Ayer, día de los Santos Inocentes, mi hijo Manolo cumplió 10 años. Para ser más exacto, 10 años y aproximadamente nueve meses, porque comenzó a vivir cuando mi mujer se quedó embarazada. Esos nueve meses fueron vitales para su existencia, porque mi mujer y yo (realmente sobre todo mi mujer, que es la que decide) pudimos haberlo matado impunemente. No lo hicimos, y la evidencia está a la vista, Manolo el futbolista.
Eso era por el año 2004, y por entonces había determinados límites de fechas y motivos para poder abortar. Poco después se ampliaron unas y otros y se instauró el “derecho” a matar a los niños y niñas en el seno materno, en un grado de progresismo inimaginable en esta sociedad maravillosa que hemos creado entre todos y todas. Hoy siguen estando vigentes esas leyes de progreso gracias a la iniciativa del PSOE y la aquiescencia del PP.
Antes de ayer mismo, fui testigo del alto grado de civilización a que hemos llegado. En la “Gala: Inocente, Inocente”, aparecían dos mujeres fumando. No se podían obviar las imágenes, porque este hecho monstruoso era el desencadenante de la broma de la que era objeto una de ellas. No obstante, para no herir la sensibilidad de los espectadores y espectadoras, tan delicados ellos y ellas, se pixelaban, ¿se dice así? las imágenes de los cigarrillos, de manera que se intuía que estaban “fumando”, perdonen que lo diga tan crudamente, aunque no se veía, eso hubiese sido excesivamente descarnado, el instrumento del delito.
¡Oh, maravilloso estado de derecho español, que permite matar niños en el seno materno y nos impide ver un cigarrillo en televisión, que nos enseña a decir Llirona y A coruña, a los retrógrados hablantes de las comunidades no históricas, y utilizar el correctísimo lenguaje de género para no ofender a los ciudadanos…quiero decir, ciudadanía.
Una última anécdota, a tenor de la pixelación.
Hace años volaba rumbo a Riad. El avión de último modelo tenía pantallas individuales de televisión, donde veíamos una película de James Bond. Pensé, que no estaba todavía muy logrado eso del cine a 4000 metros de altura, pues había demasiadas interferencias y no se veía con claridad. Pronto caí en la cuenta de que no existían tales interferencias. El estado Árabe, para preservar la moral de todos y todas, se cuidaba de pixelar los escotes, piernas y brazos de las chicas, (vestidas, eh) que aparecían en escena.
Bueno, pues el estado español, ya está llegando a los mismos grados de refinamiento y civilidad, que los estados islámicos, con la progresista Arabia Saudí a la cabeza.
lunes, 29 de diciembre de 2014
martes, 23 de diciembre de 2014
FELIZ NAVIDAD 2
(Tuve que pronunciar la semana pasada unas pocas palabras sobre la Navidad. Aquí las dejo)
(Se puede escuchar mientras una villanesca del genial sevillano Francisco Guerrero "Aun niño llorando al yelo")
Y resuenan en nuestra memoria los ecos de las navidades pasadas…
La Navidad es la fiesta de la esperanza pero también la de la melancolía. La Navidad es la fiesta de la infancia, del niño, porque nunca ninguna Navidad será igual que la de aquella ilusión lejana… porque es esa antigua Navidad que llevamos en el último rincón del alma la que fue perfecta, es esa Navidad en la que estaban todos todavía alrededor de las mesas… felices y joviales…
Todo el mundo tiene un recuerdo de la Navidad con el soniquete de la lotería el día que daban las vacaciones… ¡Vacaciones! A la vez que en la cocina ya se trufaba el pavo y hervía el caldo para la Nochebuena, y había un ajetreo luminoso en las casas, y olores sabrosos y cálidos…
Quien no ha sentido la alegría preciosa de abrir las cajas y desenvolver las figuritas de barro y sacar el corcho y el serrín, quien no recuerda ahora el río de papel de plata, y los espumillones y las bolas de cristal
Quien no recuerda el frío de la Misa del Gallo y la bufanda y el abrigo y los guantes, que una madre, siempre atenta, obliga a poner al niño, y el vaho que al salir de la iglesia emitían nuestras bocas al felicitarnos las Pascuas.
