viernes, 29 de junio de 2012

Aquí reina el instante.


Ayer tuve una grandísima satisfacción. Organizamos el año pasado un curso sobre Gestión del Patrimonio. Diseño, organización y producción de exposiciones, que se ha desarrollado los últimos meses.
Nuestros alumnos, como proyecto de fin de curso han hecho realidad una exposición magnífica de fotografía. Aquí dejo el blog que han elaborado, estupendo trabajo: http://aquireinaelinstante.wordpress.com/
Hoy se inaugura.
Y sorprendente,  el hilo conductor que han elegido es un poema de una de mis poetas favoritas, la polaca Wislawa Szymborska  y que da nombre a la exposición. Aquí reina el instante. ¡Qué acierto!

Camino por la ladera de una verdeante colina.
Hierba, florecillas en la hierba,
como si fuera un cuadro para niños.
Un neblinoso cielo ya azulea.
Una vista sobre otras colinas se extiende en silencio

Como si aquí nada hubiera de cámbricos, silúricos,
ni rocas gruñéndose las unas a las otras,
ni abismos elevados,
ninguna noche en llamas
ni días en nubes de oscuridad.

Como si no pasaran por aquí llanuras
en febriles delirios,
en helados temblores.

Como si sólo en otros lugares se agitaran los mares
y desgarraran las orillas de los horizontes

Un bosque que aparenta un bosque por los siglos de los siglos, amén,
y en lo alto unos pájaros que vuelan en su papel de pájaros que vuelan

Hasta donde alcanza la vista, aquí reina el instante.
Uno de esos terrenales instantes
a los que se pide que duren.

miércoles, 27 de junio de 2012

A proposito de SORTU y la reciente STC

El Tribunal Constitucional ha dictado una sentencia que desautoriza un Auto del Tribunal Supremo en el que se consideraba a SORTU una continuación de Batasuna, según hechos probados en aquel Auto.
Así lo consideraba el ministerio Fiscal, y así lo consideraba el Abogado del Estado.
Así lo han considerado también cinco miembros del propio TC en voto particular.
También es cierto que en auto del TS hubo, de los 16 magistrados, 7 que discreparon en voto particular.
Con todo, ha habido 16 “expertos” que consideran a SORTU ilegal frente a 11 que lo consideran legal.
De lo dicho se deduce que personas especialmente preparadas, estudiando en profundidad el asunto han llegado a conclusiones opuestas. Por tanto hay que deducir que no se trata de una cuestión clara e indubitada. Leyendo los argumentos de unos y otros se puede colegir que  ninguno dice ninguna “barbaridad”, aunque se pueda discrepar.
Visto desde fuera y sin entrar por tanto en los argumentos (que he leído con interés) de cada uno, y repito, “razonables” ambos, cabe preguntarse:
¿En la sociedad española quiénes son los buenos y quiénes son los malos? Eso sí que está claro, no hay discusión: los terroristas y su entorno son los malvados frente a la sociedad democrática y especialmente las víctimas y sus asociaciones.
Puestos a elegir, ¿tú a quien apoyarías? Es decir, si te encontrases en la posibilidad de decidir o decantarte por dos posturas razonables ¿por cual lo harías por la que favorece a los buenos o la que favorece a los malos?

¿De verdad que esos magistrados que han votado a favor de la legalización de Sortu, con todo lo que eso conlleva de financiación, poder y consolidación, han seguido  los dictados de su consciencia de un modo radical y es eso lo que no les ha permitido favorecer a los buenos, aunque se les  supone preferencia por ellos? ¿O es que hay otros intereses espurios, negociaciones políticas, agradecimientos pagados?
Cada cual que saque sus conclusiones.

¡ESPAÑA! ¡ESPAÑA!

