miércoles, 19 de junio de 2013

La punky

Se ha pelado al cero mi hermana Pilar, porque dice que así pasa menos calor.
Si no lo dice no se nota, porque se cubre perennemente con la toca.
Aun así, nuestra madre, madre siempre, se escandaliza de que "su niña", tan "mona", vaya rapada, y protesta:
Hija, si hay una guerra, desde luego os reconocerán enseguida.

A lo que mi/la hermana Pilar responde rápidamente, entre risas:

¡No te preocupes, mamá, entonces me pondré un piercing!

lunes, 17 de junio de 2013

A GOOD WEEK END

El viernes noche, con las calores, comenzamos el ciclo de cine de verano "Desde mi azotea". Esto es, proyección sobre la pared, entre el jazmín y la buganvilla.
Sillas, hamacas y pipas. Antes hicimos barbacoa (bueno, fue la princess, creo que se llama) con hamburguesas caseras que preparé (y estaban de muerte, todo hay que decirlo) y patatas al horno con kepchup y mayonesa. Por último helados. Las barras de Mercadona, superrecomendables para familias numerosas. La de turrón, excelente y la de chocolate con trocitos, para chuparse los dedos. Además la espolvoreamos con canela y ...¡umm!
Peliculón: ¡Con la muerte en los talones! Los más pequeños se van quedando dormidos y tengo que dar varios viajes escaleras arriba y abajo con ellos en brazo.
La azotea, de noche, es una delicia, los niños hasta se tapan con una mantita y la dama de noche, tras más de un años de arduos y penosos cuidados de riegos y trasplantes, se atreve a echar unas florecitas minúsculas que perfuman en la oscuridad. ¡Ya era hora!
El sábado tarde, hicimos "batidos de Ochoa", los mejores del mundo. Nos habían dado el secreto de la  receta de la famosa confitería, que ríase usted del de la Coca-cola, y que no voy a desvelar aquí, claro. Con sus bolas de helado, la nata, el caramelo...flipante.
Para terminar: Noche en la ópera. Fui con Reyes y los tres mayores al ensayo general de Rigoletto.
¡Fantástico! Los niños se lo pasaron en grande. ¿Quién dice que la ópera es aburrida? Manolito, al final de tercer acto, volvía la cabeza sobre mi hombro y repetía- yo no miro, yo no miro- cuando, en medio de una horrísona tormenta,  el malvado Sparafucile se disponía a clavar el cuchillo en el pecho de la cándida Gilda.
¿Qué si los niños pueden quedar impresionados? Espero que sí, y que quieran repetir...
La música de Verdi es maravillosa, las voces espléndidas. Me retrotraen a mi casa, a mi padre, siempre de fondo las voces de Pavarotti, Callas, Di Esteffano, Kraus...
Salieron entusiasmados.
El domingo, tras comer en la piscina, siesta y después, esta vez en la tele, era de día, vimos "Crimen perfecto", que si la llave era de la casa de ella o de la del muerto, que si condenaban o no a la guapísima Grace Kelly... el tiempo se nos echaba encima y teníamos que llegar a misa de ocho. Todos con el alma en vilo.  El The End apareció a las ocho menos tres minutos. Reyes, con su madre, que anda más despacio ya se había ido. Los demás bajamos como exhalaciones y corrimos calle arriba hasta llegar a "la Capillita" justo cuando salía el cura. Pilar no paró. Se subía al banco, se bajaba, iba con su madre, volvía conmigo, no quiso echar el dinero en la cestilla y se lo quedó para comprarse chucherías, en fin...

Tras la tortilla de patatas de la cena, todos a la cama.  Manolito, que estaba derrengado, nos hizo prometer que lo despertaríamos a las doce para ver el partido de España.
Tras un rato de tranquilidad, Reyes doblando calcetines y yo leyendo a Trapiello, salieron los jugadores al campo, sonó el himno de España y acto seguido nos fuimos a la cama, (Manolito dormía a pierna suelta) a descansar tras un estupendo week end.

jueves, 13 de junio de 2013

Los trigales

Cuando el sol acariciaba el trigo, se le venían a uno a la cabeza  las serranillas, las églogas y todas las pastoras  y zagalas  rubias que en el mundo han sido, en fin, que esas metáforas trilladas son muy exactas y atinadas...
Cuando se va al campo, nos damos cuenta de muchas cosas, obvias y hermosas.
Los niños que se montaron en la cosechadora y se hundieron hasta las rodillas en el camión donde se descargaba el grano aprendieron que el pan no surge por generación espontanea en la estantería del super y que hay que separar el grano de la paja.

