Acabo de comenzar mi semana de “vacaciones” que bien podríamos llamar “SOLO ANTE EL PELIGRO”.
La chica de servicio se ha ido un mes a Bolivia. Sin ayuda en casa, Reyes ya ha empezado a trabajar, y yo he de lidiar con los cinco todas las mañanas hasta que empiece el cole el próximo lunes.
Me gustaría estar en Paris, con ellos, paseando por la ciudad y viendo museos, (en Disney no, me aterra) o en los Pirineos haciendo excursiones por la montaña, o en el camino de Santiago, entre iglesias románicas, arboles y fronda…pero no, me he de conformar con la Híspalis de siempre.
La verdad que me he de consolar con la belleza de las pequeñas cosas, ya que las grandes han de esperar.
El desayuno en la azotea ha sido magnífico. Fresquito, la Giralda recién dibujada, los jazmines mañaneros repletos de flores. Al principio he tomado el café yo sólo y poco a poco han ido apareciendo caras dormidas y despeinadas, en pijamas.
Hemos tomado tostadas de un pan recién hecho que Reyes dejó en la portería antes de irse a la farmacia, y Cola-Cao y jamón con aceite. Hemos disfrutado todos. Yo leía mientras tanto. Después he barrido las hojas de la noche, restos de la buganvilla y los jazmines. En el recogedor la escoba ha amontonado una verdadera “naturaleza muerta”.
Ese ha sido todo mi relax. Ya ha empezado lo bueno. Recoger el desayuno, hacer camas ¡Seis!, gritar ¡quien no ha tirado de la cisterna…! En fin, lo propio para meter en vereda a cinco salvajes…
Han comenzado las peleas… Ignacio quiere bajar a ver a su amiga del segundo piso que acaba de llegar del veraneo, los chicos lloran porque también. Finalmente logra escaparse ¡uno menos!. Mientras juegan con la Wii, aprovecho para limpiar los retretes con las escobillas y amoniaco y oigo llantos y gritos en la salita de arriba…De pronto entre gritos escucho a mi hijo Manolito, que es un rubio pecoso, con una cara de lo más gracioso, y que parece un muñequito un “me cago en tu ….. madre”. Me quedo tan espantado que no puedo ni reaccionar, con la escobilla todavía en la mano, como una estatua. Inmediatamente subo las escaleras como un ogro. Se hace el silencio. Aunque se opone tenazmente, logro propinar al rubio pecoso un bofetón en la boca, menor de lo que yo quisiera, ya que encoge la cabeza, pero en fin…al menos ha quedado aterrado de la magnitud de su falta. Bramo, diciendo que jamás vuelva a oír cosa semejante en esta casa,- si tu hermano te pega con un palo- grito, como parece que hizo Santi,- todo lo más que se puede decir es ¡caramba!
Llora, lo mando a su habitación, la culpa es de Santi- sigue diciendo.
Ahora voy haciendo camas. Al poco Manolito, llega lloroso, muy arrepentido, me pide perdón entre hipidos…¡es que tú no sabes lo que me ha hecho Santi! -Bueno, bueno,- le calmo. Me da un abrazo y yo me lo como a besos, claro, aunque le hago prometer que jamás dirá imprecaciones horribles de ese tenor hasta que no cumpla por lo menos cincuenta años…
Me pongo a continuar con las camas, menos mal que ahora en verano no hay mantas…
Escribo esto en cinco minutos de paz y sigo…
Ya iré contando (si sobrevivo).
lunes, 2 de septiembre de 2013
jueves, 29 de agosto de 2013
Agosto deportivo II
Antes de proceder a realizar un ligero trotecillo, mis gemelos (los músculos) necesitan ser calentados.
Siempre me parecían ridículos e incluso pretenciosos esos ejercicios de precalentamiento que veía hacer a la gente. Pensaba que era una estupidez innecesaria y ganas de hacerse el interesante. ¡Oh, nunca digas de este agua no he de beber!. Hace algunos años retomé lo del footing y cuando llevaba 200 metros de trayecto, indefectiblemente un dolor intenso en las pantorrillas me impedían seguir. Me dijeron entonces que había que calentar previamente. Escéptico total, comencé no obstante a realizar unos ejercicios antes de la carrera y efectivamente, ya no quedaba cojo a los cinco minutos. Pero, madre mía, antes de cada carrerita, que no suele durar más de twenty minutes, debo estar fifteen haciendo flexiones diversas y variopintas. Cuando salgo en Sevilla los hago en el vestíbulo de casa, ante el pasmo, risas e imitaciones de mis hijos. Estos días en Sanlúcar los realizaba en la playa, ante el público presente: hermanos, amigos, conocidos...
