa, ex esposa de un famoso, estaba sentada, en una mesa. Veo asombrado, como otra señora (ésta no famosa aunque sí muy arreglada) le insta a hacerse una foto con ella, a lo que amablemente accede, en vez de mandarla a tomar viento fresco… gajes del oficio supongo.
Mi pasmo fue en aumento, porque al rato, entre copas y bailes, veo a mi mujer con sus amigas muertas de risa, retratándose también con ella. Foto que ha circulado por los whatsapp de unas y otras.
Pero no queda ahí la cosa, al poco veo, entre el baile y la jarana, a mi amigo VL, siempre tan serio y comedido cual maestrante de caballería que es, prácticamente abrazado a la guapísima famosa, que, a pesar de los años, hay que reconocer que está esplendida. ¡Los efectos del rebujito!. Otra foto que corre, entre guasas, por los whatsapp de las amistades…
Saludo a un compañero del colegio que no veía desde el idem… Hace una friolera de años ya…
Y me asombro se colmó cuando, al día siguiente, me entero de que ese compañero de clase es el actual novio de la bella famosa del papel couché. ¡Cosas de la vida, cosas de la feria!
Es una fiesta inexplicable. Hay que vivirla.
Han sido unos días esplendidos. Me lo he pasado en grande. Me he reencontrado con amigos que no veía hace mucho. He bailado con mis hijas, que han amortizado las clases de sevillanas, también con mi madre y con mi mujer.
Un día de feria es una eternidad, cuando uno se refiere a ayer parece que fue hace un siglo , de tal modo se acumulan las experiencias vividas en tan pocas horas…
A Pilar se le cayó su primer diente en la caseta. Lloraba porque lo había perdido y el Ratón Pérez no le iba a traer nada. Hubo que convencerla de lo contrario y costó lo suyo.
En la caseta del Círculo, (ya sin niños) cantaba flamenquito un tal Juan Peña, de Jérez, con bastante gracia, por cierto. Una señora famosa, ex esposa de un famoso, estaba sentada, en una mesa. Veo asombrado, como otra señora (ésta no famosa aunque sí muy arreglada) le insta a hacerse una foto con ella, a lo que amablemente accede, en vez de mandarla a tomar viento fresco… gajes del oficio supongo.
Mi pasmo fue en aumento, porque al rato, entre copas y bailes, veo a mi mujer con sus amigas muertas de risa, retratándose también con ella. Foto que ha circulado por los whatsapp de unas y otras.
Pero no queda ahí la cosa, al poco veo, entre el baile y la jarana, a mi amigo VL, siempre tan serio y comedido cual maestrante de caballería que es, prácticamente abrazado a la guapísima famosa, que, a pesar de los años, hay que reconocer que está esplendida. ¡Los efectos del rebujito!. Otra foto que corre, entre guasas, por los whatsapp de las amistades…
Saludo a un compañero del colegio que no veía desde el idem… Hace una friolera de años ya…
Y me asombro se colmó cuando, al día siguiente, me entero de que ese compañero de clase es el actual novio de la bella famosa del papel couché. ¡Cosas de la vida, cosas de la feria!
viernes, 9 de mayo de 2014
¡VIVA SEVILLA Y OLÉ!
Escribí estos ripios de broma, el otro día, para leerlos a un grupo antes de ir a la feria. To mu sevillano...
(Pa leerlo con su poquito de sorna, su poquito de guasa y su poquito de asento andalú...)