Oh, Navidades pasadas, de panderetas y zambomba, de botellas de aguardiente, rin rin, ran ran, hacia Belen va una burra, yo me remendaba yo me remendé, madre a la puerta hay un niño más hermoso que el sol bello, campana sobre campana…
Oh noche de paz, de amor, de fuego y familia, noche jubilosa de la Navidad de un niño que estrena las ilusiones de la vida, que ve estrellas en las luces falsas y correr el río de papel y pastar las ovejas sobre la mesa de pino, sobre la cómoda antigua sobre la que se puso el nacimiento, con las gallinas con las patitas de alambre, y el molino de cartón y la Estrella de Oriente con una larga cola toda de purpurina, brillante como la vida que se espera, como el futuro que se mira sonriente y esplendido como la luz de un cometa…
Oh, blanca Navidad de la ingenuidad intacta, del temor de la noche en que llegan los camellos, y cruzan los balcones, para llenar de oro los pies de nuestra cama, con la muñeca, el oso, los cuentos, las raquetas, los castillos, los cromos, el caballo con ruedas, la bicicleta nueva, la cocinita, el puzle, el tren o la pelota…
Oh, Navidad pasada en la que era Melchor, la mano de mi padre, y Gaspar la caricia de una madre que levanta la colcha y ordena con esmero el embozo arrugado, y besa las mejillas arreboladas del niño emocionado, que sonríe en el sueño, con los ojos cerrados, y que apretó muy fuerte, nervioso ante el ruido para no ver la magia y perder los regalos. Y esa magia, oh, sin duda, ya no se perderá nunca, que la llevamos dentro y aunque sólo en rescoldos, solo con un vaivén de la badila del recuerdo, se prende en una llama, en una hoguera hermosa, de aquello que se fue pero que permanece… cerrad si no los ojos, y volved a los años felices de la infancia, recordad esas noches de pijamas de invierno, descalzos por la casa, los zapatos en orden limpios y relucientes, las copas preparadas, para los labios regios, y abiertos los balcones del corazón que estalla en la dicha de un niño que espera el gran regalo de su futuro intonso…
Yo quiero esos zapatos; que se llenen de nuevo, de ilusión y belleza, de monedas de oro, de esperanza y regalos, porque la vida siempre, nos da un nuevo sentido para seguir andando, una oportunidad, una puerta, una ventana abierta hacia un futuro nuevo, aunque quede ya poco aunque solo sea un año, un mes, sólo unas horas…
Porque nació en belen ahora hace 2000 años, un niño, tierno y dulce, desvalido, desnudo, sin hogar, sin calor, en una noche fría tan sólo acogido por las bestias del campo, una mula y un buey fueron fieles compaña… con su aliento los brutos, su cuerpo calentaron
Oh, qué gran alegría, no me digáis que es triste la Navidad, cómo puede ser triste la noche más hermosa, el nacimiento puro de un niño que nos salva, la curva de María preñada de esperanza en una noche fría…
Oh, no digáis que es triste la noche de diciembre en que comienza el sol a calentar los días y a vencer a las sombras y al terror de la muerte y nos regala el llanto y el arrullo y el canto de una nana de aire cristalino, de candor y pureza, y en que ángeles bajan y con sus alas leves formando remolinos que estallan en el pórtico humilde, llenan de música la noche callada, de luz la tiniebla oscura, de temblores el aura, de misterio el hálito de la madrugada, de plenitud lo inconcluso. Perfecto lo creado, lo que estaba rasgado, con últimas puntadas, se restaña esta noche…
Oh, no digáis que es triste la noche jubilosa en que Dios se hizo hombre, carne como nosotros, barro de nuestro barro, y nos elevó a todos, y nos abrió un futuro que daban por perdidos los hombres desnortados, caídos, avergonzados, porque fueron conscientes de que estaban desnudos,
Desnudo está ahora Dios, encarnado en un niño, su madre, pura y cándida, como una rosa en ciernes, le acaricia en su pecho, lo acoge en su regazo. Mirad como la flor, se recoge en sí misma, y aprieta en su corola el rocío que derrama el Espíritu en la madrugada.
Mirad el arrebol de la aurora que se vislumbra por los cerros lejanos, como se azora ante el color de las mejillas del niño que descansa en el heno, y huye, mirad a las estrellas que palidecen en esta noche fría, ante la corona de ángeles que rodean el atrio, mirad el agua del río que parece turbia cuando en su luna refleja la transparencia pura de la mirada clara de María…
Oh, no digáis que la Navidad es triste, ante tanta belleza, ante tanto fulgor, ante tanta alegría, ante tanta dicha, ante tanto don, ante tanta entrega, ante tal misterio, ante tanta gracia, ante tanto amor…
Cantad a la Navidad, himnos jubilosos, salmos de gozo, aleluyas infinitas… que lo que estaba perdido se ha ganado y todo se haya recogido en la sonrisa mínima de un niño, que ahora yace en un pesebre humilde, en la aldea de Belen.