El fin de semana de campo fue muy instructivo para todos.


sábado, 8 de junio de 2013

El club de los poetas vivos

Deliciosa la presentación ayer de la última obra de Rocío Arana, premio Adonais de poesía.
Se reunieron un grupo de poetas vivos, pero que muy vivos. J.J Cabanillas, Beades, Rocío y otros... Claro que faltaron EGM o AM.
Conocer personalmente a R y a B, fue una suerte.
Rocío Arana no defrauda, es tan luminosa como su poesía.

jueves, 6 de junio de 2013

Sagrario Corazón

MI hija Pilar vive en su mundo propio. Será que es la pequeña de los cinco y apenas le hacemos caso. Se la ve hablando sola dirigiéndose a sus amigos imaginarios, casi siempre dando órdenes:  Perico, tu aquí, María , tú al otro lado…a su bola.
Ella siempre está parloteando, y contando cosas, y yo no la escucho y le contesto pacientemente, si…si…, mientras sigo leyendo, o haciendo algo que tengo entre manos, sin enterarme realmente de nada. A veces tengo que rectificar sobre la marcha, porque he dicho que sí, donde deberá decir no o viceversa…y he respondido una barbaridad O escucho a mi mujer a lo lejos: ¿Ignacio, tú le has dicho a la niña que coja chocolate antes de comer? Y yo ¡glup! ni idea…
Cuando estoy solo con ella, y la escucho de verdad, es para no parar de reír, todo lo que dice es un puro disparate, tiene un revoltijo de cosas en la cabeza, que espero se vayan ordenando con el tiempo…
Cuando voy en la bici con ella, es una máquina de parlotear…
¡Mira, los soldados!- le dije el otro día- señalando los que iban a rendir honores a San Fernando, patrón de Sevilla. Y Contesta
-Esos soldados no van a “morirnos” ¿No papi? –
Me quedo extrañado-, No hija, no van a matarnos son buenos…
Ahh,-responde- esos romanos son buenos…
Voy atando cabos, para ella, soldados, romanos, judíos…es todo uno. Son los “malos” que van en los pasos de semana santa.
 Y además –continua con su lógica de cuatro años- nosotros no somos Jesús, somos gente. Y yo confirmo su aseveración,-¡ claro, claro somos gente…!

Ayer no más decía mientras íbamos en bici a Mercadona, a comprar los ingredientes para un bizcocho de chocolate blanco que voy a hacer hoy. Pilar delante, Santiago en el sillín de atrás, y yo en medio pedaleando:
-Papá, mañana tenemos los cuchillos,¿no?...Yo con cara de poquer,  y lo repetía de nuevo esperando mi contestación. Menos mal que su hermano Santiago, con un año más, es su traductor homologado  y me explica, un poco como a los tontos, lo para el obvio: Papá, a los cursillos, quiere decir a los cur-si- llos...
Ahora lo entiendo, se refiere a los cursillos de verano a los que están apuntados …
Y  Pilar, continua en un batiburrillo sin fin:
Mira papá, lo que he aprendido en el cole:
Sagrario Corazón de Jesús, en voz- y se señala la boca- en voz repite  señalando otra vez-, confííío  en ti
Yo la corrijo muerto de risa, no es voz, ni tiene nada que ver con la voz, es vos, y además es Sagrado…
Ella como si nada:
 y tiene el corazón muuuy graaande,
 y hace un gesto con los brazos, como queriendo abarcarlo todo
 y nosotros- explica- tenemos que ser bueeenos, y no pegar a los niiiños, y no salirnos de las rayas, y hacer los trabajitos muy bieeen cuando la Seño dice que va a poner nooota, y prestar las cooosas, y obedecer al primeera…
Y sigue, y sigue, y sigue…

¡Tan lejos, tan cerca...!

El mundo está lleno de belleza a flor de piel. No hay más que abrir los ojos.
o abrir la antología, al azar:

¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Se me torna celeste la mano, me contagio de otra poesía
Y las rosas de olor, que pongo como ella las ponía, exaltan su color...


Y JRJ, que es la pura poesía, la pura síntesis de la emoción pura, nos exalta, como el color de las rosas.

Y de fondo suena la hermosa aria de Sansón y Dalila, y cuando la mezzo afila su voz y canta "Mon cœur s'ouvre à ta voix" ("Mi corazón se abre a tu voz") http://www.youtube.com/watch?v=E_TVys3zd64, entonces, cuando el alma llora junto a los violines, uno se pregunta, ¿Qué buscamos afuera? ¿A dónde voy? Si tengo la plenitud al alcance de la mano.

Y mis pisadas dejan resplandores...

martes, 4 de junio de 2013

Corpus en la Magdalena (y II)



Caminamos solemnes, como corresponde a las circunstancias, delante de la custodia.
La temperatura no es excesiva este año, aún así, buscamos la sombra, y procuramos pararnos un poco antes o después, según toque, para quedar amparados del sol brillante. Cuando no hay más remedio quedamos cara al sol, que le vamos a hacer.
El cirio rojo chisporrotea, se resiste, lucha pero sucumbe a la brisa inmisericorde. El jefe de tramo lo vuelve a encender con paciencia infinita. Al iniciar cada andadura, leves gotas nos salpican el zapato pulido, que habrá que rascar con un cuchillo antes de guardarlo en la caja con papel de seda hasta el próximo año o la siguiente  boda . Espero que no llegue la sangre al río, esto es, al pantalón. Si no, esos goterones rojos, serán el acicate para la bronca doméstica, con el reiterado ¡Hijo, eres un desastre! Mientras  el papel de estraza absorbe las manchas y la plancha humea, tanto como la planchadora.
La procesión de la Magdalena, es una de esas delicias casi secretas de la Ciudad. El Corpus Grande sigue siendo el jueves, pero este “Chico” por la secular collación del antiguo Convento de San Pablo es plato para pocos. Cuando caminas,  ves las caras del público congregado. Son las mismas de siempre, y están vinculados de una manera u otra a este barrio y estas calles. Son hermanos de las hermandades  de la zona, Montserrat, el Calvario, la Quinta Angustia, muchos ya no viven aquí, pero lo hicieron sus padres, sus abuelos, y vienen todos los años bien temprano desde Nervión o los Remedios y se paran a ver la procesión intima, en la acera, donde, quizá, ya ni ellos lo saben, estaba el caserón secular de sus ancestros y que hoy es un edificio moderno de los malhadados sesenta.
Esos niños arreglados, peinados, oliendo a Alvarez Gómez o Gotas de Oro, cogiendo cera;  esos carritos que la madre ha preparado cuidadosamente para la ocasión, con las sabanitas de hilo, de la canastilla que le ha hecho su madre, sorprendida en abuela, durante todo el embarazo, con la ilusión renovada de la planta añosa vivificada por un borbotón de savia nueva…
El recorrido es bellísimo, las calles recoletas, estrechas. Los aleros nos cubren frescos, las macetas de gitanillas estallan esplendentes en los balcones. Cada cual saca a la calle lo mejor de cada casa. Aquella colcha de boda bordada, el repostero de seda, las banderolas, la colgadura de tisú con motivos eucarísticos y los mantones, los hermosos mantones tan españoles, tan nuestros… que fueron traídos de la China en el Galeón de Manila
De Cuba, de Filipinas vinieron en un barco…
Este era de tu bisabuela- se escuchará decir a la señora de blancos cabellos, dirigiéndose a la nietecilla, que apenas la escucha, mientras lo saca del arca que huele al alcanfor y espliego, o del cajón de la enorme cómoda de caoba de la buena, buena (de la que ya no se hace, dirá) y perteneció a su hermana,-continuará con sus ensoñaciones-  que murió de unas fiebres, poco después de ponerse de largo, en un pueblo de la sierra donde la mandaron sus padres para apartarla de un novio que no le convenía…allá a primeros de siglo… (Se refiere al otro siglo, claro).
Y se despliega en el balcón una lluvia alborozada de rosas y pájaros  exóticos tejidos en seda malva. Son las flores que lanzan al Santísimo  las manos  finas, delicadas, con las arrugas y las manchas  de la edad, de esa abuela, en las que se perciben, invisibles,  las de la madre de esta, y, a su vez , las de la de aquella…en un remolino feliz, en que se han quedado prendidas para siempre, enredadas en el balcón de la vieja casa, para florecer cada primavera.
Y esa nieta que no entiende todavía, las llevará sobre sus hombros en una feria venidera, cuando sus mejillas  iluminadas de núbil alegría, de ilusiones cristalinas, hagan sombra a las rosas bordadas y, ay, que extenderá de nuevo al final de su vida, cuando vaya a pasar la custodia de plata bajo su balcón y su nieta le tiré impaciente del traje porque ya se escuchen las cornetas del bando que anuncia las vísperas…

