viernes, 4 de mayo de 2018

Un golpe de suerte

Nos llaman del colegio por que tiene el dedo anular inflamado.
Un amigo le ha dado una patada en el recreo. Tras la radiografía pertinente acaban por ponerle una escayola que ha de llevar dos semanas. En definitiva un dedo partido.
Santi está que se sale. No sé si es que tiene un déficit de atención por ser el cuarto de cinco o qué, pero se le ve feliz. Su foto vendado circula por los wasap de la familia, le llaman las abuelas y le disparan mensajes de ánimo desde varios flancos.
Está deseando ir al cole y nos pregunta si le pueden firmar los amigos. En consideración a su estado le permito que coja, estando en la cola del supermecado con las cajas de leche, rollos de papel, pizzas ultracongeladas..., una chocolatina Milka de 70 ct. Eso ya es lo más.
Le está compensando la coz. 
Temo que en otra ocasión llegue a autolesionarse.

martes, 1 de mayo de 2018

Una casa entre encinas.

Dejamos atrás el castillo y tras el silo la carretera se estrecha y se convierte en un camino asfaltado. A ambos lados encinas sobre la hierba verde y las cunetas rebosantes de cantueso morado y margaritas blancas y amarillas.
En un pilar de granito se lee el nombre de la finca y giramos a la derecha.
Una nube de polvo va dejando el coche tras él. Al bifurcarse el sendero, tomamos el brazo de la Y que indica la flecha de madera colgada en el árbol y vemos la finca blanca al fondo.



Ladran los perros y nos recibe la familia en el patio donde el laurel podado atisba unos brotes, que tras la fría primavera son tenues y casi microscópicos pero que a todos les llena de esperanza porque en verano puedan volver los jilgueros a sus ramas  y ellos a charlar bajo su umbría fresca las tardes de estío en que se pone el sol tras el cerro lejano. Parece que se ha salvado.
La casa son un grupo de estancias encaladas con los suelos de cemento pulido y ese desorden propio de los recintos de labor reconvertidas en residencias familiares.
Vigas, algunos techos abovedados, grandes lajas de pizarra gastadas y brillantes en las habitaciones principales, muebles heredados de mansiones deshechas, de tías sin descendencia, de casonas palacios de la ciudad cercana o de otras fincas antiguas. Aperos, mesas de forja, armarios de caoba, trofeos de caza, el cuadro de la Inmaculada dieciochesco, los bancos de roble, las camas altas con colchas de punto,  el reloj viejo que da los cuartos y las horas que pasan pausadas y solemnes, la hora en punto de la nostalgia. El fuego crepitando en la gran chimenea, las fotos de parientes en blanco y negro,en color las propincuas, que van perdiendo el tono con las sonrisas insultante de los dieciocho años, y la moda obsoleta de los años ochenta.
Las puertas de cuarterones, cuya madera oscura y noble salió tras arduo trabajo bajo capas de pintura y baños de sosa caustica.
Esas casas donde se instaló la luz eléctrica manualmente mediante baterías y fue llegando a cada habitación trabajosamente haciendo del encendido de una bombilla un alborozo festejado con brindis de champan.
Esas casas resultados de unas mejoras obtenidas con cariño infinito, con paciencia y tesón. Donde cada detalle es fruto de una ilusión cumplida; el agua en los lavabos, la cocina construida donde se guardaba la lana, el salón empedrado de cantos lisos donde se recogía al ganado, con el techo de artesa de madera y grandes ventanales abiertos a la campiña.



Esas casas donde las ausencias se hacen presentes de continuo, donde el patriarca permanece, en las anécdotas de los que las habitan, en el bastón que usaba que está en el paragüero, en los poemas camperos que se encontraron ocultos entre sus papeles y que todos ignoraban y que se han enmarcado con su letra manuscrita en cuaderno de cuadros, clavados en la pared y en el corazón y la memoria de todos, que reviven cuando se leen, de nuevo llenando la sala de recuerdos que hieren.
Y el campo.
El campo de la tierra extremeña de encinares viejos, de verdes inauditos, de ovejas. las mismas que hicieron rica a Castilla en tiempos de la mesta, de jabalíes salvajes, de cochinos de bellota, de buitres, flor de jara, de cardos y amapolas,
Cada encina de un tono, cada tronco con sus arrugas únicas como si fueran rostros curtidos, labrados, diferentes.