(Se puede escuchar mientras una villanesca del genial sevillano Francisco Guerrero "Aun niño llorando al yelo")
Y resuenan en nuestra memoria los ecos de las navidades pasadas…
La Navidad es la fiesta de la esperanza pero también la de la melancolía. La Navidad es la fiesta de la infancia, del niño, porque nunca ninguna Navidad será igual que la de aquella ilusión lejana… porque es esa antigua Navidad que llevamos en el último rincón del alma la que fue perfecta, es esa Navidad en la que estaban todos todavía alrededor de las mesas… felices y joviales…
Todo el mundo tiene un recuerdo de la Navidad con el soniquete de la lotería el día que daban las vacaciones… ¡Vacaciones! A la vez que en la cocina ya se trufaba el pavo y hervía el caldo para la Nochebuena, y había un ajetreo luminoso en las casas, y olores sabrosos y cálidos…
Quien no ha sentido la alegría preciosa de abrir las cajas y desenvolver las figuritas de barro y sacar el corcho y el serrín, quien no recuerda ahora el río de papel de plata, y los espumillones y las bolas de cristal
Quien no recuerda el frío de la Misa del Gallo y la bufanda y el abrigo y los guantes, que una madre, siempre atenta, obliga a poner al niño, y el vaho que al salir de la iglesia emitían nuestras bocas al felicitarnos las Pascuas.
Oh, Navidades pasadas, de panderetas y zambomba, de botellas de aguardiente, rin rin, ran ran, hacia Belen va una burra, yo me remendaba yo me remendé, madre a la puerta hay un niño más hermoso que el sol bello, campana sobre campana…
Oh noche de paz, de amor, de fuego y familia, noche jubilosa de la Navidad de un niño que estrena las ilusiones de la vida, que ve estrellas en las luces falsas y correr el río de papel y pastar las ovejas sobre la mesa de pino, sobre la cómoda antigua sobre la que se puso el nacimiento, con las gallinas con las patitas de alambre, y el molino de cartón y la Estrella de Oriente con una larga cola toda de purpurina, brillante como la vida que se espera, como el futuro que se mira sonriente y esplendido como la luz de un cometa…
Oh, blanca Navidad de la ingenuidad intacta, del temor de la noche en que llegan los camellos, y cruzan los balcones, para llenar de oro los pies de nuestra cama, con la muñeca, el oso, los cuentos, las raquetas, los castillos, los cromos, el caballo con ruedas, la bicicleta nueva, la cocinita, el puzle, el tren o la pelota…
Oh, Navidad pasada en la que era Melchor, la mano de mi padre, y Gaspar la caricia de una madre que levanta la colcha y ordena con esmero el embozo arrugado, y besa las mejillas arreboladas del niño emocionado, que sonríe en el sueño, con los ojos cerrados, y que apretó muy fuerte, nervioso ante el ruido para no ver la magia y perder los regalos. Y esa magia, oh, sin duda, ya no se perderá nunca, que la llevamos dentro y aunque sólo en rescoldos, solo con un vaivén de la badila del recuerdo, se prende en una llama, en una hoguera hermosa, de aquello que se fue pero que permanece… cerrad si no los ojos, y volved a los años felices de la infancia, recordad esas noches de pijamas de invierno, descalzos por la casa, los zapatos en orden limpios y relucientes, las copas preparadas, para los labios regios, y abiertos los balcones del corazón que estalla en la dicha de un niño que espera el gran regalo de su futuro intonso…
Yo quiero esos zapatos; que se llenen de nuevo, de ilusión y belleza, de monedas de oro, de esperanza y regalos, porque la vida siempre, nos da un nuevo sentido para seguir andando, una oportunidad, una puerta, una ventana abierta hacia un futuro nuevo, aunque quede ya poco aunque solo sea un año, un mes, sólo unas horas…
Porque nació en belen ahora hace 2000 años, un niño, tierno y dulce, desvalido, desnudo, sin hogar, sin calor, en una noche fría tan sólo acogido por las bestias del campo, una mula y un buey fueron fieles compaña… con su aliento los brutos, su cuerpo calentaron
Oh, qué gran alegría, no me digáis que es triste la Navidad, cómo puede ser triste la noche más hermosa, el nacimiento puro de un niño que nos salva, la curva de María preñada de esperanza en una noche fría…
Oh, no digáis que es triste la noche de diciembre en que comienza el sol a calentar los días y a vencer a las sombras y al terror de la muerte y nos regala el llanto y el arrullo y el canto de una nana de aire cristalino, de candor y pureza, y en que ángeles bajan y con sus alas leves formando remolinos que estallan en el pórtico humilde, llenan de música la noche callada, de luz la tiniebla oscura, de temblores el aura, de misterio el hálito de la madrugada, de plenitud lo inconcluso. Perfecto lo creado, lo que estaba rasgado, con últimas puntadas, se restaña esta noche…
Oh, no digáis que es triste la noche jubilosa en que Dios se hizo hombre, carne como nosotros, barro de nuestro barro, y nos elevó a todos, y nos abrió un futuro que daban por perdidos los hombres desnortados, caídos, avergonzados, porque fueron conscientes de que estaban desnudos,
Desnudo está ahora Dios, encarnado en un niño, su madre, pura y cándida, como una rosa en ciernes, le acaricia en su pecho, lo acoge en su regazo. Mirad como la flor, se recoge en sí misma, y aprieta en su corola el rocío que derrama el Espíritu en la madrugada.
