martes, 4 de agosto de 2020

Familia de campeones

Tengo cinco hijos que son los mejores del mundo. Ahora que hemos coincidido todos en las vacaciones los disfruto aún más. Los veo salir y entrar, los mayores ya a su bola, tan felices,  jóvenes, saludables, guapos, bronceados... Han sacado todos notas excelentes y se están pasando unos días merecidos de descanso (relativo ya que a las ocho dela mañana han ido a entrenar hasta que se ha suspendido los campeonatos nacionales de piragüismo, oh dichoso Covid). Ignacio que es competidor internacional ha tenido que regresar a Sevilla por que tienen un selectivo para no se qué prueba importante...

Pues sí estoy orgulloso de mis maravillosos hijos que son los mejores del mundo.
Y usted papá o mamá que me lee dirá que es una exageración, pero no lo es, fíjese usted en los suyos. ¿Es que no son los mejores del mundo también? Pues sí.
Esa es la gracia de una familia "sensatamente imperfecta" Luri dixit, que es ese reducto donde todos son queridos por el mero hecho de ser y de nacer en ella.
Y donde se les quiere mas que a nadie porque sí. El amor es ciego, dicen, y es al contrario, el amor es un gran haz de luz que enfoca a la figura amada y la vemos tal cual es, tal cual somos todos, seres dignos de ser amados porque sí.
El que ha tenido la desgracia de no estar cobijado en una familia llevará esa carencia toda la vida. 
El mundo de fuera es inmisericorde, tanto das y tanto vales. Cuando vienen mal dadas, nos salvamos porque nos sentimos o nos hemos sentido queridos en nuestra familia sólo por haber nacido, es como una vacuna contra la desesperación y durante un tiempo hemos sido los mejores del mundo para alguien. Hemos sido reyes en nuestro trono alguna vez... ese trono han sido los brazos paternos.
Así nos quieren nuestros padres, como un reflejo del amor desinteresado de Dios. El amor no es ciego, el amor es certero. Ay, aunque a veces cueste creerlo todos hemos sido amables alguna vez.

¿Y mis hijos no tienen defectos? Como todos, son unos verdaderos petardos también, y desesperantes y aunque sean los mejores del mundo hemos de estar, su madre y yo, continuamente corrigiéndolos, amonestándolos, riñendo (gritando) y a veces con unas ganas terribles de darles un par de enormes y merecidas bofetadas. 
¿Qué cuantas veces hay que decirles que no se pone el codo en la mesa, que no se deja la ropa tirada, que ordenen su cuarto? Pues no lo sé, miles... Es una cantinela cansina y eterna. Me río yo de Sísifo.

Bueno pues a pesar de todo disfruto enormemente y tengo la suerte de tener los cinco hijos mejores del mundo.
¿Que dice usted que eso no es posible? ¿Que los mejores son los suyos? Pues claro, es que también tiene usted toda la razón. 



lunes, 3 de agosto de 2020

Tía Carmen

Fuimos a Ceuta hace unos días a ver a mi tía Carmen. La última hermana de mi abuela paterna que vive todavía con 95 años.
Es una tía muy querida, soltera, venía mucho a vernos y pasaba temporadas en casa de mis padres. Navidades, primeras comuniones... era una alegría verla, porque siempre venía a algún evento festivo y traía caramelos y chucherías extranjeros que sólo vendían allí.
Ya sabía que ella no nos reconocería. Pero yo a ella sí, la reconozco y le rindo ese pequeño homenaje de visitarla aunque no me vea. ¿Sonrió cuando le acaricié la cara o fue un gesto reflejo?
Allí está, cuidada por un matrimonio que le alimenta cinco veces al día, todo triturado, la lava y le cambia los pañales.
Qué sentido tiene todo eso, no lo sé. Aunque lo intuyo. El misterio sagrado que late en la vida humana, en toda vida humana se hacía patente. Por dignidad, mi tía Carmen es asistida delicadamente hasta que muera. Ahí estamos todos los seres humanos representados, no dependemos de nuestra inteligencia, belleza o utilidad para justificar la existencia. Somos valiosos por el mero hecho de ser y mi tía Carmen en su desvalida vejez, que ella, tan independiente, jamas hubiese querido para sí, como yo tampoco la deseo para mi, nos sigue dando un ejemplo. Creo que para mis hijos fue aleccionador.
El ser humano en toda su maravillosa grandeza estaba allí, en ese miserable cuerpo encogido, delgado, débil y dependiente hasta el extremo.
Qué triste, qué profundo, qué serio, qué hermosa enseñanza, querida tía Carmen.

lunes, 1 de junio de 2020

La verdadera patria a la que volveremos


Azulejos del zaguán de la casa de mi abuela, hoy en esta azotea desde la que escribo

Esta noche pasada he tenido un sueño en el que sentido una intensa melancolía dentro del propio sueño.