Torsiones: una pierna para allá, otra para acá, tocar la punta de los pies sin doblar la rodilla, tumbarse y poner los pies por encima de la cabeza con las piernas rectas en una figura inconcebible... Ante la falta de un terapeuta a mano, los ejercicios me los he inventado yo, y me funcionan. Todos se parten de la risa al verme. Pero ninguno de los presentes ha logrado adoptar mis posturas imposibles, ni siquiera llegar a tocarse las puntas de los pies. Yo -me envanezco de ello- he conseguido poner la palma entera de las manos en el suelo, con mis hercúleas piernas totalmente rectas. Después correr, lo que se dice correr, lo hago más bien poco, pero en un momento de apuro me puedo colocar en un circo como hombre de goma.
Mis hijos (de 5 a 12 años...) me siguen por la playa, alrededor mía. Van para adelante, para atrás, mientras yo sigo a mi ritmo. Parecen los perrillos que siguen al que cabalga por la campiña entre lomas y cerros. (Cosa que yo no he hecho nunca). Y cuando llego derrotado, ellos siguen alborozados, entre saltos, brincos y sin una gota de sudor. Ces´t la vie.
Lo de nadar me va mejor. Cuando llega el verano me pongo en la piscina a hacer largos con mi elegante y distinguido estilo crawl y ahora lo hago en el mar, que me gusta mucho más, pues no hay que dar mil vueltas cada 25 m.
Este año no he podido participar en la travesía que va desde Bajo Guía a las Piletas. No me enteré a tiempo. Pero lo he realizado en otras ocasiones a instancias de mi hermano mayor, el atleta de la familia, que se apuntó y tiró de mí.
Recuerdo que la primera vez vino David Meca como reclamo a las Playas Sanluqueñas. A mi me cogió de repente y me acababa de tomar tres donuts artesanos del famoso Pam-Pim del mercado local. Y allá que fui yo, junto a mi hermano y el famoso nadador olímpico a recorrer 3000 metros de un lado a otro de la playa. Aun a mi pesar, Meca llegó mucho antes que yo. Mi hermano también. Pero que conste que llegué, y, esto se hizo famoso entre mis conocidos y amistades, cuando todos iban alcanzando la meta con sus cuerpos atléticos (ellos y ellas) y sus bañadores turbo de dimensiones ínfimas, aparecí yo entre las olas con mis bermudas de florecitas que me llegaban hasta las rodillas. ¡Buena prueba de que el deporte no está reñido con el pudor y la decencia!
No canso más al lector con la paliza que le hemos pegado mi hermano Loren y yo, que frisamos los cuarenta (por encima) a unos veinteañeros jugando al baloncesto en un dos a dos... (Loren por tocar el aro de un salto, salió lesionado, eso sí).
En fin, este ha sido mi agosto deportivo. Mesn sana in corpore sano.
El ejercicio de la mens lo relataré otro día si se tercia, en " Mis lecturas de agosto"
Siempre me parecían ridículos e incluso pretenciosos esos ejercicios de precalentamiento que veía hacer a la gente. Pensaba que era una estupidez innecesaria y ganas de hacerse el interesante. ¡Oh, nunca digas de este agua no he de beber!. Hace algunos años retomé lo del footing y cuando llevaba 200 metros de trayecto, indefectiblemente un dolor intenso en las pantorrillas me impedían seguir. Me dijeron entonces que había que calentar previamente. Escéptico total, comencé no obstante a realizar unos ejercicios antes de la carrera y efectivamente, ya no quedaba cojo a los cinco minutos. Pero, madre mía, antes de cada carrerita, que no suele durar más de twenty minutes, debo estar fifteen haciendo flexiones diversas y variopintas. Cuando salgo en Sevilla los hago en el vestíbulo de casa, ante el pasmo, risas e imitaciones de mis hijos. Estos días en Sanlúcar los realizaba en la playa, ante el público presente: hermanos, amigos, conocidos...
Torsiones: una pierna para allá, otra para acá, tocar la punta de los pies sin doblar la rodilla, tumbarse y poner los pies por encima de la cabeza con las piernas rectas en una figura inconcebible... Ante la falta de un terapeuta a mano, los ejercicios me los he inventado yo, y me funcionan. Todos se parten de la risa al verme. Pero ninguno de los presentes ha logrado adoptar mis posturas imposibles, ni siquiera llegar a tocarse las puntas de los pies. Yo -me envanezco de ello- he conseguido poner la palma entera de las manos en el suelo, con mis hercúleas piernas totalmente rectas. Después correr, lo que se dice correr, lo hago más bien poco, pero en un momento de apuro me puedo colocar en un circo como hombre de goma.
Mis hijos (de 5 a 12 años...) me siguen por la playa, alrededor mía. Van para adelante, para atrás, mientras yo sigo a mi ritmo. Parecen los perrillos que siguen al que cabalga por la campiña entre lomas y cerros. (Cosa que yo no he hecho nunca). Y cuando llego derrotado, ellos siguen alborozados, entre saltos, brincos y sin una gota de sudor. Ces´t la vie.
Lo de nadar me va mejor. Cuando llega el verano me pongo en la piscina a hacer largos con mi elegante y distinguido estilo crawl y ahora lo hago en el mar, que me gusta mucho más, pues no hay que dar mil vueltas cada 25 m.
Este año no he podido participar en la travesía que va desde Bajo Guía a las Piletas. No me enteré a tiempo. Pero lo he realizado en otras ocasiones a instancias de mi hermano mayor, el atleta de la familia, que se apuntó y tiró de mí.
Recuerdo que la primera vez vino David Meca como reclamo a las Playas Sanluqueñas. A mi me cogió de repente y me acababa de tomar tres donuts artesanos del famoso Pam-Pim del mercado local. Y allá que fui yo, junto a mi hermano y el famoso nadador olímpico a recorrer 3000 metros de un lado a otro de la playa. Aun a mi pesar, Meca llegó mucho antes que yo. Mi hermano también. Pero que conste que llegué, y, esto se hizo famoso entre mis conocidos y amistades, cuando todos iban alcanzando la meta con sus cuerpos atléticos (ellos y ellas) y sus bañadores turbo de dimensiones ínfimas, aparecí yo entre las olas con mis bermudas de florecitas que me llegaban hasta las rodillas. ¡Buena prueba de que el deporte no está reñido con el pudor y la decencia!
No canso más al lector con la paliza que le hemos pegado mi hermano Loren y yo, que frisamos los cuarenta (por encima) a unos veinteañeros jugando al baloncesto en un dos a dos... (Loren por tocar el aro de un salto, salió lesionado, eso sí).
En fin, este ha sido mi agosto deportivo. Mesn sana in corpore sano.
El ejercicio de la mens lo relataré otro día si se tercia, en " Mis lecturas de agosto"
miércoles, 28 de agosto de 2013
Agosto deportivo.
La edad no perdona. Este mes de agosto he procurado eliminar toxinas y recuperar algo la esbeltez pérdida de la dorada juventud, aunque sin llegar ¡eso no! a las tabletas aznaríes, que tampoco se trata de epatar a nadie. No pretendo ser mirado y admirado por las chicas por mi torso marmóreo y pasear a pecho descubierto por la playa, ni enfundarme en camisetas de cinco tallas menos para que se marquen mis trabajadas líneas musculares a punto de estallar. No, no se trata de eso. Simplemente que las cervezas que ingiero antes de cada comida, como otros se toman los medicamentos prescritos, tres veces al día, no hagan estallar de alegría la curva de la felicidad, y pueda seguir remetiendo los chemislacoses o los fredperris por dentro del pantalón sin estirarlo como un chicle. Con eso me conformo. Pero. ¡ay! para eso hay que pagar un peaje, y cuan caro sale.
Mi admirado EGM me lo ha recordado hoy en su blog: http://egmaiquez.blogspot.com.es/2013/08/jogging.html
Los que no estamos demasiado metidos en el mundo del deporte nos las vemos y las deseamos. Por lo pronto para conseguir el uniforme adecuado que no es cualquier cosa. Carecemos de un fondo de armario al uso. Los zapatos están viejos, o se han oxidado, no tenemos calzonas, ni camisetas lúdico-deportivas al efecto, y nos apañamos con lo que tenemos a mano, con lo cual el modelo final no combina adecuadamente y la facha puede ser atroz.