Mirad el arrebol de la aurora que se vislumbra por los cerros lejanos, como se azora ante el color de las mejillas del niño que descansa en el heno, y huye, mirad a las estrellas que palidecen en esta noche fría, ante la corona de ángeles que rodean el atrio, mirad el agua del río que parece turbia cuando en su luna refleja la transparencia pura de la mirada clara de María…
Oh, no digáis que la Navidad es triste, ante tanta belleza, ante tanto fulgor, ante tanta alegría, ante tanta dicha, ante tanto don, ante tanta entrega, ante tal misterio, ante tanta gracia, ante tanto amor…
Cantad a la Navidad, himnos jubilosos, salmos de gozo, aleluyas infinitas… que lo que estaba perdido se ha ganado y todo se haya recogido en la sonrisa mínima de un niño, que ahora yace en un pesebre humilde, en la aldea de Belen.
lunes, 22 de diciembre de 2014
FELIZ NAVIDAD
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| Fotos hechas ayer con el móvil. Impresionante imágen de la Virgen de la Oliva de Alonso Cano. Iglesia Parroquial de Lebrija. |
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| Como tuve la fortuna de estar sólo con ella a la misma altura pude admirar detalles tan delicados como el borde de la camisola asomando por el cuello, qué son imposibles de ver desde abajo. |
![]() |
| ¡Feliz Navidad! |
jueves, 18 de diciembre de 2014
Coplas tontas para niños listos
NAVIDAD SIGLO XXI
Suena el móvil de María,
es verdad, no puede ser
eso es una tontería
Pero bueno, me da igual
imaginad, por un día
Es Melchor, -¿que donde está
ese dichoso portal?-
Por detrás se oye a Gaspar
-Cuelga que estas conduciendo
y el guardia te va a multar-
¡Ah, por fin una señal
“Hacia el castillo de Herodes”
No reniegues Baltasar
Y tu Gaspar, no me empieces
Anda mira, por favor
lo que dice el GPS
María mirando al niño
sonríe paciente y bella
-Melchor, seguid a la estrella…
que es la más certera guía
y no te fíes tanto de
las nuevas tecnologías…
Siguen su camino, pues
en Camello. Hay caravana
es puente en Jerusalén
¡El censo, lo que faltaba!
Atasco. La gente sale
buscando el fin de semana
¿Le has dado pienso al camello?
¿No? la estación de servicio
está colapsada ¡anda!
en el Kilómetro Diez
hay una estación de Campsa
Por fin vieron el portal
Melchor ahora se hace un selfie
y lo cuelga en Instagram
Oh, el lucero se ha parado
¿Qué ruido es ese? ¿qué pasa?
-No te preocupes, Gaspar
es que me ha sonado el Whats Apps-
-Es Herodes, un mensaje
que tiene mucho interés
y no olvidemos decirle
donde se encuentra ese Rey
si no vamos a palacio
que se le escriba un email
Una pastora se acerca
lleva una oveja, y un queso
se arrodilla ante la cuna
y le da a Jesús un beso
La escena es tan bonita
tan tierna y tan memorable
que un periodista que pasa
lo ha trasmitido por cable
La dueña de la posada
como es la que vive al lado
ha hecho un video, por sorpresa
y ya está en Facebook, colgado
Y el Twitter está que arde
el Hastag #niño Jesús
trending topic de la tarde
¿Qué es lo que ha pasado aquí?
en una hora ha recibido
más de un millón de retwItt
Los tres Reyes se abren paso
como pueden, pobrecillos
¡Los Pastores y pastoras
vayan abriendo un pasillo!
Oh, que hermosura, que encanto
-¡Si el niño está ya criado!-
-¿Que le das, Virgen María?-
-preguntan los Reyes Magos
Y van dejando su ofrenda
y van abriendo sus cofres
y un olor maravilloso
se extiende sobre la noche
Y dirección al portal
¡vaya la cola de coches!
Está todo colapsado
una mula, Dos Caballos…
José, asoma la cabeza
¡Ay Jesús, María y yo!