Y en el silencio el viento y un murmullo de pájaros agudos, tenues, vibrantes, largos, sincopados, dulces o agrestes. Una sinfonía perenne bajo la catedral oscura y frondosa de los bosques multiplicados en las charcas tersas del agua de las ultimas lluvias
Es un paisaje móvil, nunca detenido, jamás el mismo, las lomas, el sol entre las nubes, el camino sinuoso, subir, bajar, doblar la curva y vislumbrar colinas iluminadas en lontananza, el perfil malva y difuso de la las montañas en la lejanía... cúmulos oscuros, cirros cotudos y esponjosos, aves de paso, la cigüeña, los buitres volteando, la esquila del ganado...



Un escudo campea en lo alto del muro, cinco rosas gastadas en granito y verdina, un no sé qué de historia que te llega al mirarlo, la Extremadura hidalga de los conquistadores, de castillos y hombres audaces que cruzaron los mares para hacer gran fortuna y regresaron nobles y labraron casonas y se hicieron con dehesas como esta, donde reposar tras las hazañas, donde recordar las aventuras y legar una historia hasta hoy en sus descendientes, entre los que se cuenta que algunos tienen en su sangre mezclada la del gran Moctezuma.

Ha llovido, y las gotas resbalan por la parra que cubre la entrada. Los perros ladran y saltan en el empedrado, el sol pinta una franja clara en las lomas lejanas de un verde fúlgido, entre las nubes cárdenas un celeste nítido y puro.
Huele a humo el aire limpio, a leña, a agua, a campo. Un golpe de brisa sacude el emparrado que salpica sobre el patio y el aire fresco orea la tarde y se cuela en la casa haciendo temblar la chimenea que crepita, parece que quiere hacer honor al nombre que vimos grabado en el linde de la entrada a este locus amoenus: La Ventosilla.
















viernes, 27 de abril de 2018

Nido (medio) vacío

Nos vamos al campo de fin de semana, pero sólo nos llevamos a dos de cinco.
Lo rápido que pasa el tiempo. Hace nada salir era una odisea, cochecitos plegables, biberones, dodotis, dalsis, sillas especiales para el coche... al final casi ni merecía la pena el trayecto.
Ahora, dos están en Mallorca en una regata y el mayor se queda en Sevilla porque tiene que estudiar y entrenar.
Así que nos vamos con la furgoneta medio vacía y el síndrome del nido (medio) idem.

lunes, 23 de abril de 2018

Las llamas de Guernica se apagarán, quizá no las del infierno.

Sin ningún tipo de ira, con plena convicción y serenidad les escupo a la cara y les devuelvo su perdón a los asesinos de ETA.
Tras cientos de atentados sangrientos y décadas en la que toda España ha sido víctima: bombas, extorsiones, secuestros, tiros en la nuca... tras este gran crimen  contra la humanidad, que nunca debiera prescribir, tras este horrendo holocausto que nos ha tenido violentados a 40 millones de españoles durante tantos años, ahora piden perdón.
¡Cuanta vileza, qué ultraje, que intolerable sevicia!
Para pedir perdón por tanta iniquidad, los asesinos y sus secuaces habrían de llorar lagrimas de sangre y arrodillarse ante cada familia destrozada, ante cada persona que ha visto a sus allegados, padres, hijos, niños pequeños... despedazados por las bombas y sus miembros desperdigados por el asfalto, ante cada huérfano cuyos progenitores recibieron un disparo en el cráneo rebotando masacrados contra el suelo. Ante cada español de bien, que somos todos, que  hemos sufrido el miedo, la angustia y el terror, muchos desde que tenemos uso de razón.
No se puede solicitar el perdón "institucionalmente" integrados en una banda terrorista. El perdón lo pide un corazón dolorido y llagado, cada asesino, cada miembro de la banda poniéndose a disposición de la justicia, y renunciando a las siglas asesinas y asumiendo que no existe vida por larga que sea para compensar el daño causado y reconociendo que una existencia en una celda es lo único que se merecen y clamando de dolor desde las entrañas, como clama desde la tierra la sangre de su hermano, y vagando eternamente con el signo de Caín.
Frente a eso, una retahíla de lugares comunes, un lenguaje políticamente correcto, un ciudadanos y ciudadanas, un lo siento de veras.
Hablan de reconciliación. España no se tiene que reconciliar con nadie, pues con nadie se ha enemistado, simplemente ha puesto las víctimas inocentes a una panda de asesinos azuzados por una gran parte de la sociedad vasca que los apoyaba y apoya todavía.

