Estamos
en uno de los momentos más crítico de la historia de España. Está
amenazado el régimen que nos dimos en el 78, nos estamos jugando
nuestra libertad, esto es, la vida. Ahora el enemigo es interno,
mucho más peligroso y sibilino que los golpes de estado de Tejero o
Puigdemont porque Quis custodiet
ipsos custodes?
La
“pendiente resbaladiza” que se inició con la alteración del
espíritu de la Constitución cuando un joven Felipe González llegó
al poder, y se interpretó torticeramente la forma de elegir a los
miembros del CGPJ para someterlos al ejecutivo, mantenido por todas
las mayorías absolutas que después han sido, no lo olvidemos, fue
el inicio de la destrucción de la separación de los tres Poderes
del Estado. Comenzó a minarse la independencia del judicial
(Montesquieu ha muerto, dicen que se dijo).
Mal
que bien las democracias van funcionando cuando sus protagonistas
tienen un mínimo de respeto a la ley, un resquicio de lealtad, un
ápice de decencia, que les impida perpetrar felonías flagrantes,
pero esta separación se hace imprescindible cuando llegan al poder
personajes siniestros, sin escrúpulos, de tintes autoritarios, sin
conciencia, ni moral, salvo perpetuarse en el poder. Es en momentos
aciagos, como ocurre ahora con Pedro Sánchez Castejón, presidente
en funciones, cuando ese equilibrio de poderes debiera salvar la
democracia de las garras del tirano.
Desgraciadamente,
los instrumentos fallan, se ha ido manipulando el ordenamiento
jurídico para llegar a una situación en la que hasta se duda de la
neutralidad del máximo Tribunal garante de la Constitución, en cuya
composición influyen las mayorías gubernamentales.
Conviene
recordar que en España se viene tildando públicamente, sin pudor,
en medios de comunicación y en cualquier foro, a jueces de
“progresistas” o “conservadores”, lo cual es la perversión
más absoluta de lo que debe entenderse por un juez, “independientes,
inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la
ley”. Adjetivar a un juez no es más que acreditar su parcialidad.
Si
esto lo hemos admitido sin sonrojo no debe extrañarnos que tras
estos polvos lleguen estos lodos. Polvo, precisamente, con el que
algunos magistrados, véase el actual presidente del TC, no duda en
afirmar que pueden mancharse las togas en el camino.
Hay
épocas en las que la historia da un quiebro para despeñarse en el
abismo, el padre Mariana ya nos advertía en su De rege et regis
institutione, situaciones como la llegada “legítima” de Hitler
al poder, la traición del Rey Felón, la deriva opresiva de la II
República tan bien acogida en principio, o ahora, en España, la
traición que trata de perpetrar el presidente Sánchez y el partido
socialista vendiéndose a los etarras y los delincuentes
independentistas fugados para sentarse en la poltrona caiga quien
caiga, en este caso, la Democracia. No se trata ahora de derechas o
izquierdas si no de libertad o dictadura.
Los
españoles no podemos permitir esta deriva terrible. Debemos hacer
todo lo posible para parar ya esta deslealtad, ilegitima y
anticonstitucional. De lo contrario la sangre si llegará al río.