¡Ya se encendió la portada
de la gloria de Sevilla
se alegran los corazones
la feria que maravilla!
dejemos atrás las penas
los problemas, las rencillas
¡a bailar por sevillanas
a vivir que son dos días!
se gasta lo que se deba
aunque deba lo que gaste
porque ya llegará el día
en que todo me sobrare
y mientras tanto, mi arma
no lo dudes y no faltes
ponte el traje de volantes
el mantón liao al talle
¡y vámonos que nos vamos
a pasear por el real
con un coche de caballos
a no parar de bailar!
que la vida es un suspiro
un visto y no visto que
en menos que canta un gallo
estaba, vino y se fue
Ponte el vestío de lunares
Que tanto te favorece
Y vente a la feria, niña
verás que rejuveneces
Venga, quillo, que te esperan
la copa, el cante y el baile
un trozo de primavera…
que te regala la vida
ese color especial
que dicen tiene Sevilla,
una mirada, unos ojos
un reflejo, una sonrisa
el albero, los lunares
caireles de plata fina
una jaca cartujana
y una chiquilla a la grupa
con unos ojos azules
que va estrenando la vida
y una madre en la caseta
que con nostalgia la mira
porque esta viéndose ella,
¡si es que parece a ella misma!
esa ilusión, ese gozo
de ir sujeta a la cintura
de un joven moreno claro
el niño que a ella le gusta
y le declaró su amor
con el sombrero y la fusta
de la caseta, en la puerta,
la de siempre, como siempre
en Joselito Cuarenta
¡la feria, niña, la feria
que rejuvenece el alma
que alegra las pajarillas!
¡La mejor fiesta de España!
¡Alegría, alegría,
Venta a la feria niña,
vente , chiquilla!
Ponte la peina
Que por el puente, niña, pasa la reina
Mira que gozo
Y el clavel que me diste lo tire al pozo
Mira que cosa
mi novio es cartujano pinto de loza
mira que talle
va Carmen la cigarrera
presumiendo por la calle
y a su manera
mirala cara a cara que es la primera
y que alegría
cuando paso por el puente, Triana
contigo vida mia
y que te voy a desí
me case con un enano
salerito pa jartarme de reí
y sueñan las margaritas con se romero...
y un pañuelo de silencio a la hora de partí...
y aquí lo vamo a deja
algo se muere en el arma
cuando un amigo se va…
y ya esto se acabo
no te vayas todavía no te vayas por favó
no tenemos mas remedio
aunque llore tu guitarra
aquí decimos ADIOS.
Y quitándome el sombrero,
el sombrero cordobés
Grito que viva la feria
¡viva Sevilla Y OLÉ!
Escribí estos ripios de broma, el otro día, para leerlos a un grupo antes de ir a la feria. To mu sevillano...
(Pa leerlo con su poquito de sorna, su poquito de guasa y su poquito de asento andalú...)
¡Ya se encendió la portada
de la gloria de Sevilla
se alegran los corazones
la feria que maravilla!
dejemos atrás las penas
los problemas, las rencillas
¡a bailar por sevillanas
a vivir que son dos días!
se gasta lo que se deba
aunque deba lo que gaste
porque ya llegará el día
en que todo me sobrare
y mientras tanto, mi arma
no lo dudes y no faltes
ponte el traje de volantes
el mantón liao al talle
¡y vámonos que nos vamos
a pasear por el real
con un coche de caballos
a no parar de bailar!
que la vida es un suspiro
un visto y no visto que
en menos que canta un gallo
estaba, vino y se fue
Ponte el vestío de lunares
Que tanto te favorece
Y vente a la feria, niña
verás que rejuveneces
Venga, quillo, que te esperan
la copa, el cante y el baile
un trozo de primavera…
que te regala la vida
ese color especial
que dicen tiene Sevilla,
una mirada, unos ojos
un reflejo, una sonrisa
el albero, los lunares
caireles de plata fina
una jaca cartujana
y una chiquilla a la grupa
con unos ojos azules
que va estrenando la vida
y una madre en la caseta
que con nostalgia la mira
porque esta viéndose ella,
¡si es que parece a ella misma!
esa ilusión, ese gozo
de ir sujeta a la cintura
de un joven moreno claro
el niño que a ella le gusta
y le declaró su amor
con el sombrero y la fusta
de la caseta, en la puerta,
la de siempre, como siempre
en Joselito Cuarenta
¡la feria, niña, la feria
que rejuvenece el alma
que alegra las pajarillas!