"El futbol es una tontería, es intrascendente, once tíos detrás de una pelota"...
Sí, sí, todo eso me lo sé y lo he repetido como un mantra a lo largo de mi vida.
Pero... y lo que yo disfruto estos días viendo jugar a España, con Manolito, mi hijo de 6 años pendiente de la pantalla, la camiseta "oficial" colocada ¡con la estrella! y la bandera en el balcón. ¡Y esta noche además comiendo caracoles!
Quien me quita a mí el salto gozoso cuando gritamos gol.

¿No será que estaba equivocado?

martes, 26 de junio de 2012

No despreciéis a alguno de estos pequeñuelos...

Cada cual según su estado o condición tiene su gran responsabilidad para que este mundo siga mejorando, más aún si queremos salir de la crísis. Pilar, mi hija de tres años, también tiene la suya. Según su profesora:

·        Seguir mejorando en las técnicas de trabajo, como son el coloreado, rasgado y hacer bolitas.
¡A ello!

lunes, 25 de junio de 2012

Cómo dar de alta a la empleada de hogar en sólo 100 pasos. (Cuento al estilo de Kafka)

Madre mía. Si Larra levantara la cabeza se moría otra vez. Ni nuevas tecnologías, ni siglo XXI, ni gaitas, aquí, como Julio Iglesias, la vida sigue igual. Llegas a una oficina pública ( siempre llena de público) y te encuentras al puro Galdos y sus covachuelas, funcionarios, leguleyos y pipaones. Tenía que ir a dar de alta a la empleada de hogar para adaptarla a la nueva normativa. ¡Ojú, el de la luz! Primero,  póngase usted a leerse todos los formularios, decretos, manuales y normativa que algún alma caritativa ha tenido a bien enviarte por correo electrónico: que si hay que prorratear las pagas, que si la cuota la abona el empleador (que resulta que eres tú mismo) que si el contrato es a tiempo parcial, que si indefinido, que si hay derecho a indemnización por despido... ¡Otra vez, ojú!¡que miedo quillo!, que ahora resulta que somos patronos, y llevamos una empresa, ¡ea, pues palante, que le vamos a hacer! Allá que voy, hay que pedir permiso en el trabajo (el horario sólo es de mañana, faltaría más) y me planto con un cuarto de hora de anticipación en la oficina correspondiente de la Tesorería General de la Seguridad Social. El coche en zona azul, no tenía cambio para echar una moneda. Total si empieza a las 9 y en un cuarto de hora ya estoy aquí de nuevo, no me van a multar por eso. (¡qué candor, que inocencia, que pureza de pensamientos!¡un cuarto de hora!) Ya había varios esperando en la puerta. Cuando se abre, me entregan mi número. No está mal, el C-400. Bueno, a esperar. Cuando escuchas el bocinazo miras la pantalla y ves que te toca, mesa 3. (ya ha transcurrido más del cuarto de hora que presumías) Allá que vas, te santiguas internamente e intensamente, o cruzas los dedos, cada cual a lo suyo.
Me ha tocado una señora madura, parece que está dispuesta a colaborar. (menos mal que el hado no ha dirigido mi destino frente al tío mal encarado de la mesa 10,¡Deo gratias!).
-El modelo no es-  Eso es lo primero que escucho. ¡Ay mi madre, eso lo sabía yo! ¿y ahora qué hago? y como es obvio, aunque yo he realizado cálculos durante horas en mi casa, la paga extraordinaria no estaba prorrateada en el cálculo del salario mínimo sobre el que se aplica el porcentaje de las horas que realiza semanalmente la empleada , ¡toma ya¡ Pero como he tenido suerte la mujer me ayuda a calcularla. Pero al final, después de varios tachones en la documentación y en vista de que había cambios sustanciales y había de firmarse de nuevo, me dice: vuelva usted mañana. ¡Ojú. Qué le vamos a hacer!, y me advierte -pero que sea conmigo- y me da su nombre, de flor,- que ya tengo abierto el expediente y el número de yo que sé qué cosa.- Yo no protesto, estoy deseando salir ya, llevo más de media hora dentro y el coche fuera de plazo. Me voy que escarbo. Uff, menos mal, no hay papel alguno en el parabrisas. ¡Si después de todo hoy es mi día de suerte!