En mi caso, este año olvidé los botines en Sevilla. Algunos días he ido al polideportivo a encestar algunas canastas con mis hermanos en alpargatas de esparto.
De mis cuitas sobre el calentamiento previo al footing o de mi travesía natatoria en la mar de Sanlucar hablaré mañana .
Mi admirado EGM me lo ha recordado hoy en su blog: http://egmaiquez.blogspot.com.es/2013/08/jogging.html
Los que no estamos demasiado metidos en el mundo del deporte nos las vemos y las deseamos. Por lo pronto para conseguir el uniforme adecuado que no es cualquier cosa. Carecemos de un fondo de armario al uso. Los zapatos están viejos, o se han oxidado, no tenemos calzonas, ni camisetas lúdico-deportivas al efecto, y nos apañamos con lo que tenemos a mano, con lo cual el modelo final no combina adecuadamente y la facha puede ser atroz.
En mi caso, este año olvidé los botines en Sevilla. Algunos días he ido al polideportivo a encestar algunas canastas con mis hermanos en alpargatas de esparto.
De mis cuitas sobre el calentamiento previo al footing o de mi travesía natatoria en la mar de Sanlucar hablaré mañana .
martes, 27 de agosto de 2013
¿Se puede ser más chabacano?
Ayer mientras se escuchaba de fondo en el chiringuito me di cuenta de nuestra degeneración.
El carpe diem horaciano ha dado mucho juego a lo largo de la historia de la literatura.
¡Oh Garcilaso!:
En tanto que de rosa y de azucena se muestra la color en vuestro gesto...
¡Oh Góngora!:
Mientras por competir con tu cabello, oro bruñido al sol relumbra en vano;...
Pero hoy, del "collige, virgo, rosas" hemos pasado al:
¡Dale a tu cuerpo alegría, Macarena, que tu cuerpo es pa darle alegría y cosa buena!
¡Toma ya!
El carpe diem horaciano ha dado mucho juego a lo largo de la historia de la literatura.
¡Oh Garcilaso!:
En tanto que de rosa y de azucena se muestra la color en vuestro gesto...
¡Oh Góngora!:
Mientras por competir con tu cabello, oro bruñido al sol relumbra en vano;...
Pero hoy, del "collige, virgo, rosas" hemos pasado al:
¡Dale a tu cuerpo alegría, Macarena, que tu cuerpo es pa darle alegría y cosa buena!
¡Toma ya!
lunes, 29 de julio de 2013
Ciencias Naturales
Santiago que es muy curioso y sistemático, antes de atacar el plato pregunta muy cauto:
¿Pero papá, las croquetas de donde salen de los árboles o de los animales?
¿Pero papá, las croquetas de donde salen de los árboles o de los animales?
viernes, 26 de julio de 2013
CINE DE VERANO
Junto a un olor olvidado, no hay nada que tenga un poder tan fuertemente evocador como la música. Una canción, incluso una mala canción, te puede transportar, sin pedir permiso, a otro tiempo, a otro lugar, a otras personas…
Estoy escuchando, por casualidad una canción de Julio Iglesias, "Sentimental". Y me viene de golpe con toda la fuerza irreprimible de la nostalgia de la infancia, el cine de verano de Sanlúcar.
Esta canción la ponían sistemáticamente al terminar la sesión, todos los días, mientras íbamos saliendo, todavía con las imágenes de la película en la retina y medio obnubilados con la magia del cine, con el sonido de fondo de las sillas plegables entrechocando y los comentarios de las gentes.
¡El fantástico cine de verano de Sanlúcar! El denominado "Gran Cinema", donde hoy se alzan unas viviendas feas y anodinas.
Sólo ponían películas de niños, una diferente cada día del verano. Allí vimos mis hermanos y yo todas las famosas del Oeste, que reponían, las de Luis de Funes, las de Terenci Hill, la Guerra de las Galaxias, algunas de Tarzán, de aventuras, de piratas, de guerra…
Haciendo honor a su nombre era un cine enorme, con una pantalla gigantesca pintada en la pared y que cada verano aparecía flamante, recién blanqueada. Con tres "categorías": unos bancos de piedra sin respaldo, la más barata, un duro. Claramente desaconsejable, donde no nos dejaban ir por el "pelaje" del respetable.
