jueves, 19 de enero de 2023

LATIDOS

Si hay una cosa por la que merece la pena luchar y mojarse y quedar en evidencia es por esto de la vida, de la vida sagrada del ser humano.

La medida de ofrecer escuchar el latido de un hijo en el vientre de su propia madre antes de acabar con él ha causado una feroz oposición, han saltado como endemoniados ante el agua bendita las huestes que consideran el aborto un derecho.

La perversión es mayúscula. Cómo se tergiversa el lenguaje para engañar: “interrupción voluntaria del embarazo”. Efectivamente lo es, pero también es decir “matar al feto en tu propio vientre” “parar el corazón de un hijo en el seno materno”, en definitiva matar a una criatura que va a nacer.

La eficacia de la medida (dicen las estadísticas que sí lo es) no es necesaria para justificar su implantación, ya me vale el hecho de que que estalle en la sociedad y retumbe como el golpe de un cañón. Ya ha merecido la pena. No sé a quien beneficiará más, si al PP, a Vox o a Pedro Sánchez. Realmente me da igual, sé que beneficia a todos desde el momento en que como un aldabonazo resuena el corazón de un niño que va a nacer en el silencio anestesiado de esta sociedad que mira para otro lado. (Doce años un recurso en el constitucional paralizado, veremos que rápido ahora con la mayoría “progresista” y que vergüenza esto haber normalizado el tildar a los jueces como de uno u otro bando, sin sonrojarse)

Que no es momento, que no conviene, que se le hace el juego a este o aquel… No, siempre es momento de defender al débil y evitar la masacre.

Siempre es momento de oponerse al mal sin ambages. Siempre es momento de oponerse a la esclavitud, por ejemplo, o al asesinato de judíos. El aborto toca ahora porque está consentido y además se le llama derecho. Otros males, en otras épocas y lugares admitidos, ya son reconocidos como criminales, lo pavoroso del aborto es que ya no se considera un mal, ni siquiera un mal menor, sino ¡un bien!

Por eso se aplaude en las cortes cuando se aprueba una ley que facilita la matanza y se grita con furia cuando se establecen medidas disuasorias, por minimísimas que sean, ya ves, “ofrecer la posibilidad” de escuchar un corazón…

Las masas abortistas que impiden incluso rezar silenciosa y pacíficamente ante las clínicas no quieren que las mujeres dejen de abortar. ¿No es tremendo esto? Prefieren que, en la disyuntiva, la mujer aborte, están encantados con las estadísticas que dicen que cada año hay más abortos, ven el crecimiento de esas cifras como un logro ¿cabe perversión mayor? Quieren que la mujer no sea consciente de lo que hace y que se deshaga de su hijo como el que se quita una muela molesta..

Por eso bienvenido sea el sonido  poderoso del corazón que toca corazones, el latido que despierte las conciencias. Que resuene en medio del silencio de los inocentes y no cese: pom -pom-pom-pom-pom...

lunes, 19 de diciembre de 2022

POÉTICA DEL MONASTERIO

Como dos viejos amigos, que lo somos, nos saludamos con gran alegría tras reconocernos después de ¿seis años? más jóvenes que entonces.

Era el día de la tertulia mensual del Tranvía en el Círculo de Labradores, donde desde hace ya cien años se reúnen personajes de la Ciudad. Compartimos mesa con Fernando, que es una persona culta y encantadora, además de guardar la llave de los sótanos del Banco de España en Sevilla.

Comenzamos el paseo por las calles estrechas de adoquines, una reja aquí, una fuente en un patio, los mármoles de las colosales columnas de un templo romano vencido por los siglos, restos del muro de la olvidada Judería, la casa del Cardenal Wiseman con los recuerdos de la novela famosa y de la escuela inglesa de católicos conversos del siglo XX que tuvo aquí su más lejano origen...

Junto a esta, como un huerto cerrado, los muros de otra casa, teñidos de almagre, nos hacía presentir la belleza mudéjar de su alma. Le comentaba yo  a Armando las delicias escondidas de mosaicos y azulejos vidriados y de la familia que aún lo habita, conservando la esencia, de lo que aún es Sevilla, con la suerte de que topamos con el regreso del paseo cotidiano de la centenaria, y admirable por tantas cosas,  dueña de la casa con su hijo, mi amigo Cristin Salinas.

Qué amabilidad la suya, que nos introdujo en el hortus conclusus y pisamos los mármoles de Itálica, los barros renacentistas, los mosaicos de Trajano que suelan los patios, subimos a los salones de galerías emplomadas y zócalos del quinientos y hermosos cuadros de vírgenes y santos y retratos familiares de la aristocracia catalana y andaluza y un posible y exquisito Zurbarán y fotografías firmados de los reyes dedicados a la familia, y mullidas alfombras que apagaban los pasos nuestros por el claustro acristalado... y una biblioteca con cartas de enmarcadas de los Reyes Católicos y viejo tomos de piel gastados por los años.

Techos de maderas tallados y puertas de conventos desaparecidos y una luz que, cada vez más tenue nos introdujo, en otro mundo de sueño y encanto, de mercaderes de Indias y aristócratas que habitaron estos muros desde hace cientos de años.

Salimos embriagados de asombro y sosiego a la sombra luminosa de la Giralda resplandeciente, que nos esperaba al final de la calle como una flecha de fuego en la noche.

Llegamos al Círculo y aguardaba Lutgardo, el poeta, que presentaba al escritor y en el salón de arriba por encima del  patio barroco de los agustinos de Figueroa, con columnas torsas y mascarones grotescos, en una intimidad inolvidable tuvo lugar el encendido del hogar, como si regresásemos; se inflamaron las palabras del médico poeta y amigo describiendo la profundidad de la obra de Armando Pego. Este, con la humildad del genio nos descifró su pensamiento, unos atisbos del luminoso libro que reseñábamos. Todos quedamos incluidos en el cerco de la chimenea cálida que se quedó prendida en el sosiego vespertino. 

Hay actos cuya repercusión no la sabemos en el instante, como una piedra en el estanque, serán sus ondas las que ampliarán sus ecos en el lago tranquilo, restallando en el tiempo. Así fue esa tarde, esa noche de noviembre en Sevilla. Ahí quedaron los ecos entre poetas y amigos, José María Jurado también estuvo y Víctor Jiménez y nos retrató Pepe Morán  y en verdad que "la noche se puso intima como una pequeña plaza..."

Una cerveza última en El Salvador, bajo mi casa encendida y un abrazo y una despedida que no lo es, porque como dijo mi amigo, Barcelona y Sevilla están muy cerca, muy cerca, como nuestros deseos, inquietudes e intereses que superan el tiempo y la distancia.


Fotografía: Pepe Morán


lunes, 1 de agosto de 2022

GORDOS, FLACOS Y OTROS CUERPOS EXTRAÑOS

 




Sin complejos, y eso está muy bien. Corre por ahí una campaña, pagada con el dinero de todos los contribuyentes, que somos usted y yo, que incita a la exposición desinhibida de los seres humanos en todas sus formas y figuras… Cada uno es como es y no vamos a andar ocultándonos por ser gordos, calvos, bajitos o enclenques, pero… Una cosa es vivir retraído y otra el exhibicionismo petulante, que es lo que hoy impera por doquier.

Que un paseo por la playa es una experiencia desastrosa lo constata cualquiera, porque la gente va a lo suyo y le importan un ardite todos los demás. Y así nos va. ¡Tápense, por Dios, tápense! Que no hay porque airear lo que debe estar oculto. Qué exasperante, esas nalgas informes, esas piernas canijas y blanquecinas, esos cuerpos marchitos… con los pareos que hay con prints de estilo étnico o asociados con el universo de los viajes o la playa, o las hermosas camisas de hilo y algodón o “kurtas”y “caftanes” a la última, que nos cubran los pechos escuálidos y los vientres de batracio.

Pero, no ¡la playa es mía! y quien dice la playa, dice el paseo o la terraza de veladores. Gente indecorosa y feísima que se dejan ver en toda su truculencia: tatuajes insólitos, chanclas perturbadoras, tristes pantorrillas…

Pues no, ni la calle, ni la playa, ni el mundo es suyo, estamos obligados a convivir y una norma básica es no ofender al prójimo, y si usted es poco estético, como suele ser habitual, salvo que tenga la suerte de estar en esa franja de edad, ay, tan fugaz, pongamos que de los quince a los treinta, por favor, camúflese. Los demás no necesitamos ver sus miserias, ya tenemos bastante con las propias. Cúbranse, sean buenas personas, evítennos sus lorzas temblorosas, sus ajados despojos que andan pidiendo mortajas…