Lunes por la mañana. Permiso de nuevo en el trabajo. Cola otra vez. Cuando abren y mientras el recepcionista preguntan a los demás por sus trámites, yo como ya soy experto, me adelanto y pregunto por Rosa. -No, no, que coja número como todos- se escucha a Rosa desde lejos.  Me intento explicar. -Si no me importa esperar turno, pero tiene que ser con Vd., que yo soy el del otro día. y...,- Vale , vale- malhumorada- pero que coja número.-  Bueno pues que le vamos ha hacer. Otra vez a esperar. Esta vez he venido en bicicleta y la dejado bien aparcada.
Mi turno, por fin: ¡No puede ser: mesa 10!. Ahí me esta esperando, al acecho, el bilioso mal encarado. ¿Pero este hombre que tiene? ¿Que le hecho yo que me mira con tanto encono? Asustado me siento en el borde de la silla; no me atrevo a toser.- Mire yo.. es que su compañera me dijo que ya tenía el expediente abierto y que...- ni caso. Inspecciona los papeles con saña. Levanta la mirada depredadora y me espeta: aquí falta el dni de la empleadora.¡ Ojú! - Es que me dijo su compañera que no hacía falta.- (Todo muy bajiiito). -Ah sí-  responde fieramente.-¡ pues estamos bien! - (Me veo otra vez en mi casa). Casi me levanto ya. ¡Rosa,- se pone de pié triunfal  sacudiendo los papeles con fuerza y con mucha mala idea para que todos escuchen su voz engolada- ¿y tú no pides el DNI para esto?- Madre mía, que me pega. Me hundo en mi asiento y bajo la cabeza.  La mujer  que lo debe conocer solicita tramitarlo ella, rezo por que así sea y aprieto los puños. Con desgana y olímpico desprecio se lo pasa. Huyo como alma que lleva el diablo. Ni siquiera responde a mi adiós muy buenas, como tampoco respondió a los buenos días. ¡Anda ya y ahí te las den todas, pedazo esaborío! ¿quién te mando meterte en atender al público? ¡Si tenías que estar en una mazmorra como un hurón! En fin, el hombre tendrá ulcera. Por fin me siento con mi flor. Comienza a leer los papeles, cuando lleva un rato me dice ¡pero si tu eres el del otro día! ¡Cómo no me has dicho nada! ¿Le atizo o no le atizo? Obviamente no lo hago que quiero terminar los trámites. Tengo todo correcto, además se siente culpable y, rara avis, pide perdón (ya no sólo es el Rey, menos mal)  y ¡POR FIN! me da el alta. ¡¡¡ALE-LU-YA. ALE-LU-YA!!!
¡Ea! pues esto es lo que hay y suerte que he tenido. Sólo dos viajes. ¿Qué más quiero? 

Mariano José, hijo, ¡No vuelvas, no vuelvas, que te mueres otra vez!

viernes, 22 de junio de 2012

¡A la piscina en bicicleta!

 Relacionado con la entrada anterior dejo aquí el artículo de Antonio Burgos de septiembre 2011, sobre los niños y la bicicleta, que recogía mi experiencia:

Un heroico vecino del gueto-centro

Y tras leer mi artículo de ayer, harto de coles de la Camelancia de la Bicicleta, el heroico vecino del centro me escribe y me dice: «Como fiel seguidor suyo, me interesan especialmente los artículos sobre el cierre del centro, que plantean los problemas reales de los sufridos sevillanos que contra viento y marea seguimos tendiendo la ropa en las azoteas de siempre, cosa que nuestro querido alcalde ve con malos ojos, y hasta que todas ellas no se conviertan en “solarium-spa-fusión” de hoteles y nos mande a todos al... extrarradio, no va a parar.
»Pero a tenor de las preguntas que usted se hace respecto al cómo nos la aviamos sin coche y con bici, yo le voy a exponer mi propia experiencia, si tiene usted un momentito para leerme.
»!Ay, cómo añoro la época en que los coches pasaban por la Avenida y esos autobuses parriba y pabajo desde la Plaza Nueva, que daba gloria verlos! Llenitos de gente con bolsas de las tiendas y del Corte Inglés. Hoy nada más que hay turistas en chanclas y los catetos de por ahí que vienen al centro “a paseá”. ¡Dios mío ¿pero es que los que vivimos en el centro tenemos la obligación de pasear e ir andando a tós laos? ¿No podemos tener prisa como todo el mundo, e ir y venir en coche como la gente normal? ¡Qué jartura de gente y de paseos peatonales... !
»Y le voy a responder a las preguntas que se hacía usted ayer en el artículo: ¿Que cómo se lleva a los niños al colegio en bicicleta? Pues mire, a uno en la sillita de atrás, y a los dos más pequeños en la barra. No le exagero. Antes, cuando iba al Labradores desde mi casa podía recoger a los niños en la Plaza Nueva en coche y dejarlos en la puerta. Hoy eso es imposible, porque llegar desde mi garaje hasta mi casa requiere dar toda la vuelta a Sevilla y no merece la pena. ¡Ea, pues venga! ¡Todos en bicicleta! Y allá que vamos toda la familia, que parecemos Verano Azul. Los tres mayores cada uno en su bici; yo con la pequeña de 1 año detrás y el de 2 años en la barra; y mi mujer, en otra bici, además de la cesta con las toallas, los manguitos, los pañales de agua, los bañadores de repuesto, los potitos. Ahora comience usted a esquivar gente, tranvías, exposiciones de neveras tuneadas o chorradas similares. Y las protestas de la gente: “¡Hay que ver con las bicicletas dichosas!”. A lo que me dan ganas de responder: “Pero, carnes mías, ¿usted cree que yo iría en bicicleta si pudiese ir en coche?”.
»¿Que cómo se porta la maxicosi de un recién nacido en bicicleta? A esta pregunta todavía no he encontrado respuesta.
»¿Que cómo se traen las bolsas de la compra del Mercadona en bicicleta? Pues mire: varias colgando en el manillar, otra en la cestilla, las cajas de leches en el transportín y... ¡con mucho equilibrio!
»¿Que cómo se acompaña al médico a la abuela, que tiene 70 años, en bicicleta? Muy sencillo: mejor que la abuela tenga una salud de hierro y no se ponga mala, porque si no...
»¿Y cómo va la señora embarazada que ha roto aguas al Sagrado Corazón en bicicleta? Pues en esta lides tengo cierta experiencia, ya que últimamente he tenido cinco niños, la menor hace año y medio, cuando el centro ya era un gueto berlinés. Pero si le parece, como es un cuento de terror, lo dejamos para otro día. De todo lo que le he contado, no he exagerado ni un pelo, y le seguiré contando lo del parto con bicicleta. Así es la vida del sevillano que aún vive en el gueto, digo, en el centro

lunes, 18 de junio de 2012

Como meter cinco niños en el coche y no morir en el intento.

