Estamos en Sanlúcar.
Una de esas ciudades, quien osará llamarlo pueblo, en la que la historia del mundo se ha fraguado durante algunos siglos.
Si aquí han desembarcado los galeones trayendo de allende los mares los productos desconocidos de nombres extraños y sonoros : tomate, chocolate, patata... y mucho oro y loros y todo lo demás... eso deja una huella indeleble; en sus casonas de escudos vencidos y desvencijados, en sus araucarias que se asoman entre las espadañas de los conventos y palacios, en sus bodegas, en sus villas caprichosas de la Belle Epoque y miradores blancos hacia el azul del mar con un marinerito que hace rodar un aro y una nurse francesa quejandose detrás.
Hoy hemos estado en el mercado.
Si entras