Volvía a casa de mi abuela tal como estaba cuando ella murió repentinamente de un infarto un día de abril, cuando estábamos preparando la feria, hace no sé, quizá ya 14 o 15 años…

Es curioso que aparecía ella como siempre, nunca estuvo enferma, y también su hermana Mercedes, algo mayor, que murió algunos años después. Qué alegría me dio.

Pero es curioso que en el propio sueño me decía, sólo cuando se pierde nos damos cuenta de que eramos felices. Esa normalidad de ir a ver a mi abuela en su hermosa casa de Utrera cada vez que queríamos.
Pero en el propio sueño yo me contestaba a mi mismo que eso no es exactamente cierto porque, ya entonces, yo era plenamente consciente de lo feliz que era allí.

Y es verdad, era para mi una dicha inmensa llamar a la puerta y escuchar la voz de mi abuela preguntando quien es desde una mirilla que había en el techo del zaguán (del hermosísimo zaguán de azulejos pintados con ninfas y dioses) mirilla que era una loseta con asa que un rincón del comedor oscuro permitía ver a quien esperaba abajo.
La casa de mi abuela era todo un misterio y una belleza para un niño de ciudad que vivía en un piso moderno y confortable.
Para empezar la mirilla, y las escaleras, y las azoteas y las plantas y los trasteros, y los arcones llenos de maravillas, libros, ropa, cortinajes antiguos, oliendo a polvo y humedad: los cuadernos del colegio de mi madre, libros de texto de los años cuarenta, breviarios y misales preconciliares, novelas de aventuras... Yo todo lo curioseaba con una fruición de arqueólogo que descubre las tumbas de los héroes cretomicénicos y todo me parecía el summun de lo deseable.

Las cosas bonitas que llenaban las estancias de aquella casa, lámparas de araña, cornucopias, espejos con molduras, pañitos bordados primorosamente con fechas marcadas del siglo XIX, la biblioteca con todos los tomos de piel perfectamente ordenados donde no se podía entrar, el comedor que nunca se utilizaba con las sillas de terciopelo y la alfombra con dibujos de roleos, el aparador de la plata, la vitrina con la cristalería como un ejercito a punto de revista, la galería con los tresillos de damasco, la antecocina, la cocina con los poyos de azulejos, los balcones, los cuadros de santos, los miles de cacharritos, porcelanas, bibelots, reunidos a lo largo de una vida, cajitas de plata, pastilleros minúsculos, y el olor a jazmín en verano y a alhucema en invierno, los lavaderos, las pilas, los ventanucos, las alacenas…
La habitación de los trastos, con cajas llenas de juguetes y de TBOs, Mortadelos y Filemón, de mi tío, todo para nosotros.

Era un continuo universo por explorar. Nunca quería que llegase la hora de abandonar aquellas maravillas, montarnos en el coche e irnos escuchando el odioso carrusel deportivo, con el anuncio recurrente de “bebe Soberano, es cosa de hombres” y los deberes por terminar.

Sí, aquello era la felicidad, y yo era plenamente consciente de ello. Ahora que lo he perdido siento una gran melancolía, en el sueño me afloraban las lágrimas, pero no por haber desaprovechado los momentos únicos que la vida te regala, sino porque, la vida es así, no duran eternamente.

El cielo será eso, que dure eternamente. Los momentos plenos, el reencuentro pleno, la belleza plena, de la que aquí hemos sentido sólo los atisbos. Pero que iluminaciones más espléndidas, que recobraremos.

jueves, 21 de mayo de 2020

Ángel Ruiz

Hoy es un día muy especial para mi porque mi amigo Ángel Ruiz ha cumplido 53 años, si no me equivoco.
Esto tiene de especial el que hace dos semanas estábamos muy preocupados porque estaba en la UCI contagiado del coronavirus dichoso y en estado francamente grave. Todos sus amigos, que somos legión, por todos los puntos de España y parte del extranjero estábamos en vilo. Todo comenzó con buenas perspectivas, cada día sabía de su evolución por él mismo pero cuando pasaron más de 24 horas sin noticias me alarmé y me enteré de su gravedad. No paramos de rezar como es natural. Cuando parecía que había pasado lo peor de nuevo otra noche nos dieron malas noticias. Estas recaídas son de muy mala espina. En fin, desolados.
Yo estaba bastante cabreado con el maldito virus y me decía que no podía pasar lo peor, aunque era consciente de que nadie está libre de ello. Y una de las cosas que más me cabreaba era el pensar que tuviese que escribir un elogio a toro pasado, ¡y un...........! pongan aquí una imprecación, ¡me negaba a pensarlo, me rebelaba!
¡Los homenajes para cuando se está vivo,.........! y pongan aquí otra imprecación.
Por eso ahora que doy saltos de contento escribo en homenaje a mi saludable amigo Ángel.
Es una persona magnífica, un gran hombre, lo admiro muchísimo, y tengo una gran afinidad con sus gustos y sensibilidad. Es sumamente culto, profesor de griego en la universidad, esto dice mucho de una persona. Habrá profesores de griego perfectamente imbéciles, como en todos sitios, pero ya dice algo de uno el que, hoy día, alguien se dedique a estas lenguas muertas, o mediomuertas, al humanismo en su máximo exponente. Yo que admiro tanto esa educación clásica de los caballeros alemanes o no digamos de los oxonienses británicos que llevaban a gala recitar en la lengua original pasajes de Homero, que queréis que os diga, me parece una pasada.
Ángel lleva un blog maravilloso desde hace muchos años, con puntualidad encomiable cada día EnCompostela, nos deleita con alguna entrada, de lo más variopinto,  cultura, arte, literatura, viajes, siempre con su punto de vista, sabio, inteligente, siempre alejado de lugares comunes, muchas veces,las mas, políticamente incorrecto, sobrio, Ángel es castellano, burgalés por más señas, y se le nota en la parquedad, en la ausencia de sentimentalismo, en la palabra justa, en la sobriedad meseteña. Es un lujo leerlo cada día. No será él, pero alguien deberá recopilar todo ese ímprobo trabajo y recogerlos en un dietario que merece una buena edición. Son cientos de páginas sobre multiples temas pero todo como un caleidoscopio multicolor y brillante, porque Ángel es brillante.
Ya digo, que en un grado intelectual y cultural incomparable al suyo, mucho más elevado este, mi afinidad espiritual con él es completa.
Nos conocimos a través de la red, y congeniamos. Por fin llegamos a vernos cuando vino a Sevilla, y puedo decir, por mi parte, que pasé tres días inolvidables, y que lo que las redes me habían descubierto se confirmaba, que es un tipo estupendo, excepcional.
¿Qué a qué vino? pues fíjense a un congreso sobre Flannery O,Connor, es también un experto en esta autora, y ya pueden imaginarse, si conocen a la norteamericana, con su estilo absolutamente sobrio, descarnado, sin concesiones a la galería, por donde van los tiros de mi amigo Ángel.
Podría pasarme horas y horas escribiendo elogios sobre Ángel Ruiz y no haría más que justicia y aun me quedaría corto.
A los que no lo conozcáis os animo a echar un vistazo en su blog, que no os defraudará. Podéis rebuscar en ese mare magnum de temas, como en un baúl lleno de tesoros. Eso sí, Ángel, como yo, es católico a machamartillo, que para él, como para mí, es su mayor honor, no busquen allí lo que no van a encontrar.
Sus asertos sobre cine, música, libros son una fuente inagotable de descubrimientos. A mi, no lo dudo, me ha enriquecido enormemente. Eso es lo que tiene admirar y seguir a personas excepcionales, que de alguna manera nos acerca a la excepcionalidad también. También trata temas banales, no todo son altas cumbres... habla del parchís que juega con su familia y de la vida misma, y aunque él mismo me lo niegue, tiene un mucho de poeta en muchos de sus textos de una enorme belleza y emoción, pero de la buena, ya digo, sensiblerías fuera, verdad mucha.
Y todo esto, no quiero que pueda parecer afectación, es menos cierto que la realidad.
En fin, me prometí a mi mismo,  sólo escribir de Ángel para dar albricias, y cumplo mi íntima promesa. ¡Gracias a Dios, muchas gracias, que ha escuchado nuestras oraciones -cómo pienso en lo que habrán encomendado su madre y sus hermanas- y como estoy exultante lo digo a boca llena ¡Uff, que gran alegría Ángel, amigo, que cumplas muchos, muchos más!