Y los cuerpos gloriosos, que haberlos haylos, gracias a Dios, tampoco se expongan con insolencia, sean sutiles, si lo bueno destaca, no es necesario pavonearse por la orilla jactándose de sus pectorales, ellos, o de sus teticas agudicas de venus de Cranach, ellas. Si en la discreción está el encanto. Pero no, ¡hala, todo el mundo, como cafres, a lo cómodo, como si estuvieran en su sala de estar, sin ropa, sin pudor, sin decoro, qué desagradable, los hunos y los otros! Me pueden ustedes decir que me quede en mi casa. Pues no. Conténganse un poco, que el verano es de todos. Si, además, me lo van a agradecer, una menor exposición solar mejora la piel y previene enfermedades, ataviarse con distinguidos ropajes alegra el ánimo, evita enfriamientos y enriquece a los tenderos. Mas no seamos pesimistas, es cierto, la mayoría carecemos de una belleza clásica, pero no todo está perdido, una buena capa todo lo tapa, decía el dicho clásico, y no solo eso, también lo realza... Realmente nadie es tan espeluznante que no pueda disimularlo. Y cuánto se agradece. Por eso, hágase, háganos un favor, tápese, ¿no ve que si no se le puede quemar el trasero?



lunes, 9 de mayo de 2022

Fin de Fiesta

La pobre de Pilar, con sus trece años, se dirige a casa de mi madre a pasar la noche y como no encuentra la parada de autobús en la dirección correcta cruza al otro lado donde sí ve un cartel con el numero Tres, pero claro, se trata de un circular y va justo en la otra dirección. Cuando ya creíamos que estaba llegando nos llama desde una lejana barriada en los chirlos mirlos. 

Nosotros estamos en la azotea tomando un pescado frito y despidiendo la feria, exultantes aún, tras venir de los toros y haber visto y levitado con la faena de Morante.

Está allí sola de noche. No te bajes del autobús -le digo- ponte cerca del conductor.

En cinco minutos parece que arrancará, ahora sí, en la dirección correcta. Mientras seguimos tomando unas cervezas encargamos a su hermana Reyes que esté conectada al móvil y pendiente de la niña.

Mi madre nos llama alarmada. Que con el Betis, que acaba de jugar, no llegan los autobuses a Reina Mercedes. ¡Ojú! Llamó de nuevo a la niña. Pregunta al chofer. Este le dice que sí, que sí pasa por allí. Falsa alarma, pues. Pero las madres siempre tienen razón.

Lleva casi dos horas de paseos por la ciudad, son ya las doce y comienzan los fuegos artificiales que vemos desde la azotea, tras la Giralda, acompañados de la música de Haendel, pero me interrumpe mi hija de nuevo -Papa que se ha desviado y no pasa por la casa de la abuela- ¡Mi madre!, los fuegos, la música, la niña y qué hago... -¿por dónde estas? pregunta al chofer.-le digo- Por Manuel Siurot- ¡Pues bájate ahí mismo, corre! Qué jaleo. Espero indicarle cómo se va desde allí. Los fuegos siguen explotando alborozados.

Se corta. Habla con su hermana. Que ya ha llegado a la esquina de La Botella y sabe ir. Descanso. Que está llegando. Que ya ha llegado. Mi madre alarmadísima a punto de darle un colapso. ¡Esa niña por ahí sola, y tú tan tranquilo, a mi me va a dar algo!

Por fin entra en casa. Uff, que tensión. Todavía quedan 10 minutos de explosiones que puedo ver tranquilo.

¡Vaya tela que fin de fiesta!




lunes, 18 de abril de 2022

JOSE MANUEL HOLGADO: LA MIRADA IMPREVISIBLE.


La madrugada del viernes al Sábado Santo murió José Manuel Holgado Brenes, y no fue casualidad, ni mucho menos, que su funeral fuese en la mañana de Pascua con la misa de Resurrección.

José Manuel es un sevillano original, sorprendente, culto, un personaje único. 

Su humildad ha hecho que pase desapercibido este gran artista.

Abogado, su pasión ha sido la fotografía. La historia del arte hispalense le reconocerá sin duda la gran aportación que ha realizado a nuestra Ciudad, como cronista gráfico de una época que desaparece con él. La Sevilla de la transición, la ciudad de los derribos, la de la pre Expo y posterior ensanche.

José Manuel era un señor con un sentido del humor singular, casi surrealista, sería el último de los cabales de aquellos de las casetas del 77 o de aquellos ultraístas de genial estrambote.