¿A dónde va tanta gente?
¡Ahora que hacemos, por Dios…!
Mas de pronto otra vez suena
el móvil, otro mensaje
es del ángel: ¡huye, huye
que Herodes es un malage!
-¡María, coge los bártulos
más deprisa que despacio
y vámonos, que nos vamos
que recibí un chivatazo-
Y sin pensárselo más
huyendo se van a Egipto
por la puerta de detrás
En tanto llegó la radio
también las televisiones,
más de cien mil pastorcillos
y los soldados de Herodes
¡Dejen paso a los soldados!
-¡Han huido, han huido!-
Callan las redes sociales
apagón informativo
¡Ay, Jesús, José y María!
el portal ¡está vacío!
Ignacio Trujillo Berraquero. Navidad 2014
Suena el móvil de María,
es verdad, no puede ser
eso es una tontería
Pero bueno, me da igual
imaginad, por un día
Es Melchor, -¿que donde está
ese dichoso portal?-
Por detrás se oye a Gaspar
-Cuelga que estas conduciendo
y el guardia te va a multar-
¡Ah, por fin una señal
“Hacia el castillo de Herodes”
No reniegues Baltasar
Y tu Gaspar, no me empieces
Anda mira, por favor
lo que dice el GPS
María mirando al niño
sonríe paciente y bella
-Melchor, seguid a la estrella…
que es la más certera guía
y no te fíes tanto de
las nuevas tecnologías…
Siguen su camino, pues
en Camello. Hay caravana
es puente en Jerusalén
¡El censo, lo que faltaba!
Atasco. La gente sale
buscando el fin de semana
¿Le has dado pienso al camello?
¿No? la estación de servicio
está colapsada ¡anda!
en el Kilómetro Diez
hay una estación de Campsa
Por fin vieron el portal
Melchor ahora se hace un selfie
y lo cuelga en Instagram
Oh, el lucero se ha parado
¿Qué ruido es ese? ¿qué pasa?
-No te preocupes, Gaspar
es que me ha sonado el Whats Apps-
-Es Herodes, un mensaje
que tiene mucho interés
y no olvidemos decirle
donde se encuentra ese Rey
si no vamos a palacio
que se le escriba un email
Una pastora se acerca
lleva una oveja, y un queso
se arrodilla ante la cuna
y le da a Jesús un beso
La escena es tan bonita
tan tierna y tan memorable
que un periodista que pasa
lo ha trasmitido por cable
La dueña de la posada
como es la que vive al lado
ha hecho un video, por sorpresa
y ya está en Facebook, colgado
Y el Twitter está que arde
el Hastag #niño Jesús
trending topic de la tarde
¿Qué es lo que ha pasado aquí?
en una hora ha recibido
más de un millón de retwItt
Los tres Reyes se abren paso
como pueden, pobrecillos
¡Los Pastores y pastoras
vayan abriendo un pasillo!
Oh, que hermosura, que encanto
-¡Si el niño está ya criado!-
-¿Que le das, Virgen María?-
-preguntan los Reyes Magos
Y van dejando su ofrenda
y van abriendo sus cofres
y un olor maravilloso
se extiende sobre la noche
Y dirección al portal
¡vaya la cola de coches!
Está todo colapsado
una mula, Dos Caballos…
José, asoma la cabeza
¡Ay Jesús, María y yo!
¿A dónde va tanta gente?
¡Ahora que hacemos, por Dios…!
Mas de pronto otra vez suena
el móvil, otro mensaje
es del ángel: ¡huye, huye
que Herodes es un malage!
-¡María, coge los bártulos
más deprisa que despacio
y vámonos, que nos vamos
que recibí un chivatazo-
Y sin pensárselo más
huyendo se van a Egipto
por la puerta de detrás
En tanto llegó la radio
también las televisiones,
más de cien mil pastorcillos
y los soldados de Herodes
¡Dejen paso a los soldados!
-¡Han huido, han huido!-
Callan las redes sociales
apagón informativo
¡Ay, Jesús, José y María!
el portal ¡está vacío!
Ignacio Trujillo Berraquero. Navidad 2014
martes, 16 de diciembre de 2014
DULCE MAÑANA DE ADVIENTO
La mañana que había que poner el nacimiento amaneció accidentada, por no decir, ensangrentada.
Los niños potreaban como cafres, su madre, que siempre está al quite, estaba ocupada en la cocina, y yo medio dormido, en la cama.