¡La mejor fiesta de España!
¡Alegría, alegría,
Venta a la feria niña,
vente , chiquilla!
Ponte la peina
Que por el puente, niña, pasa la reina
Mira que gozo
Y el clavel que me diste lo tire al pozo
Mira que cosa
mi novio es cartujano pinto de loza
mira que talle
va Carmen la cigarrera
presumiendo por la calle
y a su manera
mirala cara a cara que es la primera
y que alegría
cuando paso por el puente, Triana
contigo vida mia
y que te voy a desí
me case con un enano
salerito pa jartarme de reí
y sueñan las margaritas con se romero...
y un pañuelo de silencio a la hora de partí...
y aquí lo vamo a deja
algo se muere en el arma
cuando un amigo se va…
y ya esto se acabo
no te vayas todavía no te vayas por favó
no tenemos mas remedio
aunque llore tu guitarra
aquí decimos ADIOS.
Y quitándome el sombrero,
el sombrero cordobés
Grito que viva la feria
¡viva Sevilla Y OLÉ!
lunes, 5 de mayo de 2014
FERIA EN SEVILLA
Hoy empieza la feria.
Es una fiesta alegre, luminosa y bella.
Todo se suspende cuando se pisa el albero. La ciudad cambia, nos adentramos en un mundo ficticio, que no falso. Es la ciudad utópica, donde todo es bueno. Es el retorno al paraíso perdido. A veces se va con preocupaciones, que se disuelven cuando uno entra en una caseta y apoyado en la barra se toma una copa de vino. Cuando se ve un grupo de mujeres bailando al son de las guitarras. Volantes, lunares, flores y cante.
Me voy a sentar a la puerta a ver pasar los coches enjaezados, a la calesera, a la inglesa… Suena el cascabeleo argentino. Madroños de colores, mulas, catites, sombreros de ala ancha, de copa, caireles y zahones…
El sol destella sobre el vino de oro y el albero se deshace en partículas mágicas y etéreas… a su través veo los caballistas, la bella amazona, como una diosa efímera. ¿Dónde estoy?
Suena la música de las sevillanas. Una mujer canta. ¿Sueño o velo?
Como se enredan en el botón de la chaqueta los flecos del mantón de una hermosa gitana, no hay prisa en liberarse, la feria te engancha. Ya nos iremos…
Ahora, vamos a pasarlo bien.
Hoy empieza la feria.
Es una fiesta alegre, luminosa y bella.
Todo se suspende cuando se pisa el albero. La ciudad cambia, nos adentramos en un mundo ficticio, que no falso. Es la ciudad utópica, donde todo es bueno. Es el retorno al paraíso perdido. A veces se va con preocupaciones, que se disuelven cuando uno entra en una caseta y apoyado en la barra se toma una copa de vino. Cuando se ve un grupo de mujeres bailando al son de las guitarras. Volantes, lunares, flores y cante.
Me voy a sentar a la puerta a ver pasar los coches enjaezados, a la calesera, a la inglesa… Suena el cascabeleo argentino. Madroños de colores, mulas, catites, sombreros de ala ancha, de copa, caireles y zahones…
El sol destella sobre el vino de oro y el albero se deshace en partículas mágicas y etéreas… a su través veo los caballistas, la bella amazona, como una diosa efímera. ¿Dónde estoy?
Suena la música de las sevillanas. Una mujer canta. ¿Sueño o velo?
Como se enredan en el botón de la chaqueta los flecos del mantón de una hermosa gitana, no hay prisa en liberarse, la feria te engancha. Ya nos iremos…
Ahora, vamos a pasarlo bien.
martes, 29 de abril de 2014
CENTENARIO
Hoy cumple cien años mi tía Marciala.