Y seguimos caminando, y vemos, en esas pensiones ocultas, en esos hotelitos pequeños que proliferan en este barrio céntrico, una japonesa que se asoma al balcón. ¿Qué pensará- pensamos- al ver este espectáculo pintoresco? Flores, música, pétalos, pasos, incienso, el cortejo barroco, sofisticado y secular de la historia, de una parte de la memoria viva, de la Hispalis, otrora triunfante, de aquella metrópoli de un mundo ignoto recién traído a la fe y al sol de occidente.
No entenderá nada, como cuando nosotros vemos los dragones orientales de pólvora y humo que saludan al año del tigre o del elefante.
Nos verán pasar, como estatuas vivientes, como figuras hieráticas de un teatro, como máscaras impasibles, como cuando en un país extranjero, nosotros vemos las ceremonias arcanas de porte regio, donde caballeros de amplios ropajes y pelucas abren el Parlamento o cierran las Cámaras o portan el Sello, o qué se yo, que desconocemos por completo, y no imaginamos que sean seres humanos sus figurantes, sino como espíritus que siempre estarán ahí para continuar devanando el hilo de los tiempos. Y sonrío, pensará la joven turista oriental, al verme tan formal, que quizá tenga un palacio vetusto, donde viva, semioculto entre los libros de una esplendida biblioteca de pergamino y vitela, rodeado de Murillos, Velázquez y Zurbaranes, pintores de la tierra al fin y al cabo, y que, no tiene más remedio, los caballeros sevillanos tendremos colgados en las umbrías paredes de nuestros salones. Lo que no puede imaginar, es que al filo del mediodía me podrá ver, con veraniego atuendo, casual wear clothing, diríamos, en bicicleta, con dos niños arreguinchados en la misma, y  dirigiéndome raudo a darme un chapuzón en la piscina.
Pero la vida es más sorprendente de lo que imaginamos…
Y en otro balcón, semioculto, no quiere ser visto, un viejo se asoma, vemos el andador, y el pijama, tras la cortina, y en un balcón acristalado  han acercado la cama del enfermo, para que sienta la proximidad del Dios que se acerca, y en otro, los niños tiran pétalos, alborotados, flores e infantes:  enjambre de luz, color, risa y vida…
Y pasamos por la plaza del convento desamortizado, y por los altarcitos de los zaguanes, y el romero se quiebra cuando se pisa, y deja escapar su esencia agreste, de tierra y sierra, de lomas montaraces y secas.
Poco a poco vamos regresando…
EL coro de las voces cantan al amor de los amores, en un soniquete que tenemos grabado, desde que junio es junio, y nos retrotraen a esos días que nunca acaban…Calurosas novenas, trisagios, ejercicios: abanicos, coloridos trajes, fresquitos, de las damas de la asociación tal o de la parroquia cual o de Hijas de María o de la cofradía de las hermanas de esto o aquello … tan decimonónico, tan del Sagrado Corazón, tan provincianito…
Escuchamos , las marchas jocundas, al son de las campanas, y entra la procesión triunfal y majestuosa. La calle se queda huérfana.
Asimos el varal de un palio antiquísimo, labrado con acantos en el diecisiete, en plata que donó el Capitán Beltrán de Benavides, indiano afortunado, y bienhechor de esta Real Hermandad Sacramental de la Parroquia de Santa María Magdalena de Sevilla.
Acompañamos al Santísimo, muy cerca, hombro a hombro con el sacerdote que lo porta. Somos conscientes del privilegio.
El órgano resuena en ondas que revolotean por entre las arcadas, rebotan en las naves, chocan contra los retablos y se introducen en nuestros pechos.
¡Laudate dominum, omnes gentes…!. Entona el sochantre..
Y llega el momento cumbre, excelso, de la bendición solemne.
El sacerdote, con la capa pluvial, toma la custodia en sus manos y la eleva, altísima, sobre todos los hombres, sobre todas las cosas. Catorce pesados ciriales de plata, se elevan a la par por catorce acólitos revestidos con dalmáticas de damasco veneciano. Todos los cirios encendidos: de  los pasos, de los altares, de los partícipes en la procesión. Todos arrodillados ante la custodia magnífica. La luz, ya del mediodía, entra a raudales y los incensarios oscilan humeantes, exhalan vaharadas densas del olor profundo que exalta a Dios desde los tiempos del Tabernáculo de Abraham, del Santo de los Santos, donde se guardaba el Arca de la Alianza, en el ámbito secreto del templo de Salomón…
Y justo en ese instante, eterno, de la elevación , cae una cascada de pétalos de rosas, desde la altísima bóveda, que acarician el Cuerpo de Cristo, expuesto exactamente, bajo el torrente florido,  ante el retablo inmenso, que caracolea en oro y sol; y retumban, impresionantes, majestuosos,  los acordes del Himno de España, jubiloso y solemne.
Tantum ergo Sacramentum,  veneremur cernui…
Se reserva el pan sagrado.
Todo ha terminado.
Vamos saliendo, como despertando de un sueño, del misterio del templo  a la luz cegadora de la mañana del final de la primavera. La iglesia quedará vacía, aunque el pálpito de una llamita temblorosa la llene.
El calor aprieta.
Las calles están solitarias. Todos se han refugiado en la frescura de las estancias con las persianas medio corridas.
Manolito me da la mano, a Pilar la llevo a hombros, a pesar del chaqué. Toda la familia, que ha venido a ver la entrada, regresamos juntos. Cada uno a su manera, todos, hemos sentido la hierofanía hermosa de Dios entre nosotros.