Después me enteré que jugaban con un globo, los cinco luchando por él, que volaba entre el gran espejo dorado y el escritorio del salón. ¡Bum-bum! el ruido era estremecedor. No me dio tiempo de levantarme a pegar dos gritos, antes llegó Reyes - ¡Papá, papá, Santi se ha hecho una brecha! ¡Se ha dado contra la rodilla de Ignacio!
No daba crédito ¡ojalá no, ojala no! - me decía, cruzando los dedos. Aún en la cama se acerco el niño llorando, no demasiado, porque no se atrevía, ya que yo reñía enfurecido… ¡lo estaba viendo! ¿Pero qué juegos son esos? Parecéis brutos… no podéis estar solos… y daban ganas de gritar, como en una comedia española ¡¡Paverse matao!! ¡¡Paverse matao!!
Efectivamente, necesitaba puntos…¡oh, vaya, me esperaba una mañana de hospital!
Me vestí, con un mal cuerpo horrible, después me enteré que tenía fiebre, y un humor de perros.
Todo me salía mal, me olvidé el móvil en casa, el periódico en el kiosco, sólo me llevé el absurdo suplemento dominical, y allí me vi, esperando mi turno entre niños llorosos y tosientes, sin nada que leer, ni que hacer.
Por megafonía llaman a uno, acto seguido a mí, el 7454… ¡uf, por fin! Cuando entro, el de antes, que no aparecía, apareció… otra vez a esperar… la falsa alarma me crispó aún más los nervios… me puse a dar vueltas por la sala de espera a grandes pasos, entraba por una puerta y salía por otra. Me decía a mi mismo que me calmara… pero no podía (me tranquilizó, a su vez, el saber, después, que estaba enfermo, no mental, claro, sino con gripe).
Salí a comprar otro periódico, en el ínterin llamaron. Santi el pobre decía que su papá había salido un momento. Por fin entramos. Dos grapas. La enfermera, amabilísima, daba al niño los abrazos que no recibía de su padre, y este contenía las lágrimas, que yo no le dejaba soltar. -Y no se llora, ¿eh? - le conminaba- después de la mañana que me llevas dada…
Al final se comportó como un valiente y yo le daba besos y le cogía la manita, en el coche, de regreso, ya de mejor humor.
Llegamos a casa a la hora de comer. Por la tarde pondríamos el Belén, por la mañana ya lo habían armado ellos solitos…
Los niños potreaban como cafres, su madre, que siempre está al quite, estaba ocupada en la cocina, y yo medio dormido, en la cama.
Después me enteré que jugaban con un globo, los cinco luchando por él, que volaba entre el gran espejo dorado y el escritorio del salón. ¡Bum-bum! el ruido era estremecedor. No me dio tiempo de levantarme a pegar dos gritos, antes llegó Reyes - ¡Papá, papá, Santi se ha hecho una brecha! ¡Se ha dado contra la rodilla de Ignacio!
No daba crédito ¡ojalá no, ojala no! - me decía, cruzando los dedos. Aún en la cama se acerco el niño llorando, no demasiado, porque no se atrevía, ya que yo reñía enfurecido… ¡lo estaba viendo! ¿Pero qué juegos son esos? Parecéis brutos… no podéis estar solos… y daban ganas de gritar, como en una comedia española ¡¡Paverse matao!! ¡¡Paverse matao!!
Efectivamente, necesitaba puntos…¡oh, vaya, me esperaba una mañana de hospital!
Me vestí, con un mal cuerpo horrible, después me enteré que tenía fiebre, y un humor de perros.
Todo me salía mal, me olvidé el móvil en casa, el periódico en el kiosco, sólo me llevé el absurdo suplemento dominical, y allí me vi, esperando mi turno entre niños llorosos y tosientes, sin nada que leer, ni que hacer.
Por megafonía llaman a uno, acto seguido a mí, el 7454… ¡uf, por fin! Cuando entro, el de antes, que no aparecía, apareció… otra vez a esperar… la falsa alarma me crispó aún más los nervios… me puse a dar vueltas por la sala de espera a grandes pasos, entraba por una puerta y salía por otra. Me decía a mi mismo que me calmara… pero no podía (me tranquilizó, a su vez, el saber, después, que estaba enfermo, no mental, claro, sino con gripe).
Salí a comprar otro periódico, en el ínterin llamaron. Santi el pobre decía que su papá había salido un momento. Por fin entramos. Dos grapas. La enfermera, amabilísima, daba al niño los abrazos que no recibía de su padre, y este contenía las lágrimas, que yo no le dejaba soltar. -Y no se llora, ¿eh? - le conminaba- después de la mañana que me llevas dada…
Al final se comportó como un valiente y yo le daba besos y le cogía la manita, en el coche, de regreso, ya de mejor humor.