Sólo personas con cien años pueden tener esos nombres tan extraños. Aunque a mí me parece normal porque lo he oído desde que nací. Pero su padrino fue el Marqués de San Marcial, entonces factótum de Utrera y de ahí el nombre. Podía haber sido peor, claro.
Su padre era un señor muy mayor, médico y alcalde, con barbas grandes y bigotes rubios que murió con poco más de 50 años. Pero los señores de la época siempre eran muy mayores y muy serios y formales. Y así lo acreditan las fotografías sepias.
Los nueve hermanos formaban una familia numerosa, común entonces. Vestidos de marineritos aparecen en un retrato, mirando fijamente la cámara.
Marciala era la sexta, y desde hace años la única superviviente de una época y de un estilo.
Conserva el porte, la elegancia innata, aún en su silla de ruedas, y sobre todo sus hermosos ojos claros, azulísimos, transparentes, que son la nota característica de los Carriones rubios, no de mi abuela, y que por tanto ni mis hermanos ni yo hemos heredado.
Vivía en un pueblo, pueblo, de los de entonces. Con su casino, sus señoritos, sus labradores. Muy de campo, de cortijos, de cosechas, de trigo y olivares, de toros y dehesas, con olor a pan candeal, a leña, estiércol y a huertas.
Correteaba por esas casas grandes de patios y corrales, con alacenas enormes de garbanzos y aceite, y jamones y embutidos que duraban todo el año y que daban como pago al médico, en especie.
Su madre les contaba la pérdida de la fortuna familiar con la Guerra de Cuba, su añoranza de un Cádiz colonial, con grandes casas de los comerciantes de ultramar, del negrito antillano que trajeron como criado, de las bodegas y los ingenios de azúcar allende los mares… De su tío loco que entraba en las tiendas de Paris y rompía con su bastón de plata los objetos de porcelana y cristal.
Vivió una infancia alegre y su juventud estuvo marcada por la guerra. Ella va desgranando lo nombres de los amigos que fueron asesinados por ser “gente de orden” y la revancha terrible contra los rojos, que fueron asesinados después, por ser rojos.
Ella recuerda como le marcó el sonido de las campanas cuando reanudaron sus toques al fin de la guerra... Esas campanas, que cuando suenan cada día ni se notan, pero que cuando enmudecen parece que es el mundo el que se para…
Marciala Carrión era de una belleza excepcional. Estudió magisterio tras el instituto. Su padre, que no era un hombre al uso, quería que todas sus hijas tuviesen una forma independiente de ganarse la vida, y así fue.
Marciala, tuvo varios pretendientes, y parece que ella se enamoró del que no le convenía. Nunca se casó.
Cuando murió su hermana, mi abuela, se puso al frente de la farmacia de esta y allí estuvo entre fórmulas y papelillos, medidas y balanzas.
La tía Marciala siempre ha sido ingeniosa y era única para hacer los disfraces que nos mandaban en el colegio. Con cuatro retales hacía maravillas y a todos nos ha sacado de un aprieto. Sus jerseys de punto, todavía nos duran, y cuando vamos a algún sitio donde se presume que hará mucho frío, todavía se oye decir: llévate un jersey gordo de la tía Marciala.
La tía Marciala, ha sido una mujer muy bella, muy buena y muy generosa. Siempre ha estado cerca de aquel que lo ha necesitado, que han sido muchos: padres, hermanos, sobrinos, amigos…
La tía Marciala es digna de un monumento y encendidos elogios por la sencillez y grandeza de su vida que ha trascurrido hasta ahora sin aspavientos ni alharacas. Sus bellos y serenos ojos azules, guardan como un océano, los secretos, que toda vida encierra y que se irán con ella.
Yo hoy he querido traerla a este blog para rendirle este breve, íntimo y merecido homenaje.
Hoy cumple cien años mi tía Marciala.
Sólo personas con cien años pueden tener esos nombres tan extraños. Aunque a mí me parece normal porque lo he oído desde que nací. Pero su padrino fue el Marqués de San Marcial, entonces factótum de Utrera y de ahí el nombre. Podía haber sido peor, claro.