Separados por unas vallas, las sillas ya eran de tijeras, de madera y por último, la zona de "preferente" con sillas pintadas de azul y rojo, con respaldo y brazos, todo un lujo. Allí íbamos los veraneantes y la gente bien de Sanlúcar. La jerarquía estaba claramente establecida: 10 pesetas.
Fuera se acumulaban todos los puestos de chucherías del pueblo, que iban llegando a la caída de la tarde, donde nosotros los niños nos veíamos desbordados, sin saber que elegir ante esos carritos repletos de maravillas y delicias, pipas, chicles bazooka, regaliz rojos, caramelos. El de la vieja desconfiada vestida de negro, que refunfuñaba sin parar y que nunca envejeció durante todos los años que rondó por allí, porque ya era vieja de siempre, y que te abría la mano, la pequeña mano, donde tenía uno apretada los fresones o las gominolas, -A ver, a ver- decía de malos modos. Y tocándolas con sus dedos, no muy aseados, iba recontando,- unos, dos,tres...¡cinco pesetas!- concluía. y sacábamos nuestra moneda del bolsillo, en el truque maravilloso entre la vieja y el niño, el dulce tesoro, impagable, de los cartuchos de golosinas a cambio de unas monedas gastadas.
Y entrábamos en el cine ilusionados. Con fruición ya habíamos visto los cartelones con fotos que ponían en la fachada, con los momentos más significativos, que al salir, una vez ya vista, nos deleitábamos en remirar comentando las hazañas de los héroes, las peleas y puñetazos, que allí estaban reflejados. ¿Te acuerdas cuando...?- decíamos y relatábamos lo que más nos había impresionado...
Los últimos días de agosto ya refrescaba e íbamos bien pertrechados con botellas de agua e incluso algunas mantas. La tata, nos iba cubriendo con ellas las rodillas desolladas de pantalones cortos, cuando nos íbamos quedando, tantas veces dormidos, con la cabeza en posturas impensables o apoyados en su regazo, cálido, mullido y materno. Las grandes damas de noche cubrían los largos muros y, abiertas, esplendidas, a la oscuridad estrellada de aquellos veranos, invadían con su efluvio el gran recinto. La penumbra, la película mágica, el olor profundo, las pipas, las vacaciones larguísimas...¡Qué colmo de dicha y plenitud a los siete u ocho años!...
A veces se acababa la botella casera fresquita. Eran demasiadas pipas saladas y demasiadas bocas resecas para tanto niño y teníamos que levantarnos, como si estuviéramos en un desierto, y acudir al bar, corriendo para no perdernos nada, andando para atrás en la oscuridad y mirando la pantalla. Los vasitos de duralex estaban preparados en la barra, ¡a una peseta cada uno!, nos lo echábamos al coleto de un trago y volvíamos presurosos -¿Qué ha pasado? ¿Qué ha pasado?- urgíamos a nuestro vecino de silla, que nos contestaba molesto: ¡No haberte ido!
Hoy todavía, cuando la dama de noche, me invade con su espiral fragante, vuelvo a mi infancia, a Sanlúcar. Regreso al Gran Cinema de la Calzada, vuelvo a mis noches de veranos ingenuos. Como hoy, la canción dulzona de Julio Iglesias, que hace tantos años que no escuchaba, me ha traído de nuevo al corazón, me ha re cordado virulentamente, mi infancia, ya lejana. Esas salidas del cine verano, de madrugada, adormilados, cuando, al llegar a casa, siempre estaban papá y mamá, morenos, jóvenes, esperando...
(Evidentemente, con la edad, me estoy volviendo un verdadero y lamentable “sentimental”)
miércoles, 24 de julio de 2013
Uff
Como Santiaguito ya a aprendido a montar en bicicleta estaba desmontando los ruedines de la suya. Bueno, ya no sirven para nada, pensaba aliviado ¿o tal vez...?
Como el armazón del carrito estorbaba el paso hacia el trastero, lo empujé con fuerza. Total si es un trasto inútil, e inmediatamente me asaltaba de nuevo la duda.
Por la calle vi a un padre bisoño con un niño minúsculo en brazos, y yo sonreía para mis adentros con aire veterano. Ya terminó la hora de los flatitos, el cólico del lactante…¿?
Con la luna, tan llena ayer, la naturaleza siguió su ciclo.
¿Uff?
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