Merecen el desprecio y el ludibrio. Que nadie les preste credibilidad ni les de cobijo porque se harán dignos de la misma infamia, la misma vergüenza y la misma ignominia.


jueves, 19 de abril de 2018

Feria de abril eterna


Madre e hija preparándose para la feria

En un ejercicio estético sin parangón la Ciudad se dispone a celebrar la fiesta y la estación florece en naranjos, clareando en celestes puros y transparentes el aire.
Es la feria una celebración de la vida.
Afanados en el ajetreo cotidiano no nos damos cuenta de que estamos dichosamente vivos. El sevillano tiene una oportunidad única, que no desaprovecha, para concienciarse de la felicidad del existir.
En la feria constatamos la fugacidad del tiempo y la necesidad de disfrutar el presente intensamente.
No dudamos que este mundo es un valle de lágrimas pero cargado de momentos cumbres de belleza y esplendor.
Esta pálida hermosura, premonición de la absoluta que esperamos, se remansa los días de feria en el Real, donde toda alegría tiene su asiento, toda el color su prístino destello, toda la luz su nítida arrogancia creadora.
El escenario fúlgido es el mismo de siempre y son, somos, los figurantes los que pasamos, aunque si bien se advierte, ese que ahora pasea triunfante sus diecisiete años, soy yo, que ahora cumplo cincuenta. Esas niñas que estallan en risas con las flores pletóricas en los mantones, el cabello y los labios son las hijas de los que miramos, la copa en la mano, con el Jerez dorado calentando las venas, que nos hacen revivir el gozo de la eterna primavera.
Vayamos a la feria a recibir la caricia del tibio rayo del sol que fluye entre cascabeleo de caballos y ramas de jacarandás floridos. No desperdiciemos estas amables horas regaladas en que se templa el hálito de la vida y se sosiega el tiempo detenido.
Ay, amigo, como las golondrinas que se fueron,  no te arrepientas de no haber disfrutado de su vuelo; estas horas ligeras, siéntelas densamente, que ya no volverán.

jueves, 12 de abril de 2018

DNI

Detesto el DNI y lo que significa. Esto es, que somos como animales enjaulados con nuestro sello o herraje.
Envidio a los ingleses que, según creo, no lo tienen.
Ayer tuve que volver a recoger los de mis dos hijos a casa porque se necesitaban para que la policía expidiera unos permisos para viajar sin sus padres en avión. No basta el libro de familia, no. No basta mi DNI, no...también el de los niños.
Recuerdo que cuando con trece o catorce años me lo tuve que hacer me sentí ya fichado para siempre. Somos el DNI. Sin él no somos personas, no somos nadie. Es nuestra alma. Se dan situaciones verdaderamente ridículas, en las que esta tarjetita te suple y llega a ser más importante que tú mismo. Recuerdo que en unas elecciones sindicales de la empresa pública en que trabajo, entre compañeros que se veían todos los días a todas horas y se conocían mas que de sobra, no dejaban votar ....¡al que no se "identificara" con el DNI!
Nunca lo llevo, sobre todo en verano, en que no al no llevar chaquetones ni abrigos voy sin cartera.
Yo soy yo, no mi documento nacional de identidad. Me niego a estar controlado y estabulado.

lunes, 9 de abril de 2018

Remando al viento

Como ahora todo se retransmite, pudimos ver desde Sevilla en directo como, en Gijón, Ignacio junto a sus tres compañeros (Agustín, Julio y Francisco) adelantaban en los últimos metros al otro barco y entraban en primera posición alcanzando la medalla de oro y proclamándose campeones de España en K4 -1000 metros.
Después quedaron subcampeones de España en 500 metros, dejando muy alto el pabellón del Círculo de Labradores.
Había que verme gritando a la tele como un energúmeno a medida que avanzaban. Al final se me saltaron hasta las lágrimas. Para mi fue épico. Como buen padre me siento orgulloso y aquí dejo el vídeo, que es de gran plasticidad incluso para los que todo esto les resulte ajeno: