jueves, 19 de marzo de 2015

VALOR Y PRECIO

Cuando llego a casa no me reciben los pequeños con los regalos churretosos del día del padre, como viene sucediendo desde hace más de diez años.
Qué desilusión.
Reyes me dice que ya en primaria no los hacen en clase.¡oh, sin darme cuenta mis niños han crecido!
Una melancolía grande me invade. Pilar con sus dos coletas, y Santi, que no es muy alto, son para mí muy pequeños, pero realmente ya no lo son tanto.
Estoy meditabundo en la cocina, mientras tomo la sopa, sobre el tempus fugit y el carpe diem y todo eso, cuando llegan los dos mayores. Me entregan un paquete.
- Es muy poca cosa papá, porque no teníamos mucho dinero. Es un boli, que sirve también para pulsar el móvil con la parte de atrás - me dicen- Como tu siempre los estás buscando por toda la casa- y es verdad, me veo retratado, gritando- ¡pero donde habéis metido los bolííígrafos!.
Ellos solos fueron ayer a la tienda con su propio dinero.
Poca cosa, dicen...
No saben ellos el valor para mi de ese gesto, que no tiene nada absolutamente que ver con el precio...


miércoles, 18 de marzo de 2015

15 años.

Para dar gracias siempre es tiempo
para ser consciente de tu presencia
constante
del peso liviano de tu rostro en la almohada
para sentir cálida
la parte derecha de la cama
y preparada la mesa

Quiero tender en la azotea
como la ropa blanca,
mis palabras
que a veces tímidas
o cobardes
se agolpan y no salen
de mi pecho

Tú tejes
sin alardes
y trenzas un dechado
que me guía

con ese abecedario
sencillo
con esas letras cuidadas,
primorosas
que salen de tus manos
sin que tú te des cuenta
el poema de mi vida
lo bordas cada día






martes, 17 de marzo de 2015

Monumento a la desmesura

Ahora salen con que van a poner un monumento al costalero de Sevilla.
Nada más y nada menos que enfrente de la Catedral, junto al Archivo de Indias, al lado de la Casa de la Moneda, que para más inri, se está cayendo pedazos con todo su valor histórico, artístico, industrial…
Es un monumento a todo lo que detesto de la Semana Santa de hoy: el protagonismo, el folklorismo, el tipismo, el triunfo de lo accesorio, de lo chabacano, de lo vacuo, de lo pretencioso, del esteticismo, del alarde, del “postureo”, de lo cateto, de lo pueblerino... todo lo contrario a la discreción, la elegancia, la delicadeza, la clase, lo auténtico, lo popular, lo decoroso, el estilo, la finura, la tradición, el respeto...
Esto se va desvirtuando a pasos agigantados... ¡pongamos toda Sevilla llena de ninots de bronce: Al nazareno, a la flamenca, al pertiguero, al tío que pone las casetas, al bordador, al jefe de tramo, al Hermano Mayor, ...

Menos mal que Lutgardo García Díaz, este Domingo, nos reconciliará con la belleza y la verdad de todo esto que todavía nos queda…

lunes, 16 de marzo de 2015

Discreción

Pilar sale de casa muy ufana, porque se ha coloreado las uñas con unas pinturas que le regalaron por su cumpleaños. También lleva unos zapatos nuevos. Cuando está en la puerta se detiene un instante, duda pero prosigue, y le dice a su madre: Iba a ponerme la corona (una de purpurina también recibida por su sexto cumpleaños) pero mejor no mamá, que van a ir diciendo por ahí: ¡Mira, la reina!¡Mira, la reina!

Hasta para ella, eso iba a ser demasiado.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Voces populistas suenan cerca del Guadalquivir...

Ayer en clase sobre tutela de bienes culturales, me preguntaban, la confusión propiciada por los medios al respecto es enorme, sobre el debate de las inmatriculaciones de la Iglesia, concretamente de la Catedral de Córdoba.
Aproveché para aclarar un tema que es jurídicamente clarísimo e incontestable y cuya polémica es pura demagogia.
La inmatriculación es un procedimiento que sirve para inscribir un bien a nombre de su legítimo propietario. Este procedimiento puede ser diverso y la Iglesia, tradicionalmente, tiene uno específico y privilegiado, aunque también podría hacerlo, en su caso, por el procedimiento común, obteniendo los mismos objetivos, esto es poner los bienes que son suyos a su nombre en el Registro; hacer coincidir la realidad con la formal y registral.
Pero en todo caso no se discute la propiedad que ha de ser previa. Uno sólo puede inmatricular lo que es suyo.
La Mezquita de Córdoba es propiedad de la Iglesia desde 1236, y ha gozado de ese derecho pacifica, notoria e ininterrumpidamente desde entonces.
El hecho de inscribirlo en el registro no otorga el derecho, que se tiene o no. Simplemente da fe de ese derecho con más fuerza, pero no es constitutiva del mismo y dicha presunción de derecho puede ser destruida con prueba en contrario.

Otra cosa es que uno considere que la Catedral de Córdoba no deba pertenecer a la Iglesia. Díganlo claramente pero no mareen la perdiz.
Podemos votar a Podemos- dije en clase- que no tendrá empacho en expoliar los bienes de la Iglesia, como ya se hizo, qué antigüedad, en el siglo XIX, concretamente en 1835. Pero habrá que atenerse a las consecuencias. Aquello fue una catástrofe de inmensas proporciones, con pérdidas, robos, salidas de España y destrucciones innumerables de nuestro patrimonio histórico, que no se pudo, ni supo proteger, al quedar en manos de una Administración desbordada, lo que llevaba siglos en la de sus legítimos propietarios.

Quitarles los bienes a la Iglesia, vale, esa es otra cuestión, no confundamos una cosa con otra, ¿qué si se puede? Hombre- concluí- poder,lo que se dice poder, ojo, podemos.

martes, 10 de marzo de 2015

Sorpresas

De pronto la maquinita de las bebidas empezó a escupir monedas. Qué tintineo más agradable e inesperado. Eché un euro y me salió una Coca Cola y tres euros más. La sensación de riqueza no me duró demasiado, pero fue agradable. Después metí las monedas en un sobre y las dejé en Conserjería con una nota, para cuando venga el tío de las maquinitas.
El día fue de sorpresas, por la tarde, me quedé impresionado por algo que ya contaré dentro de 10 o 15 días, pues di mi palabra de no revelar el scoop.

jueves, 5 de marzo de 2015

No la toquéis más que así es... la luna

En autobús no sé, pero en bicicleta es un lujo ir al trabajo, aunque Margarita Tatcher dijere lo contrario.
Voy pelando una mandarina y tirando las mondas a la cesta (desde que le he cogido el vicio a conducir sin manos, mis placeres se multiplican) y de repente ¡la luna! Pero no una luna cualquiera, sino un lunón, enorme, redondo, perfecto como una moneda de plata antigua, como un pandero, y le vienen a uno todas las metáforas que en el mundo han sido, y que los poetas se han encargado de regalarnos desde hace siglos, para tratar de apresar ese hechizo indefinible, que se nos escapa, de las cosas.
Entre dos calles y en un segundo huye la visión. Dan ganas de pararse en medio y mirar. Eso que uno nunca tiene tiempo, ni agallas, de hacer, entre otras razones, porque viene un coche y me pita.
Pero la luna me ronda por la cabeza, hasta que, cuando cruzo el río, la veo pletórica en el oeste, tras los arcos del Pabellón de la Navegación de la Expo. Va cruzando de uno a otro, jugando entre ellos, hasta que, burlona, desaparece.
Hay algunas cosas en la vida que uno se quedaría mirando eternamente ensimismado. Esa luna llena, el fuego, el mar, la perfección de la rosa. Como no hay tiempo para embelesamientos, en el tráfago diario, será el poeta el que aprisione eternamente esa esencia, cuando tiene la intelijencia de acertar, tan difícil, con el nombre exacto de las cosas y a ellos acudimos cuando no hay luna o fuego cerca, o mar o rosa.