domingo, 26 de abril de 2020

CUARENTENA VIII

Ya parece que hay cierta apertura, hoy hemos salido con los dos más pequeños, menos mal que ya los han equiparado a los perros. El paseo por una Sevilla solitaria, dentro de la tristeza por la calamidad, no deja de tener una gran belleza al estar solo para nosotros.  Las plazas mas turistificadas sin nadie, las calles más típicas en soledad... Ello te permite percatarte de detalles que en el maremagnum de gente es imposible.
Ayer montamos nuestra caseta y tomamos el pescado tradicional. Los vecinos estaban todos en los balcones y habían colgado guirnaldas y farolillos. A pesar de que hay miles de muertos, estos momentos sirven para olvidarse un poco de esta triste situación y sentirse un poco hermanados en la desgracia colectiva.  La situación crítica de un gran amigo la llevo como un peso, aunque afortunadamente ya hay visos de esperanza. Pensar cómo estaría Sevilla esta noche y todo lo que se ha perdido es duro. Realmente se sobrelleva con bastante dignidad, no hay feria y no pasa nada, hay cosas peores y miles de familias desvastadas, pero la procesión va por dentro. El sábado llaman al telefonillo, uno  sobresalta ante la falta de costumbre. Un mensajero trae de regalo una caja de manzanilla, unos catavinos y varios farolillos, y entonces me emociono y salen como en un borbotón esas carencias, esas pérdidas menores, que parece que tenemos asumidas pero...uff, realmente es mucho a lo que todos hemos renunciado.

Hemos tenido la gran fortuna de recibir la comunión, lo cual es una suerte insólita en estos tiempos de catacumbas. La emoción ha sido muy grande.
Ayer cayeron varias jarras de rebujito y  sevillanas y pescao frito, esta mañana temprano tras la comunión hemos desayunado churros y después el paseo.
La reclusión se sobrelleva así mucho mejor.











sábado, 11 de abril de 2020

CUARENTENA VII

Sábado Santo. En la catedral de Granada impiden continuar el oficio del Viernes Santa. Tanta estulticia, tanta cobardía, tanta sandez, tantísimos intransigentes, tanta incompetencia me abruma.
El gobierno es el absoluto desastre. ¿Qué medidas están tomando para que esto acabe?. Nada, recluirnos a todos como viejas indefensas hasta que esto termine, si es que lo termina. La reclusión será necesaria, ya que han llegado tarde y mal por su incompetencia, pero al menos ahora que hagan algo ¿o  vamos a estar seis meses encerrados hasta que esto acabe? Esos no es una medida eso es la medida de su incompetencia. Muerto el perro se acabó la rabia. Qué inteligentes. ¿Pero qué se puede esperar de un doctor que copio su tesis, de una panda de tipos sin experiencia alguna como Iglesias y su pandilla de cajeras de supermercados. Qué gran labor haría esa mujer en un Mercadona, esas si que son admirables, pero no llevando la pesada responsabilidad de dirigir un país en el momento más dramático y difícil desde la Guerra. Echenique, Monedero... es que uno los ve y dice ¿madre mía, pero como vamos a salir de esta con esta panda de ineptos, que estarían muy bien rigiendo un cine club de pseudintelectuales en los bajos de un barrio suburbano, con cerveza, porros y cubatas después de la sesión, pero dirigir España, nada menos que España, ¿uff, qué puede salir bien?
Mientras tanto con un decreto de estado de alarma nos van privando de nuestros derechos fundamentales, uno de ellos  el de culto, claro que en esto son nuestras autoridades eclesiásticas las que se llevan la palma. Empezando por no haber defendido de la profanación la basílica del Valle de los Caídos como debieran, independientemente de que los restos fuesen de Franco o de la Pasionaria, eso da igual.Pero de esa cobardía y ese bienqueda de entonces nos lleva a todo lo demás. Como continuación, sometidos a la "prudencia" cierran las iglesias a cal y canto, sin que el gobierno lo decrete. Las misas sólo para ellos, el pueblo abandonado. A mi me gustaría ver a los San Carlos Borromeo y a los San Luis Gonzaga de hoy, que los hay, ojo, y ya saldrán espero, pero que casi no se encuentran en el aparato burocrático de nuestra Iglesia, tan comedidos ellos. Yo los necesito como luz y referencia ya que estoy tan alejado de la perfección.
He procurado escuchar, que no asistir, a las misas on line, pero es frío y falso. Precisamente los niños, que como los locos suelen decir la verdad, son reacios y me cuesta trabajo tenerlos controlados, cosa que no ocurre en el templo, y es que ellos son conscientes de este paripé, porque, no nos engañemos, a pesar de todas las admoniciones en su favor, nos falta la Presencia, sin ella todo cae como una tramoya sin armazón. Ciertamente nos sirve para escuchar las lecturas y tener un momento de oración, pero realmente para ello no es necesario ponerse ante la pantalla de la tv. Es más, he llegado a la conclusión de que esto es perjudicial para los niños, porque banaliza el misterio profundo de la presencia real de Cristo en la eucaristía. NO señores, no es lo mismo, no me hagan comulgar con ruedas de molinos, o de aire en este caso...
Mi amigo AP, como siempre, tiene más razón que un santo, y me alertaba de esta lejanía. Creo que a partir de ahora haremos las lecturas en familia, lo que será más cercano a la verdad y más significativo que la mera apariencia on line.
Ya van por 15.000 muertos. Esto es dantesco, las morgues, los ataúdes apilados, las bolsas negras porque no hay féretros suficientes, la ausencia de cercanía. Sólo dejan ir a tres a los entierros. Pero los medios amordazados no se dejan llevar por el "tremendismo" que no conviene a un Gobierno que clamaba histéricamente en la oposición por la muerte de un perro. Parece que ahora mueren espíritus sutiles sin pena ni gloria...
El wasap controlado por el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos y todos tragando.
O levantamos la cabeza o nos comen.
Esto no va de epidemias esto va de esclavitud o libertad, es decir, de vida o muerte.


CUARENTENA VI

Hemos pasado un Domingo de Ramos atípico.
Todo vacío. Donde tenía que haber una bulla inmensa, cientos de personas ilusionadas entrando en las iglesias para ver los pasos preparados. Niños endomingados, flores, palmas, luces, cera, incienso... nada.
Desolador.
El tradicional  via crucis de la Vera Cruz el viernes de Dolores, conectados a la tv y con incienso en casa.
En casa todo fluye admirablemente bien. Hay excepciones. Gran trifulca en la cocina cunado los niños se persiguen porque uno ha cogido un trozo de bizcocho más grande que el otro. Alrededor de la mesa se persiguen, tiran unas parrillas de metal que hacen un ruido infernal, como si hubiese caído el templo de Salomón, es más el ruido que las nueces, pero llega la madre de familia y pone a todos firme, incluyendo al que escribe y promete que los bizcochos y dulces se han acabado para siempre. Silencio sepulcral, incluido el que escribe, que, por lo visto, tenía que haber atajado la discusión antes...
Los niños deseando ver la Casa de Papel, que se estrena el sábado. Se la beben. Les digo que a partir del Domingo se acabaron las películas profanas.
El día de Palmas, a las tres de la tarde sacamos a la Borriquita desde el balcón, y conectamos en directo, vídeo que se hace viral y por la tarde le ha llegado a gente desde Madrid o desde Cáceres. También retransmito la entrada a la hora exacta en que debiera estar entrando. Yo estoy a lo mío y no me doy cuenta, pero los vecinos han salido a los balcones y cuando termino y entra al son de la Marcha Real, recibimos un aplauso atronador.
Las cosas de Sevilla, aparece un coche de policía con una marcha de cornetas y tambores a toda potencia que resuena en toda la plaza, de nuevo la gente en los balcones. Santi con la borriquita y el incienso. Se para el vehículo donde debiera estar la mítica rampa, los policías con mascarillas y guantes hacen signos de entusiasmo y apoyo. La plaza vacía por un momento cobra vida, la plaza es un clamor este Domingo de Ramos a pesar de la ausencia.