Su mirada era absolutamente extraordinaria. Con la cámara en ristre, cuando la fotografía era una técnica compleja, se le veía pasear por Sevilla para descubrir aquello que se nos escapa al común de los mortales.

Una visión originalísima, divertida, audaz, inteligente, disparatada a veces, genial siempre. El legado para su ciudad es inconmensurable. Sus fotografías y negativos deberán ser preservados como un monumento único para entender la Sevilla de la segunda mitad del siglo XX.  Son estos grandes artistas los que crean cultura y enriquecen nuestro patrimonio con su visión personal e insustituible.

José Manuel Holgado ha sido un personaje cuya labor se acrecentará con las generaciones venideras, con las tesis doctorales de que será objeto su obra. Pero yo quiero destacar su bonhomía, su alegría, su sonrisa, su sencillez. Cuántos personajillos y figurones en esta ciudad nuestra no dejan de aparecer en letras de moldes y sin embargo un artista de la categoría de este maestro, por iniciativa propia, jamás salía del círculo de la intimidad de su esplendida familia en la que tenía puestas todas sus complacencias.

Ayer fuimos a la parroquia de la Magdalena a despedirle, los pasos aún puestos, con la cera derretida, en la mañana de Resurrección. No puedo olvidar esas mismas madrugadas de mi juventud tomando churros con chocolate en su casa de la calle Arjona tras la Vigilia, con el piano, las fotos en las paredes, asombrosas, Maribel su mujer siempre acogedora, la abuela, sus hijos, mis amigos, todo luminoso, todo divertido; así quedará ya siempre en mi memoria.

Hombre de fe, José Manuel estará ya con la Virgen del Amparo y con Cristo resucitado, donde espero, que podamos, todos juntos algún día, celebrar la Pascua eterna con churros y chocolate incluidos.



miércoles, 30 de marzo de 2022

UN EJEMPLO DE HUMANIDAD Y EXCELENCIA

 

Ayer asistí a la Gala In, que la Fundación Sifu celebró en Sevilla. Se trata de un espectáculo en el que participan discapacitados.

Fue emocionante y conmovedor. La capacidad de superación del ser humano es increíble. La presentadora una joven, muy guapa, con un vestido de gala, no tenía brazos y le faltaba una pierna (esto no se le notaba pues lo cubría el elegante traje que llevaba). Aún así presentó con una naturalidad y profesionalidad asombrosa. Cómo ha llegado a superarse para estar ante dos mil personas en el teatro Maestranza dirigiendo una Gala como si tal cosa es algo que escapa a mi entendimiento y me admira, me asombra y me emociona, claro.

Un niño autista tocó una pieza de Bach maravillosa y un joven en una silla de ruedas sin movilidad prácticamente acompañó una pieza musical tocando con la mirada a través de una pantalla de ordenador.

El trabajo, el esfuerzo, el tesón, la voluntad aquilatada sin desesperarse dice mucho de la grandeza de estas personas y de los que las ayudan y acompañan. Sale uno transformado y esa es la misión de esta Gala. Los vídeos en los que los artistas se explicaban, una con ELA, otro sin dedos...era lo que permitía descubrir la discapacidad, porque el espectáculo era de tal calidad  que no se podía distinguir si una bailarina era síndrome de Down o la pianista era casi ciega.

La paradoja que se me vino a la mente es cómo una sociedad que hace estas maravillas y apoya la integración de personas consiguiendo estas cotas de belleza y hermandad a la vez permite (y casi incentiva) que estas mismas personas no nazcan permitiendo el aborto terapéutico hasta pocas semanas antes del nacimiento.

A todos los que apoyan ese crimen yo les llevaría a ver este espectáculo y a estos artistas para que pudieran mantener la mirada firme ante cualquiera de ellos y decirles después que ellos no sirven.


lunes, 31 de enero de 2022

LUNES

 

Hoy me levanto perezosamente y, no sé porqué,  me acuerdo de aquella cancioncilla que me cantaba mi tata cuando le decía que no tenia ganas de ir al colegio. 


Yo no quiero ir  la escuelaaaa

porque el maestro me pegaaaa

y me quita la pringaaa

y me da con la correaaa


¡A la escuela peeerro!


Debe de tener más de cien años el soniquete y sólo las palabras lo atestiguan.

Escuela y no colegio, maestro y no profesor, correa en vez de cinturón.

Es un testimonio de cómo ha cambiado todo, de la letra con sangre entra  a las denuncias al profesorado y de cuando se llevaba la pringá al colegio, tan sabrosa como esta canción de los lunes.