Leyendo el  divertido artículo de mi admirado Enrique García-Máiquez  (http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1285125/metros/playa.html) sobre la mañana de playa y acordándome de otro de Iwasaki de hace una semana, ambos cargados de razón expongo aquí mi experiencia sobre cómo salir en coche con los niños.
Aún recuerdo cuando antes íbamos en el coche de mi padre. Todos al rebullón, los niños, las bolsas, los juguetes, y casi siempre la tata; unos en brazos, otros encajados entre sí a modo de cremallera, algunos en la “perrera” y tan a gusto.
Cuando uno es soltero, o recién casado, viajar en coche es una gozada; se abre con el sistema laser, se introduce uno en el vehículo alegremente y en cuestión de 15 segundos está circulando ligero, escuchando su música favorita… ¡Ay, Qué diferencia! Ahora tardo en salir, a veces y sin exagerar ni un ápice, más de un cuarto de hora.
Llego al aparcamiento;  primera pelea: quien coge el mando para abrir. Si no hay acuerdo abro yó. Mientras resuenan los llantos. Segunda discusión :  quien va o no en ventana, - tú fuiste ayer, hoy me toca a mí, yo me lo he pedido antes-
Cójase la silla o sillas plegables. Pliéguese (a ver si hay …narices), lúchese con ella y si es vencida, introdúzcase en el maletero. Si se trata del instrumento de tortura de la marca Arrue, ármese de paciencia. Este tipo de coche de capota es un “clásico” azul marino de grandes ruedas; es, digamos,  el Bentley de los carritos, y claro, es el que permite ser adornado con sabanitas bordadas, lazos y perifollos varios. El práctico maxi-cosi de líneas aerodinámicas no es apto para batones largos de encajes, así que confórmese y respete las tradiciones seculares. Desencaje el capazo, con el niño dentro, con cuidado de que no se vuelque, colóquelo bien atado en el asiento de atrás, y después intente plegar el armatoste de las ruedas. Si se consigue tras ardua lucha intente colocarlo en el maletero. No cabe; apriete con fuerzas, de un portazo con rabia y zas, queda cerrado a presión. ¡Cuidado al abrir de nuevo, puede salir despedido!
Y ahora llega lo peor, cada niño tiene que estar perfectamente acomodado en su silla, sillita, alza o lo que sea y con todos sus arneses puestos, y esto es una historia… para no dormir.
Introdúzcase medio cuerpo en la parte trasera del vehículo y comience a abrochar cinturones. No es fácil. Si el coche estaba al sol la tarea se convierte en un infierno. Las dichosas sillas están inventadas para purgar los pecados en esta tierra e ir purificados al más allá. Cada silla tiene su truco;  por supuesto no son estándar, las primeras 500 veces, hasta que se aprende suponen la superación de un máster de ingeniería. Pónganse  los tirantes que, como su nombre indica, deben estar tensos para que el niño no salga despedido. Ahora intente unir los dos en una hebilla de metal que debe coincidir de tal suerte que se pueda introducir en el resorte de cierre. El niño llora, no quiere que le abrochen, cuando ya está colocado el cierre, pega un tirón, (contenga los exabruptos, acuérdese de que hay menores y comience de nuevo) y ahora la criatura está sentada sobre la hebilla; mientras la sacas, se desmonta todo otra vez, si es de noche se convierte en una pesadilla. Me río yo de Tántalo y sus suplicios. Finalmente con gran esfuerzo se oye clic, y respiras aliviado y vas de nuevo a la carga con el otro u otros retoños donde se repite la misma operación. Mientras, se escucha dulce música de fondo: ¡esta no es mi silla, la mía es esa, yo no quiero en medio…! Llantos, mocos, cachetes…
Por fin todos sentados. Los padres caen agotados en sus asientos, con ganas de regresar ya al dulce hogar que se acaba de abandonar. Se arranca, se oye algún llanto descontrolado de alguno de las criaturas que no está conforme con el sitio, las silla o que le aprieta aquí o allá, Y cuando parece que está todo en orden, ¡que relajante es viajar! comienza el siguiente dilema:  la radio, ¡ yo quiero el disco de los payasos, yo el de don pin-pon, yo el de los cuentos…!
Y así se inicia el alegre viaje de una familia numerosa, quizá para recorrer no más de tres kilómetros, a cinco minutos de viaje, pero tras media hora de preparativos… Eso sí: ¡todo atado y bien atado!