Su padre era un señor muy mayor, médico y alcalde, con barbas grandes y bigotes rubios que murió con poco más de 50 años. Pero los señores de la época siempre eran muy mayores y muy serios y formales. Y así lo acreditan las fotografías sepias.
Los nueve hermanos formaban una familia numerosa, común entonces. Vestidos de marineritos aparecen en un retrato, mirando fijamente la cámara.
Marciala era la sexta, y desde hace años la única superviviente de una época y de un estilo.
Conserva el porte, la elegancia innata, aún en su silla de ruedas, y sobre todo sus hermosos ojos claros, azulísimos, transparentes, que son la nota característica de los Carriones rubios, no de mi abuela, y que por tanto ni mis hermanos ni yo hemos heredado.
Vivía en un pueblo, pueblo, de los de entonces. Con su casino, sus señoritos, sus labradores. Muy de campo, de cortijos, de cosechas, de trigo y olivares, de toros y dehesas, con olor a pan candeal, a leña, estiércol y a huertas.
Correteaba por esas casas grandes de patios y corrales, con alacenas enormes de garbanzos y aceite, y jamones y embutidos que duraban todo el año y que daban como pago al médico, en especie.
Su madre les contaba la pérdida de la fortuna familiar con la Guerra de Cuba, su añoranza de un Cádiz colonial, con grandes casas de los comerciantes de ultramar, del negrito antillano que trajeron como criado, de las bodegas y los ingenios de azúcar allende los mares… De su tío loco que entraba en las tiendas de Paris y rompía con su bastón de plata los objetos de porcelana y cristal.
Vivió una infancia alegre y su juventud estuvo marcada por la guerra. Ella va desgranando lo nombres de los amigos que fueron asesinados por ser “gente de orden” y la revancha terrible contra los rojos, que fueron asesinados después, por ser rojos.
Ella recuerda como le marcó el sonido de las campanas cuando reanudaron sus toques al fin de la guerra... Esas campanas, que cuando suenan cada día ni se notan, pero que cuando enmudecen parece que es el mundo el que se para…
Marciala Carrión era de una belleza excepcional. Estudió magisterio tras el instituto. Su padre, que no era un hombre al uso, quería que todas sus hijas tuviesen una forma independiente de ganarse la vida, y así fue.
Marciala, tuvo varios pretendientes, y parece que ella se enamoró del que no le convenía. Nunca se casó.
Cuando murió su hermana, mi abuela, se puso al frente de la farmacia de esta y allí estuvo entre fórmulas y papelillos, medidas y balanzas.
La tía Marciala siempre ha sido ingeniosa y era única para hacer los disfraces que nos mandaban en el colegio. Con cuatro retales hacía maravillas y a todos nos ha sacado de un aprieto. Sus jerseys de punto, todavía nos duran, y cuando vamos a algún sitio donde se presume que hará mucho frío, todavía se oye decir: llévate un jersey gordo de la tía Marciala.
La tía Marciala, ha sido una mujer muy bella, muy buena y muy generosa. Siempre ha estado cerca de aquel que lo ha necesitado, que han sido muchos: padres, hermanos, sobrinos, amigos…
La tía Marciala es digna de un monumento y encendidos elogios por la sencillez y grandeza de su vida que ha trascurrido hasta ahora sin aspavientos ni alharacas. Sus bellos y serenos ojos azules, guardan como un océano, los secretos, que toda vida encierra y que se irán con ella.
Yo hoy he querido traerla a este blog para rendirle este breve, íntimo y merecido homenaje.
domingo, 27 de abril de 2014
El grillo
Ayer se pasó toda la noche cantando. Bueno, me traía el campo a la ciudad, y a pesar de su cri-cri reiterativo, me pude dormir haciendome idea de que estaba en un cortijo, bajo las oscuras estrellas en la vega fertil de la Baja Andalucía. Sólo faltaba el ladrido de algún perro lejano para que todo fuera perfecto.