Llegamos a casa a la hora de comer. Por la tarde pondríamos el Belén, por la mañana ya lo habían armado ellos solitos…
domingo, 14 de diciembre de 2014
UN ENTIERRO DE PRIMERA
Cuando vengo del entierro de Fito, lo hago con una sonrisa.
Entramos todos con el semblante tristísimo, pero el sacerdote, que lo conocía bien, nos hizo reír. Comenzó con unas palabras - Rafael, eres un bicho y el día que naciste caíste de cabeza y… Fito le retó en vida a que no se atrevería a decir esas palabras en su entierro…
Fito era un descreído, volteriano, y simpático hasta decir basta. Socarrón, divertidísimo, y una gran persona, amigo de sus amigos, generoso y cabal…
Soy ateo por la gracia de Dios, dijo el cura que le decía… ¿Me salvaré, padre? en sus largas conversaciones en el despacho del párroco.
Todos nos sonreíamos en la homilía…
Finalmente, su cuerpo fue rociado con agua bendita, rememorando el agua del Bautismo y de la Gracia. No pudo ser con el vino de la botella “Cardenal de Cózar” que el propio párroco guardaba en su despensa, como le había instado fervientemente el fallecido.
Jesús Bigorra leyó un poema, impresionante, donde el escritor hacía balance de su vida. La emoción embargo a todos cuando fue hablando de sus amigos, allí presentes, su mujer y su hija, desconsoladas… y su propia muerte, "...Este escrito, también provisional, / algún día completará, sin duda, / mi personal historia, / allá en diciembre, / en un balance final definitivo".
Arturo Pérez Reverte, no se quiso ir sin unas palabras de despedida, en la que relato algunas anécdotas que lo describían, su carácter y su bonhomía.
Cuando lo conocí, hace años, estuvo hablando durante un buen rato con gran desparpajo, y muy en serio de sus orígenes aristocráticos, de “mamá” y “tía no se qué”, y sus posesiones y grandes latifundios… una amiga pronto me desengañó - no te creas nada- me dijo - ni tiene fincas, ni ancestros tan ilustres ni nada de nada- él es así. Y verdaderamente se inventó una historia divertidísima y asombrosa sobre la marcha.
Me dedicó un poema jocoso, en mi despedida de la Cámara de Comercio, su mujer Natalia, se los pidió para mí. Los guardo con gran estima.
Ha sido un entierro singular, único, como él. Entre lágrimas y risas, empezando por el oficiante. Seguro que le ha gustado.
Fito que ha muerto como vivió, con las botas puestas, amando la vida y las letras, hasta el punto que lo hizo intentando salvar del fuego su querida y valiosa biblioteca.
Tus palabras impresas, y tu vida jocunda siempre estarán ahí, libres del humo y del fuego
Fito, que la tierra te sea leve. Que el Dios, del que dudabas, te haya dado la gran sorpresa de tu vida.
Entramos todos con el semblante tristísimo, pero el sacerdote, que lo conocía bien, nos hizo reír. Comenzó con unas palabras - Rafael, eres un bicho y el día que naciste caíste de cabeza y… Fito le retó en vida a que no se atrevería a decir esas palabras en su entierro…
Fito era un descreído, volteriano, y simpático hasta decir basta. Socarrón, divertidísimo, y una gran persona, amigo de sus amigos, generoso y cabal…
Soy ateo por la gracia de Dios, dijo el cura que le decía… ¿Me salvaré, padre? en sus largas conversaciones en el despacho del párroco.
Todos nos sonreíamos en la homilía…
Finalmente, su cuerpo fue rociado con agua bendita, rememorando el agua del Bautismo y de la Gracia. No pudo ser con el vino de la botella “Cardenal de Cózar” que el propio párroco guardaba en su despensa, como le había instado fervientemente el fallecido.
Jesús Bigorra leyó un poema, impresionante, donde el escritor hacía balance de su vida. La emoción embargo a todos cuando fue hablando de sus amigos, allí presentes, su mujer y su hija, desconsoladas… y su propia muerte, "...Este escrito, también provisional, / algún día completará, sin duda, / mi personal historia, / allá en diciembre, / en un balance final definitivo".
Arturo Pérez Reverte, no se quiso ir sin unas palabras de despedida, en la que relato algunas anécdotas que lo describían, su carácter y su bonhomía.
Cuando lo conocí, hace años, estuvo hablando durante un buen rato con gran desparpajo, y muy en serio de sus orígenes aristocráticos, de “mamá” y “tía no se qué”, y sus posesiones y grandes latifundios… una amiga pronto me desengañó - no te creas nada- me dijo - ni tiene fincas, ni ancestros tan ilustres ni nada de nada- él es así. Y verdaderamente se inventó una historia divertidísima y asombrosa sobre la marcha.
