viernes, 17 de abril de 2026

Tarde redonda





A las seis estaba en la Puerta del Príncipe, con un ambientazo de tarde de gloria que se esperaba.

Así fue.


A las ocho de la tarde tenía la presentación del libro de poesía de Víctor Jiménez, gran poeta y amigo, en el RC de Labradores. Los hados se habían cruzado para que coincidiesen dos grandes eventos sin darme cuenta.


A Víctor le dije que llegaría tras el segundo toro de Morante.


Menos mal. Ese segundo toro fue un prodigio de arte. Una faena continua como jamás he visto: tomó el capote al filo de las tablas y lo unió a las banderillas y a la muleta en una sinfonía infinita —banderillas incluidas— que solo soltó cuando tomó la espada. No hubo tiempo ni espacio. La plaza, vuelta del revés. Un prodigio.


Así, pletórico, cogí la bici, aparcada justo en la puerta, y a las 20:20 estaba sentado a la mesa junto a Víctor Jiménez, José Mateos y José Cenizo, disfrutando de otro acto memorable, donde las soleares de Víctor sobrevolaron el salón como las flores que había deshojado minutos antes Morante con el capote sobre el albero maestrante.


Carmen Yruela desgranó las coplas con las letras del poeta y se creó un momento íntimo y mágico que cerró una tarde para la memoria.


¡De oreja y rabo!