Pero hoy, hace un rato, ha empezado con su sonoro canto, y mis hijos han protestado. La verdad es que se oye como si estuviera dentro. Debe estar en la azotea. He subido con una linterna. Manolito estaba un poco temeroso, y me preguntaba que de qué tamaño son los grillo ¡tanto ruido hacía y tan urbanitas somos!
Lo encontré, pobrecito. Tenía que matarlo, no lo iba sólo a cambiar de sitio para que diera la tabarra desde la otra esquina de la azotea. Lo aplasté, inmisericorde, con un zapato que llevaba en la mano. Crepitó. Uf, qué lástima. Si fuera una cucaracha... pero un grillo, tan simpático y rupestre... En fin, me pregunto algo preocupado despues ¿me estaré volviendo vegano?
Pero hoy, hace un rato, ha empezado con su sonoro canto, y mis hijos han protestado. La verdad es que se oye como si estuviera dentro. Debe estar en la azotea. He subido con una linterna. Manolito estaba un poco temeroso, y me preguntaba que de qué tamaño son los grillo ¡tanto ruido hacía y tan urbanitas somos!
Lo encontré, pobrecito. Tenía que matarlo, no lo iba sólo a cambiar de sitio para que diera la tabarra desde la otra esquina de la azotea. Lo aplasté, inmisericorde, con un zapato que llevaba en la mano. Crepitó. Uf, qué lástima. Si fuera una cucaracha... pero un grillo, tan simpático y rupestre... En fin, me pregunto algo preocupado despues ¿me estaré volviendo vegano?
sábado, 26 de abril de 2014
Trapiello, Baltanás y Rivero Taravillo.
En Tomares, quien lo diría, una mesa redonda de excepción. E. Baltanás, Rivero Taravillo y Trapiello.
Tenía especial interés en conocer a Trapiello en persona, ya que quería confirmar si casaba esta con una obra excepcional. Muchas veces hay un desfase increíble entre una y otra. A los otros ponentes, muy buenos también, al ser sevillanos ya los conocía.
No me decepcionó. Es más, me sorprendió positivamente, lo que ya es difícil, pues sus diarios o como quiera llamárseles me fascinan, y su poesía también. Pero debo decir que apareció tan jovial como me lo imaginaba, más joven de lo que aparenta en fotos, la verdad y habló increíblemente bien, con gran seriedad y profundidad de A. Machado, pero con gran amenidad y encanto. Un tipo simpático. Los versos los lee de modo magistral. En fin, que di por buena la parafernalia que tuve que montar para asistir. Me tuve que llevar tres niños, que jugaron al futbol entretanto, en la plaza de al lado y, al cabo de la hora y cuarto, me tuve que ir corriendo en pleno debate porque tenía que recoger a otro de un concierto del conservatorio… gajes del oficio.
Tenía especial interés en conocer a Trapiello en persona, ya que quería confirmar si casaba esta con una obra excepcional. Muchas veces hay un desfase increíble entre una y otra. A los otros ponentes, muy buenos también, al ser sevillanos ya los conocía.
No me decepcionó. Es más, me sorprendió positivamente, lo que ya es difícil, pues sus diarios o como quiera llamárseles me fascinan, y su poesía también. Pero debo decir que apareció tan jovial como me lo imaginaba, más joven de lo que aparenta en fotos, la verdad y habló increíblemente bien, con gran seriedad y profundidad de A. Machado, pero con gran amenidad y encanto. Un tipo simpático. Los versos los lee de modo magistral. En fin, que di por buena la parafernalia que tuve que montar para asistir. Me tuve que llevar tres niños, que jugaron al futbol entretanto, en la plaza de al lado y, al cabo de la hora y cuarto, me tuve que ir corriendo en pleno debate porque tenía que recoger a otro de un concierto del conservatorio… gajes del oficio.
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