Me dedicó un poema jocoso, en mi despedida de la Cámara de Comercio, su mujer Natalia, se los pidió para mí. Los guardo con gran estima.
Ha sido un entierro singular, único, como él. Entre lágrimas y risas, empezando por el oficiante. Seguro que le ha gustado.
Fito que ha muerto como vivió, con las botas puestas, amando la vida y las letras, hasta el punto que lo hizo intentando salvar del fuego su querida y valiosa biblioteca.
Tus palabras impresas, y tu vida jocunda siempre estarán ahí, libres del humo y del fuego
Fito, que la tierra te sea leve. Que el Dios, del que dudabas, te haya dado la gran sorpresa de tu vida.
jueves, 11 de diciembre de 2014
Bajo el Arco
Era la tarde del día de la Inmaculada. El Centro estaba imposible. La gente había salido en masa a la calle para ver las luces de Navidad, por eso me tuve que desviar con la bicicleta. Venía de recoger a Manolito del Betis (había ganado el Mallorca, creo) él iba relatando la épica del partido, que a mí, ni me va ni me viene, aunque de vez en cuando suelto unos ah, oh, para crear ambiente...
Era ya de noche y hacía un frío que pelaba, ambos con las bufandas, él la verde del equipo, y nos topamos con un coro de campanilleros cantando bajo el Arco del Postigo a la Pura y Limpia.
Sin esperarlo, ni buscarlo (la providencia) fue un momento único. Cuánto me emocionó oír esos villancicos tradicionales, la pandereta de pellejo, las botellas de aguardiente, los cascabeles... aquel frío, aquel humo del puesto de castañas a lo lejos, las luces de colores bajo las que paseaba la gente allá en la Avenida, y aquí, bajo el arquillo único que queda de la ciudad amurallada, la Virgencita, barroca, en su retablito de encaje de oro, a las que tantas generaciones de sevillanos han venerado, y que despedía o recibía al caminante, bajo esa advocación tan nuestra, tan de Sevilla, que ensalzaron Murillo y Vazquez de Leca y Miguel del Cid, y a la que las hermandades juraron defender con su sangre...
Todo eso, que se lleva dentro, surge como un resorte, y casi se me nubló la vista.
Seguía sonando la música profunda, popular, con sabor a madrugadas de pueblo, a auroras del Aljarafe, con olor a mosto, a leña, a pan.
Venga vámonos- me tira Manolito de la mano- que estoy muerto de frío, (como el niño de la canción que viene medio en cueros… pienso yo)
Nos alejamos de allí en la bici y seguían las campanillas, las guitarras... "en el cielo se alquilan balcones para un casamiento"... se perdía cada vez más leve el soniquete antiguo, venerable, inmemorial, que hizo despertar en nosotros ecos de navidades pasadas, desconocidas, no vividas, pero que de algún modo, no sé cómo, hemos heredado y también llevamos dentro.
Era ya de noche y hacía un frío que pelaba, ambos con las bufandas, él la verde del equipo, y nos topamos con un coro de campanilleros cantando bajo el Arco del Postigo a la Pura y Limpia.
Sin esperarlo, ni buscarlo (la providencia) fue un momento único. Cuánto me emocionó oír esos villancicos tradicionales, la pandereta de pellejo, las botellas de aguardiente, los cascabeles... aquel frío, aquel humo del puesto de castañas a lo lejos, las luces de colores bajo las que paseaba la gente allá en la Avenida, y aquí, bajo el arquillo único que queda de la ciudad amurallada, la Virgencita, barroca, en su retablito de encaje de oro, a las que tantas generaciones de sevillanos han venerado, y que despedía o recibía al caminante, bajo esa advocación tan nuestra, tan de Sevilla, que ensalzaron Murillo y Vazquez de Leca y Miguel del Cid, y a la que las hermandades juraron defender con su sangre...
Todo eso, que se lleva dentro, surge como un resorte, y casi se me nubló la vista.
Seguía sonando la música profunda, popular, con sabor a madrugadas de pueblo, a auroras del Aljarafe, con olor a mosto, a leña, a pan.
Venga vámonos- me tira Manolito de la mano- que estoy muerto de frío, (como el niño de la canción que viene medio en cueros… pienso yo)
Nos alejamos de allí en la bici y seguían las campanillas, las guitarras... "en el cielo se alquilan balcones para un casamiento"... se perdía cada vez más leve el soniquete antiguo, venerable, inmemorial, que hizo despertar en nosotros ecos de navidades pasadas, desconocidas, no vividas, pero que de algún modo, no sé cómo, hemos heredado y también llevamos dentro.
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