Manolito me habla a la vez que veo el telediario y me indigno y me cabreo al escuchar que han tumbado, desde Estrasburgo, la doctrina Parot .
El pobre me insiste; algo sobre si lo voy a recoger en el conservatorio, que si no voy haga esto o lo otro... No me entero.
En un momento dado le grito:¡Calla, que estoy oyendo esto!
Mucho después, cuando ya se ha ido al cole, me pregunto ¿qué me dijo Manolo sobre el conservatorio, tenía que llevarle unos apuntes, recogerlos…? Yo que sé.
Lo que yo escuchaba antes, como si me fuera la vida en ello, lo voy a oír repetido y comentado hasta la saciedad.
Entonces me digo a mi mismo: ¡Idiota! ¿Cuáles son tus prioridades?
lunes, 21 de octubre de 2013
jueves, 17 de octubre de 2013
MAÑANA DE NIEBLA
Voy a trabajar en bicicleta a través de la niebla. No se ve el río, ni los árboles, ni la carretera más allá de unos metros.
Es aún de noche y las figuras parecen fantasmas.
Los faros de los coches intentan atravesar la espesa bruma con dificultad y sus focos iluminan en ráfagas unas nubes harapientas hechas jirones.
La humedad forma gotas en mis pestañas y moja mi camisa. Si miro al frente parece que voy a ninguna parte, sin embargo si bajo la cabeza veo la carretera, firme, con gran claridad y unos metros en derredor.
Ese espacio me sigue y un poco más allá, donde todo era gris, se abren los perfiles y se vuelven a cerrar detrás de mí cuando paso.
La vida también es así, a veces miramos el futuro y no vemos más que incertidumbre y dudas. No importa. Si bajamos la cabeza al presente, vemos con claridad el día de hoy y el de mañana y quizás hasta el domingo que viene. Bueno, con eso basta, la seguridad de esos metros nos permitirá llegar más lejos.
Es aún de noche y las figuras parecen fantasmas.
Los faros de los coches intentan atravesar la espesa bruma con dificultad y sus focos iluminan en ráfagas unas nubes harapientas hechas jirones.
La humedad forma gotas en mis pestañas y moja mi camisa. Si miro al frente parece que voy a ninguna parte, sin embargo si bajo la cabeza veo la carretera, firme, con gran claridad y unos metros en derredor.
Ese espacio me sigue y un poco más allá, donde todo era gris, se abren los perfiles y se vuelven a cerrar detrás de mí cuando paso.
La vida también es así, a veces miramos el futuro y no vemos más que incertidumbre y dudas. No importa. Si bajamos la cabeza al presente, vemos con claridad el día de hoy y el de mañana y quizás hasta el domingo que viene. Bueno, con eso basta, la seguridad de esos metros nos permitirá llegar más lejos.
domingo, 13 de octubre de 2013
NOCHE DE DOMINGO
Fin de semana apretado. Ayer una primera comunión, todo el día en el campo. Hoy hemos celebrado el santo de las Pilares, mi madre, mi hija, mi sobrina...almorzando fuera toda la familia, los veintitantos… María José, desde Irlanda, se ha incorporado, maravilla de la tecnología, a través del móvil, viéndonos todos mutuamente y gratis. Oh, las conferencias en la que las cabinas tragaban monedas sin piedad y te dejaban colgados a mitad de palabra… pii-pííí…quedan diez segundos…Adiós mamá, sí estoy … o con la novia lejana…yo también te quie…
Al llegar a casa, tarde de domingo: deberes atrasados.
Cuánto se puede aprender: los números romanos, descomponer en decenas y centenas, repasar en la cartilla la letra N, lecciones de guitarra, algo de francés y un poco de historia sagrada…
Tras los cuentos y las oraciones, mi mujer plancha (no se puede estar todo el fin de semana fuera- se queja- los macarrones los dejaré para mañana temprano-resuelve tras un titubeo).
La montaña de uniformes, polos y faldas es inconmensurable. Yo mientras leo y escribo. La veo y un algo me remuerde la conciencia, a la vez que-reconozco- mi admiración por ella crece tanto como la montaña.
Al llegar a casa, tarde de domingo: deberes atrasados.
Cuánto se puede aprender: los números romanos, descomponer en decenas y centenas, repasar en la cartilla la letra N, lecciones de guitarra, algo de francés y un poco de historia sagrada…
Tras los cuentos y las oraciones, mi mujer plancha (no se puede estar todo el fin de semana fuera- se queja- los macarrones los dejaré para mañana temprano-resuelve tras un titubeo).
La montaña de uniformes, polos y faldas es inconmensurable. Yo mientras leo y escribo. La veo y un algo me remuerde la conciencia, a la vez que-reconozco- mi admiración por ella crece tanto como la montaña.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Entre la espada y la pared
Comienzan los problemas de la preadolescencia, adolescencia y todo eso...
Mi hija Reyes (once años) el pasado viernes, nos dice a su madre y a mí, que ha quedado con sus amigas para ir al cine. ¡Planazo!: las llevamos al centro comercial y las recogemos a la salida. Solas, con sus chucherías, palomitas…
Problema: ¿Qué película?
“La gran familia española”.
Vaya, ni idea. Me meto en internet. Son las cuatro de la tarde y han quedado a las ocho. No me convence. Clasificada para mayores de doce años (ella tiene once) y española, me temo lo peor.
No sé qué hacer. Consulto con mi blog de cine de cabecera (magnífico) “la mirada de Ulises” http://www.miradadeulises.com/ con el que comparto los mismos criterios. Efectivamente la crítica de la película incide en mi intranquilidad. Apresuradamente le escribo un comentario solicitando información al respecto, y Julio Chico, al que no conozco, tiene la amabilidad de contestarme rápidamente. Como me temía estamos ante una película, que sin ser claramente de mayores, es desaconsejable, por los valores que transmite, la frivolidad, el lenguaje… nada nuevo.
La verdad no nos gusta dejar a nuestra hija sola viendo esa película. Pero por otra parte no queremos estropearle el plan. ¿Qué es mejor, que se trague la peli o que se sienta “la tonta” del grupo?
De las 10 amigas, otra madre piensa igual. Finalmente las dos pasan la tarde juntas en casa de aquella. La llevo refunfuñando. Ella ha visto, sin embargo, que nos ha costado trabajo no dejarla ir. Que me lo he currado, he consultado, incluso ha leído los correos, en definitiva que no es un capricho de su madre y mío.
Con el genio que tiene me temía lo peor. Pero el sábado por la mañana se levantó como la seda. Su madre no estaba y me ayudo como nunca. Recogió ella sola el desayuno e hizo su cuarto admirablemente.
¿Habrá sabido valorar nuestras preocupaciones y desvelos? Quizá.
Mi hija Reyes (once años) el pasado viernes, nos dice a su madre y a mí, que ha quedado con sus amigas para ir al cine. ¡Planazo!: las llevamos al centro comercial y las recogemos a la salida. Solas, con sus chucherías, palomitas…
Problema: ¿Qué película?
“La gran familia española”.
Vaya, ni idea. Me meto en internet. Son las cuatro de la tarde y han quedado a las ocho. No me convence. Clasificada para mayores de doce años (ella tiene once) y española, me temo lo peor.
No sé qué hacer. Consulto con mi blog de cine de cabecera (magnífico) “la mirada de Ulises” http://www.miradadeulises.com/ con el que comparto los mismos criterios. Efectivamente la crítica de la película incide en mi intranquilidad. Apresuradamente le escribo un comentario solicitando información al respecto, y Julio Chico, al que no conozco, tiene la amabilidad de contestarme rápidamente. Como me temía estamos ante una película, que sin ser claramente de mayores, es desaconsejable, por los valores que transmite, la frivolidad, el lenguaje… nada nuevo.
La verdad no nos gusta dejar a nuestra hija sola viendo esa película. Pero por otra parte no queremos estropearle el plan. ¿Qué es mejor, que se trague la peli o que se sienta “la tonta” del grupo?
De las 10 amigas, otra madre piensa igual. Finalmente las dos pasan la tarde juntas en casa de aquella. La llevo refunfuñando. Ella ha visto, sin embargo, que nos ha costado trabajo no dejarla ir. Que me lo he currado, he consultado, incluso ha leído los correos, en definitiva que no es un capricho de su madre y mío.
Con el genio que tiene me temía lo peor. Pero el sábado por la mañana se levantó como la seda. Su madre no estaba y me ayudo como nunca. Recogió ella sola el desayuno e hizo su cuarto admirablemente.
¿Habrá sabido valorar nuestras preocupaciones y desvelos? Quizá.
jueves, 3 de octubre de 2013
Salvemos el Salvador
http://www.antonioburgos.com/abc/2013/10/re100313.html Hoy el maestro Burgos se hace eco de mis palabras y mi cabreo en su artículo.
miércoles, 2 de octubre de 2013
BEAU GESTE
"Mi reino no es de este mundo…" y concluye, reitera… "pero mi reino no es de este mundo".
Y debo aplicarme el cuento. Pero no. No acabo de creérmelo.
Que son otros los valores. Que no es esto, no es esto…
Que nuestras referencias deben ser otras.
La verdad… ¿Qué que es la verdad, imbécil? Si la tienes/tenemos delante…
Pero en fin, todo esto porque he leído hoy ese pasaje, impresionante, y me interpela.
Y pienso, sí, lo del Cuatro Latas blanco, en definitiva, es un gesto, pero refleja ese cambio de valores que no se rige por las apariencias. Porque si su reino fuera de este mundo, claro, ¡cochazo! Pero no.
Me encantaban los zapatos rojos de mi amado y humilde Benedicto XVI, que no eran más que un gesto, un bello gesto, símbolo de la sangre derramada por los mártires y la tradición bizantina y todo eso, y amo también los signos, los gestos del humilde Francisco.
Y debo aplicarme el cuento. Pero no. No acabo de creérmelo.
Que son otros los valores. Que no es esto, no es esto…
Que nuestras referencias deben ser otras.
La verdad… ¿Qué que es la verdad, imbécil? Si la tienes/tenemos delante…
Pero en fin, todo esto porque he leído hoy ese pasaje, impresionante, y me interpela.
Y pienso, sí, lo del Cuatro Latas blanco, en definitiva, es un gesto, pero refleja ese cambio de valores que no se rige por las apariencias. Porque si su reino fuera de este mundo, claro, ¡cochazo! Pero no.
Me encantaban los zapatos rojos de mi amado y humilde Benedicto XVI, que no eran más que un gesto, un bello gesto, símbolo de la sangre derramada por los mártires y la tradición bizantina y todo eso, y amo también los signos, los gestos del humilde Francisco.
viernes, 27 de septiembre de 2013
Siempre a sus pies
No hay cosa más conmovedora que ver los zapatitos de un niño. Cuando están bien colocados a los pies de su cama, preparados para el día siguiente, o las pequeñas zapatillas de fieltro, tan minúsculas. Además cuando se ven esos zapatos gastados, ves la cara de su dueño. La forma de sus pies está marcada. Cuando no están en casa, su calzado en miniatura nos lo hacen presente de una manera muy intensa. Dan ganas de besarlos.
Pero lo que nunca deja de llenarme de ternura es ver a los pequeños con los zapatos puestos al revés.
Aparecen tan ufanos, orgullosos de haberse vestido "solos", con gran diligencia, ilusionados,sin la menor conciencia de su error.
Entonces nos damos cuenta de la ingenuidad, la inocencia, la indigencia absoluta del niño; de la responsabilidad de un padre. Están en nuestras manos. Nosotros a sus pies.
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